Triduo 195º Aniversario de la Aparición de la Virgen de la Medalla Milagrosa (Jubileo de la Esperanza 2025)

Triduo 195º Aniversario de la Aparición de la Virgen de la Medalla Milagrosa (Jubileo de la Esperanza 2025)

Presentación

El 18 de julio de 1830, la Santísima Virgen María se apareció a santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad, entregándole el mensaje y la devoción de la Medalla Milagrosa. Han transcurrido 195 años desde aquella gracia, tiempo en el que innumerables fieles han recibido consuelo, conversiones y milagros a través de esta humilde medalla, signo del amor maternal de María. En este año jubilar 2025, convocado por el Papa Francisco como “Jubileo de la Esperanza”, queremos celebrar este triduo integrando el mensaje de la Virgen Milagrosa con la llamada a renovar nuestra esperanza cristiana.

“Debemos mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada”, nos recordaba el Papa Francisco. A la luz de esta invitación jubilar, meditaremos durante tres días en torno a María, Madre de la Esperanza, que nos acompaña en el camino de la fe. Cada día seguiremos una estructura pastoral similar –signo, frase guía, canto, iluminación bíblica, lectura del relato de la aparición, reflexión comunitaria, compromiso, oración y preces– actualizando las reflexiones y el lenguaje a nuestra realidad presente.

A lo largo del triduo incorporaremos aspectos del Jubileo, la virtud de la esperanza cristiana, la misión vicentina al servicio de los pobres y los frutos espirituales que esta devoción mariana ha dado en 195 años. Culminaremos con un Lucernario Jubilar –una vigilia de luz– resaltando a María como Madre de la Esperanza y guía en el camino eclesial de conversión y consuelo. El lenguaje será sencillo y pastoral, teológicamente sólido, de modo que este material pueda usarse en parroquias, comunidades vicentinas, grupos de oración y diversos contextos pastorales, para mayor gloria de Dios y bien de las almas.

¡Que este triduo nos prepare para el bicentenario de las apariciones, reavivando en nosotros la fe, la esperanza y la caridad al amparo de María Inmaculada de la Medalla Milagrosa!

P. Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM

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Día 1: María, Madre de la Esperanza

  • Signo: En el centro del lugar de oración, colocar una imagen de la Virgen María (advocación de la Medalla Milagrosa) con un santo rosario entre sus manos y la Biblia abierta junto a ella. Puede ponerse también una silla vacía delante de la imagen, simbolizando la espera vigilante (como la de santa Catalina aguardando la visita de la Virgen). Alrededor, encender una vela grande que represente la luz de la esperanza que permanece encendida.
  • Frase guía: “Enséñanos, Madre, a mantener encendida la llama de la esperanza.”
  • Canto de entrada: Míranos, ¡oh Milagrosa! (Himno tradicional a la Virgen de la Medalla Milagrosa).

Comentario inicial: En este primer día, contemplamos a María como Madre de la Esperanza. Ella supo esperar en Dios con fe inquebrantable, incluso en la oscuridad. María nos enseña a confiar pacientemente en los designios divinos y a no perder la calma ante las incertidumbres. Hoy encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran al futuro con pesimismo, como señala el Papa Francisco. Ante esa realidad, la Virgen nos invita a la confianza: así como ella esperó el momento de Dios, nosotros también podemos abandonarnos en las manos providentes del Padre, que cuida de nosotros cada día (cf. Mt 6,25-34).

Santa Catalina Labouré nos da ejemplo de esa espera esperanzada. En la víspera de la fiesta de San Vicente de Paúl de 1830, Catalina anhelaba ver a la Virgen. Se acostó creyendo firmemente que su deseo sería concedido. En plena noche, escuchó una voz y fue despertada por un misterioso niño que la llamaba. A pesar del temor inicial a ser descubierta, Catalina venció sus miedos y acudió a la capilla obedeciendo la invitación celestial. Su fe y su audacia fueron premiadas: aquella noche cambiaría su vida para siempre, pues tuvo la dicha de conversar largamente con la Madre de Dios. También nosotros, como Catalina, estamos llamados a dejarnos guiar por la voz de Dios en medio de la noche y a perseverar con esperanza, seguros de que quien confía en el Señor no queda defraudado (cf. Rom 5,5).

