En esta catequesis, el Santo Padre reflexionó sobre el relato del paralítico junto a la piscina de Betzatá, en Jerusalén. Aquel hombre llevaba 38 años paralizado, y su historia representa a muchos que hoy viven resignados, sin esperanza, bloqueados por el pasado.
“¿Quieres curarte?” —pregunta Jesús— no como simple curiosidad, sino como una invitación a despertar el deseo de vivir y salir de la parálisis espiritual.
El Papa explicó que el verdadero obstáculo no es solo físico, sino interior, causado por la desesperanza, la pasividad y la costumbre de culpar a otros.
📍 Plaza de San Pedro | Miércoles, 18 de junio de 2025
🎯 Ciclo de catequesis – Jubileo 2025
Tema: Jesucristo, nuestra esperanza.
Subtema: La vida de Jesús. Las curaciones.
Catequesis 10: «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6)
✨ Introducción
Queridos hermanos y hermanas,
seguimos contemplando a Jesús que sana. Hoy quisiera invitarlos de manera particular a pensar en las situaciones en las que nos sentimos “bloqueados” y encerrados en un camino sin salida. A veces, de hecho, nos parece que sea inútil continuar a esperar; nos resignamos y no tenemos más ganas de luchar. Esta situación es descrita en los Evangelios con la imagen de la parálisis. Por esta razón, desearía detenerme hoy sobre la sanación de un paralítico, narrada en el quinto capítulo del Evangelio de san Juan (Jn 5,1-9).
🐑 Jesús se acerca a los excluidos
Jesús va a Jerusalén para una fiesta de los judíos. No va directamente al Templo; se detiene ante una puerta, donde seguramente se lavaban a las ovejas que luego eran ofrecidas en sacrificio. Cerca de esta puerta, se ubicaban también muchos enfermos, que, a diferencia de las ovejas, ¡eran excluidos del Templo porque eran considerados impuros! Es entonces Jesús mismo quien los alcanza en su dolor.
Estas personas esperaban un prodigio que pudiese cambiar su destino; de hecho, junto a la puerta se encontraba una piscina, cuyas aguas eran consideradas taumatúrgicas, o sea, capaces de sanar: en algún momento, cuando el agua se agitaba —según la creencia del tiempo— quien primero se zambullía se curaba.
⚔️ La “guerra de los pobres”
De esta forma se creaba una especie de “guerra de los pobres”: podemos imaginar la triste escena de estos enfermos que se arrastraban con fatiga para tratar de entrar en la piscina. Aquella piscina se llamaba Betzatá, que significa “casa de la misericordia”: podría ser una imagen de la Iglesia, en donde los enfermos y los pobres se juntan y hasta donde el Señor llega para sanar y donar esperanza.
🙇 El encuentro con el paralítico
Jesús se dirige específicamente a un hombre que está paralizado desde hace treinta y ocho años. Ya está resignado, porque no logra sumergirse en la piscina cuando el agua se agita (cf. v. 7). En efecto, aquello que muchas veces nos paraliza es precisamente la desilusión. Nos sentimos desanimados y corremos el riesgo de caer en la dejadez.
❓Una pregunta decisiva: “¿Quieres curarte?”
Jesús dirige a este paralítico una pregunta que puede parecer superficial:
«¿Quieres curarte?» (v. 6).
En cambio, es una pregunta necesaria, porque, cuando uno se encuentra bloqueado desde hace tantos años, puede también faltarle la voluntad de sanarse. A veces preferimos permanecer en condición de enfermos, obligando a los otros a ocuparse de nosotros. Es también un pretexto para no decidir qué hacer con nuestra vida. Jesús, en cambio, reconduce a este hombre a su deseo veraz y profundo.
💭 Una visión de la vida bloqueada
Este hombre, de hecho, responde de manera más articulada a la pregunta de Jesús, revelando su visión de la vida. Ante todo, dice que no ha tenido nadie que lo sumerja en la piscina: entonces no es suya la culpa, sino de los otros que no se preocupan por él. Esta actitud se convierte en el pretexto para evitar asumirse las propias responsabilidades. ¿Pero es verdad que no había nadie que lo ayudase?
He aquí la respuesta iluminadora de san Agustín:
«Sí, para ser sanado tenía absolutamente necesidad de un hombre, pero de un hombre que fuese también Dios. […] Ha venido, por lo tanto, el hombre que era necesario; ¿por qué postergar de nuevo la sanación?» (Omelía 17, 7).
El paralítico agrega que cuando trata de sumergirse en la piscina, hay siempre alguien que llega antes que él. Este hombre está expresando una visión fatalista de la vida. Pensamos que las cosas nos pasan porque no somos afortunados, porque el destino nos es adverso. Este hombre está desanimado. Se siente derrotado en la lucha de la vida.
🧎♂️ La invitación de Jesús: levantarse y cargar la historia
Jesús, en cambio, lo ayuda a descubrir que su vida también está en sus manos. Le invita a levantarse, a alzarse de su situación crónica, y a recoger su camilla (cf. v. 8). Ese camastro no se deja o se echa: representa su pasado de enfermedad, es su historia. Hasta aquel momento el pasado lo ha bloqueado; lo ha obligado a yacer como un muerto.
Ahora es él quien puede cargar aquella camilla y llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué hacer con su historia! Se trata de caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cuál camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!
🙏 Oración final del Papa
Queridos hermanos y hermanas,
pidamos al Señor el don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida. Intentemos dar voz a nuestro deseo de sanar. Y recemos por todos aquellos que se sienten paralizados, que no ven una salida. ¡Pidamos regresar a vivir en el Corazón de Cristo, que es la verdadera casa de la misericordia!
👋 Saludo a los peregrinos de lengua española
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España, México, Honduras, Chile y Argentina.
Jesús nos pregunta también a nosotros:
«¿Quieres curarte?»
No tengamos miedo de reconocer nuestras parálisis interiores, ni de presentar al Señor nuestros desánimos. Pidamos a María Santísima que nos ayude a responder con fe al llamado de Jesús, que nos invita a levantarnos y caminar con esperanza hacia la vida nueva que Él nos ofrece.
Muchas gracias.
🕊️ Llamamiento por la paz
Queridos hermanos y hermanas:
El corazón de la Iglesia está desgarrado por los gritos que se elevan desde los lugares en guerra, en particular desde Ucrania, Irán, Israel y Gaza.
¡No debemos acostumbrarnos a la guerra!
Al contrario, hay que rechazar como una tentación el encanto de las armas poderosas y sofisticadas. En realidad, ya que en la guerra actual:
«al emplear en la guerra armas científicas de todo género, su crueldad intrínseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere enormemente la de los tiempos pasados»
(Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 79)
Por tanto, en nombre de la dignidad humana y del derecho internacional, repito a los responsables lo que solía decir el papa Francisco:
“¡La guerra es siempre una derrota!”
Y con Pío XII:
“Nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra.”