Iluminación bíblica: Mateo 6, 25-34. (Jesús nos invita a confiar en la Providencia: «No andéis preocupados por vuestra vida (…) Mirad las aves del cielo: vuestro Padre celestial las alimenta (…) Buscad primero el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura. No os preocupéis del mañana…»). Esta Palabra nos exhorta a vivir el presente con abandono confiado, sabiendo que Dios cuida de nosotros cada día.

Lectura del relato de la aparición (primera parte): (Relato de santa Catalina Labouré, noche del 18 de julio de 1830)

“…Me acosté con el pensamiento de que esa misma noche vería a mi buena Madre –¡hacía tanto tiempo que lo deseaba!–. Al cabo me dormí. Por fin, a las once y media de la noche, oí que me llamaban por mi nombre: «¡Hermana! ¡Hermana! ¡Hermana!». Me desperté y vi a un niño, vestido de blanco, de unos cuatro o cinco años, que me decía: «Venga a la capilla; la Santísima Virgen la está esperando». Enseguida pensé: «Pero me van a oír…». El niño respondió: «Esté tranquila, es media noche; todos duermen. Venga, la aguardo». Me apresuré a vestirme y lo seguí –él iba a mi izquierda, irradiando claridad por donde pasaba–. Todo el recorrido estaba iluminado, lo cual me extrañó. Al entrar en la capilla, al tocar el niño con la punta del dedo la puerta, ésta se abrió… y todas las velas estaban encendidas, como en la Misa de Medianoche. Me arrodillé junto al sillón del padre director. La espera se me hacía larga; de pronto, el niño exclamó: «¡Ahí viene la Virgen, aquí está!». Escuché un suave roce, como de un vestido de seda… Vi a una Señora que venía desde el lado del cuadro de San José y se sentó en el sillón. Era la Santísima Virgen –no podía dudarlo–”.

(Pausa breve en silencio)

Socialización – diálogo: A partir de la Palabra de Dios y del testimonio de santa Catalina, podemos compartir en comunidad nuestras resonancias. Preguntas para dialogar:

  • ¿Qué ejemplo nos dan María y santa Catalina para esperar con fe y paciencia los tiempos de Dios? ¿Cómo cultivo yo la confianza en Dios cuando algo se retrasa o no llega a mi vida?
  • En mi vida cotidiana, ¿cómo puedo ser portador de esperanza a otros? ¿Estoy atento a acompañar y solidarizarme con quienes sufren o se sienten desanimados, brindándoles consuelo y confianza en Dios?

Compromiso: Esta semana procuraré sembrar esperanza a mi alrededor. Concretamente, tendré conversaciones llenas de confianza y optimismo, evitando la queja o el pesimismo, e invitaré a otros a responder generosamente al llamado del Señor a través de obras buenas y servicio al prójimo. Cuando sienta incertidumbre, repetiré con fe: “Jesús, en Ti confío”, sabiendo que Dios cuida de mí y de los míos.

Cántico evangélico: (Si se realiza esta oración en un contexto de Vísperas, se reza el Magníficat de la Virgen María, cantando o recitando el cántico de Lc 1,46-55, con la antífona indicada. Si no corresponde litúrgicamente, se puede omitir el cántico y pasar directamente al Padre Nuestro y oraciones finales.)

  • Antífona: «Proclamamos las grandezas del Señor, porque nos ha dado a María como Madre de la Esperanza, que nos muestra el camino hacia Jesús».

(Se reza el Magníficat. Ejemplo de estribillo si se canta: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…”)

Preces (oración de los fieles): Unidos en la misma fe, oremos a Dios Padre todopoderoso que quiso que todas las generaciones proclamaran bienaventurada a María, la Madre de su Hijo. A cada intención respondemos: “Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.”

  • Señor Dios nuestro, admirable siempre en tus obras: quisiste que la Virgen Inmaculada participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo; haz que todos tus hijos tengamos hambre de santidad y caminemos, llenos de esperanza, hacia la patria celestial que nos tienes prometida. R: Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.
  • Tú que nos diste a María como Madre y consuelo para la Iglesia, concédenos por su mediación salud a los enfermos, alivio a los tristes, fortaleza a quienes se sienten solos, y a todos abundancia de paz. R: Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.
  • Tú que hiciste de la Virgen María la llena de gracia, derrama tu gracia sobre nosotros: que, por la intercesión de María, se renueve nuestra vida con la fuerza del Espíritu Santo y vivamos en fidelidad al Evangelio. R: Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.
  • Tú que inspiras a tu Iglesia a perseverar unánime en la oración con María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,14), concede a todos los cristianos un solo corazón y una sola alma en el amor. Haz que, guiados por María, permanezcamos unidos en la fe y la caridad. R: Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.
  • Tú que coronaste a María como Reina del cielo, concede que nuestros difuntos, por su intercesión, alcancen la felicidad eterna en la asamblea de los santos. R: Que María, llena de gracia, interceda por nosotros.

(Se pueden añadir intenciones libres por parte de la asamblea).

Llenos de confianza en Dios, que hizo en María obras grandes, nos atrevemos a decir con las palabras de Jesús:

Padre Nuestro…

Oración final:

Señor Dios todopoderoso, fuente de toda esperanza, haz que por la intercesión de santa María, siempre Virgen, tus hijos podamos gozar de salud de alma y cuerpo, y vivir con alegría y confianza en medio de las dificultades del mundo, aguardando alcanzar un día la felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Día 2: María, Estrella de la Esperanza en la historia

  • Signo: Exponer una serie de imágenes históricas que representen momentos de dificultad o de esperanza en la historia (por ejemplo, escenas de conflictos y de reconciliación, de crisis sociales y de solidaridad). Junto a esas imágenes, colocar varias velas encendidas, cada una con el nombre de los participantes, alrededor de la imagen de la Virgen Milagrosa. Este signo nos recuerda que María ha caminado con el Pueblo de Dios a lo largo de la historia, iluminando nuestros momentos oscuros como una estrella, y que cada uno de nosotros está llamado por nombre a ser “luz de esperanza” junto a ella.
  • Frase guía: “María camina con nosotros sosteniendo nuestra esperanza en los momentos difíciles de la historia.”
  • Canto: Milagrosa Camino de Esperanza- autor. Felipe Rojas.

Comentario inicial: Presentamos hoy a María como Estrella de la Esperanza, esa que brilla en nuestro camino histórico indicando la ruta hacia Cristo. A lo largo de las épocas, la Santísima Virgen ha ido revelando su corazón compasivo a hombres y mujeres sencillos, especialmente en tiempos de crisis. María se hace presente entre los humildes y pobres que, fieles al Evangelio, trabajan por un mundo más justo y fraterno. Ella se aparece y acompaña a aquellos que, bajo su patrocinio, son capaces de cambiar el curso de la historia restaurando el Reino de Dios en medio de los que sufren.

Recordemos, por ejemplo, las bodas de Caná: María advierte la necesidad (“no tienen vino”) y con su intercesión discreta provoca el primer milagro de Jesús, devolviendo la alegría a unos novios afligidos. Así también, en las encrucijadas históricas, María ha sido ese signo de salvación y esperanza que anima a la Iglesia a no desalentarse. “Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza”, rezó el Papa Francisco.

En el contexto actual, marcado por guerras, violencia y tanta injusticia, María camina con nosotros. Ella nos enseña a ser “peregrinos de la esperanza” –como nos pide el Papa en este Jubileo– y a no apagar la llama de la confianza en Dios. María mantiene viva nuestra esperanza cristiana en medio de las pruebas, recordándonos que Dios cumple sus promesas. Bajo su estela, la Iglesia quiere ser luz de esperanza para el mundo.

Como Familia Vicenciana, reconocemos a la Virgen de la Medalla Milagrosa como una estrella luminosa en nuestra historia. “La Medalla Milagrosa posibilita que María siga siendo peregrina y portadora de la Buena Nueva especialmente para los pobres”. Efectivamente, la Virgen continúa peregrinando con su pueblo, llevando consuelo al que sufre y suscitando en los corazones el gozo del Evangelio. Con María a nuestro lado, podemos afrontar las noches de la humanidad sabiendo que al final brillará el sol de un nuevo amanecer en Cristo.

Iluminación bíblica: Juan 2, 1-11. (María intercede en las bodas de Caná: «No tienen vino… Hagan lo que Él les diga». Jesús convierte el agua en vino nuevo). – En este relato, vemos a María atenta a las necesidades y plenamente confiada en su Hijo. Su fe acelera la “hora” de Jesús y anticipa los signos del Reino. Así María aparece, ya desde Caná, como abogada de la humanidad necesitada.

Lectura del relato de la aparición (segunda parte): (Santa Catalina continúa narrando la aparición de la Virgen)

“…Me sería imposible expresar lo que sentí en aquel instante. Mirando a la Santísima Virgen, de un salto me arrodillé a su lado, sobre las gradas del altar, apoyando mis manos en las rodillas de Ella. Allí pasé el momento más dulce de mi vida. La Virgen me dijo cómo debía comportarme con mi confesor y otras cosas que no debo revelar. Me enseñó la manera de conducirme en mis penas: señalándome con su mano izquierda el altar, me indicó que viniera al pie de ese altar y allí desahogara mi corazón; que recibiría todos los consuelos necesarios. Le pregunté el significado de todo lo que había visto, y Ella me lo explicó todo…”.

“…No sé cuánto tiempo estuve allí. Cuando la Virgen se marchó, sólo vi que se desvanecía una sombra por el mismo camino por donde había venido. Me levanté de las gradas y vi al niño allí, esperándome. «Se fue», me dijo. Desandamos el camino, siempre todo iluminado, el niño a mi izquierda. Creo que aquel niño era mi ángel de la guarda, que se hizo visible para conducirme a la Santísima Virgen, pues yo le había rezado mucho pidiéndole ese favor. Al volver a mi cama eran las dos de la madrugada –lo oí dar la hora– y ya no pude dormirme en toda la noche”.

(Silencio meditativo)

Socialización – diálogo: Después de escuchar la experiencia de Catalina, compartamos nuestras reflexiones. Preguntas para profundizar:

  • ¿De qué manera podemos “abogar” o interceder como María en medio de un pueblo que sufre? Ella se percató de la necesidad en Caná y actuó; ¿cómo nosotros, como Iglesia, podemos estar atentos al clamor de los pobres, de las familias sin alegría, de los marginados de hoy, y llevar su necesidad ante el Señor?
  • ¿Qué papel profético debe ejercer la Iglesia para infundir esperanza en estos tiempos difíciles? Pienso en nuestro contexto actual: ante la violencia, la corrupción, la desesperanza de tantos jóvenes… ¿Cómo anunciamos, con nuestras palabras y gestos, que Dios no abandona a su pueblo? ¿Somos verdaderamente signo de esperanza para quienes nos rodean?

Compromiso: A partir de hoy, me propongo ser sembrador de unidad y de esperanza. Concretamente: revisaré mi lenguaje cotidiano, evitando palabras de odio, división o desesperanza. Renunciaré a comentarios negativos o “venenosos” que destruyen la confianza. Por el contrario, fomentaré la concordia con mis palabras y actitudes. Además, tendré gestos concretos de acogida y solidaridad con las personas a mi alrededor (en casa, trabajo, comunidad), especialmente con quienes sufren. Quiero que mi presencia irradie la luz de la esperanza cristiana.

Cántico evangélico: (Si esta celebración se realiza en contexto vespertino, se reza o canta el Magníficat de la Virgen. De lo contrario, pasar al Padre Nuestro. Antífona propuesta:)

  • Antífona: «Bienaventurada serás llamada por todas las generaciones, por haber creído en las promesas del Señor» (cf. Lc 1,45).

(Se recita el Magníficat, o al menos la antífona con el estribillo. Luego:)

Preces: Elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que en su amor nos ha dado a María como estrella luminosa en nuestro camino. A cada intención respondemos: “Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.”

  • Padre santo, tú que hiciste de María la madre de misericordia, haz que quienes viven en peligro, ansiedad o tentación sientan su protección maternal y experimenten tu misericordia que nunca falla. R: Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.
  • Tú que encomendaste a María la misión de ser madre en el hogar de Nazaret junto a Jesús y José, concede a todas las madres educar a sus hijos en la fe, el amor y la santidad, inspirándose en el ejemplo de la Virgen fiel. R: Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.
  • Tú que fortaleciste a María al pie de la cruz y luego la llenaste de gozo con la resurrección de tu Hijo, levanta y robustece la esperanza de los decaídos y los que lloran. Que ninguno de tus hijos caiga en la desesperación, sabiendo que Tú tienes la última palabra sobre el mal y la muerte. R: Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.
  • Tú que hiciste que María meditara tu Palabra en su corazón y fuera la esclava fiel de tu plan, por su intercesión haz de nosotros servidores dóciles y discípulos fieles de tu Hijo, anunciando con la vida el Evangelio, como María lo hizo. R: Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.
  • Tú que coronaste a María como Reina y Madre de todos, concede a nuestros hermanos difuntos alcanzar, junto con Ella y todos los santos, la dicha eterna en tu Reino. R: Mira a la Llena de gracia, Señor, y escúchanos.

(Intenciones libres si las hay). Unidos a María, Estrella de la mañana, pidamos confiadamente lo que Jesús nos enseñó:

Padre Nuestro…

Oración final:

Te pedimos, Señor, que la intercesión maternal de la Virgen María, Estrella de la Esperanza, nos obtenga tu ayuda en los peligros del mundo. Que bajo su amparo caminemos seguros en la fe y la caridad, alegres de sabernos protegidos por nuestra Madre del cielo, y así renovemos nuestra esperanza cada día como signo de un nuevo renacimiento que tanto necesita nuestra humanidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Día 3: María, Misionera de la Esperanza

(Se sugiere realizar este tercer día en horario diurno, para que en la noche se lleve a cabo el lucernario o vigilia. Si no es posible, igualmente puede integrarse todo en una sola celebración.)

  • Signo: En el centro, colocar un globo terráqueo o mapa del mundo, que represente a la humanidad entera con sus heridas y esperanzas. Junto a él, poner algunos símbolos de servicio y caridad (por ejemplo, una cesta con pan para aludir al hambre, un jarro con agua o elementos médicos, etc.), un crucifijo como signo del amor redentor de Cristo, y la imagen de la Virgen Milagrosa acompañada por una pequeña estampa o reliquia de Santa Catalina Labouré. Este signo expresa que María y Catalina, desde 1830, nos impulsan a llevar el amor de Dios a todo el mundo, especialmente a los más pobres y necesitados.
  • Frase guía: “Junto a Jesús y María, construimos un mundo más justo y lleno de esperanza.”
  • Canto: Milagrosa llena de amor.

Comentario inicial: Como discípulos vicentinos, estamos llamados a salir al encuentro de un mundo herido, llevando la buena nueva de la esperanza. Nuestra misión es audaz: ante tantas pobrezas materiales y espirituales, debemos responder no sólo con ayuda material, sino con un testimonio coherente de vida evangélica. El Papa Francisco insiste en que la Iglesia sea “un hospital de campaña”, presencia samaritana en medio de las heridas sociales. Para ello, hemos de dejar nuestras comodidades y seguridades, abrirnos a la gracia de Dios y dejarnos inflamar por su amor misericordioso, pues Él nos amó primero y perdonó nuestros pecados.

María Santísima nos acompaña siempre en esta misión. Con Ella, salimos al encuentro del hermano necesitado que espera de nosotros gestos de misericordia. La Virgen no se encierra en sí misma: tan pronto concibió a Jesús, fue deprisa a servir a su prima Isabel. Luego, en Caná, se preocupó por la falta de vino en la fiesta. Y al pie de la cruz, recibió una nueva misión de boca de Jesús: ser Madre de todos los creyentes (cf. Jn 19,26-27). María es verdaderamente “misionera de la esperanza”: donde ella va, lleva la presencia de Cristo que levanta a los caídos, perdona a los pecadores y alegra a los humildes. Por eso el Papa Benedicto XVI la llamó “la primera misionera”, la que “nos muestra el amor del Padre y nos da ejemplo de una vida impulsada por el Espíritu Santo”.

En estos 195 años de devoción a la Medalla Milagrosa, vemos frutos abundantes de esta misión de esperanza: multitudes de personas han recibido gracias espirituales y materiales a través de la medalla y la intercesión de María; la Virgen inspiró la fundación de la Asociación de Hijos de María (Juventud Mariana Vicentina) para formar a los jóvenes en la fe; y la Familia Vicentina mundial ha encontrado en la Medalla un signo de identidad y protección especial de María en su servicio a los pobres. “La Medalla de María siempre nos invita a mirarla… nos recuerda que ella es nuestra Madre, peregrina de la fe, que no nos desampara nunca”. Por eso, en cada obra vicentina –hospitales, escuelas, misiones populares– encontramos la imagen de la Virgen Milagrosa, recordándonos que evangelizar y servir a los pobres debe ir siempre de la mano de María.

Hoy, Jubileo de la Esperanza 2025, se nos convoca a reavivar este espíritu misionero. San Pablo nos enseña que “nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que de la tribulación nace la constancia; de la constancia, la virtud probada; de la virtud, la esperanza” (Rom 5,3-4) – una esperanza que “no defrauda” porque se fundamenta en el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Aunque el mundo se agite con guerras, pandemia, pobreza o indiferencia, los cristianos no perdemos la esperanza: sabemos en quién hemos confiado. María nos anima a no tener miedo. Ella misma dijo a Catalina que vendrían tiempos difíciles, “pero no temas; el buen Dios y San Vicente protegerán a la Comunidad… yo estaré con ustedes… tengan confianza”. Hagamos nuestras esas palabras. Con María, salgamos sin temor a las periferias, llevando el consuelo de Cristo. Que nuestra Madre nos ayude a “ser signo de consuelo y esperanza” para todos.

Iluminación bíblica: Juan 19, 25-27. (María al pie de la cruz. Jesús la encomienda como Madre al discípulo amado: «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre». Juan la recibe en su casa). – Este pasaje culminante nos muestra a María participando del sufrimiento redentor de Cristo y recibiendo una nueva misión materna: ser Madre de todos los discípulos. María es dada como Madre de la Iglesia, Madre de la humanidad, especialmente en los momentos de mayor dolor (la “hora” de la cruz), para infundir consuelo y esperanza.

Lectura del relato de la aparición (tercera parte): (Mensaje de la Virgen a Catalina sobre la misión y el futuro)

“…Hija mía, el buen Dios quiere confiarte una misión. Sufrirás mucho, pero lo sobrellevarás pensando que lo haces por la gloria de Dios. Conocerás lo que es la voluntad de Dios y eso te atormentará hasta que lo comuniques a quien está encargado de guiarte. Serás contrariada, pero tendrás la gracia; no temas, dilo todo con confianza y sencillez. Verás ciertas cosas; cuéntalas. Te sentirás inspirada en la oración. (…)

Corren muy malos tiempos. Desgracias caerán sobre Francia; el trono será derribado; el mundo entero se verá turbado por calamidades de toda clase –dijo la Virgen con semblante muy triste–. Pero vengan al pie de este altar: aquí se derramarán gracias sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor, sean grandes o pequeñas…”.

(Podemos concluir aquí la lectura del relato. Catalina transmitió luego todo este mensaje a su confesor, cumpliendo la misión encomendada. La Virgen le reveló además su dolor por la relajación en la vida espiritual de las comunidades, pidiendo renovación y fidelidad a las Reglas. También anunció protección en tiempos de peligro y dio indicaciones que llevaron a fundar las Juventudes Marianas Vicentinas. Todo se cumplió con el tiempo, mostrando la veracidad de la aparición).

(Silencio para meditar las palabras de María)

Socialización – diálogo: A la luz del mensaje de la Virgen y de nuestra realidad actual, dialoguemos en comunidad. Sugerimos estas preguntas:

  • ¿Qué mensaje nos trae hoy la Virgen María en el tiempo que vivimos? Pensemos en las “desgracias” actuales: pandemia, conflictos sociales, crisis de fe… ¿Qué nos podría decir María ante esto? Así como animó a Catalina a “no tener miedo” y a acudir a la oración (el altar) para recibir gracias, ¿qué nos anima a hacer a nosotros?
  • ¿Soy comunicador(a) de esperanza al estilo de María? En mi familia, trabajo, comunidad… ¿Hablo de Dios que es Amor? ¿Soy capaz de comprometerme en su misión misericordiosa, llevando ayuda al pobre, consuelo al triste, testimonio de fe al que duda? ¿O a veces difundo más bien mensajes pesimistas, críticas estériles o desesperanza?

Compromiso: Quiero ser instrumento de la esperanza de Dios en lo cotidiano. Por eso, dejaré de compartir mensajes pesimistas o rumores negativos que solo aumentan la desesperanza; al contrario, trataré siempre de resaltar lo bueno en cada persona y situación, por pequeña que sea la luz. Además, me involucraré más activamente en mi parroquia o grupo vicentino para llevar consuelo a los afligidos y ayuda concreta a los necesitados (por ejemplo, visitando enfermos, participando en alguna obra de caridad, etc.). Con la gracia de Dios y el auxilio de María, quiero ser misionero/a de la esperanza.

Cántico evangélico: (Si se reza esta parte en la mañana, en lugar de las Laudes, se puede recitar el cántico de Zacarías –Benedictus, Lc 1,68-79– con la antífona correspondiente. Si no, pasar al Padre Nuestro. Antífona sugerida:)

  • Antífona (Benedictus): «Bendito sea el Señor, Dios nuestro, porque en María, humilde servidora, nos ha mostrado su misericordia y colmado de bienes a nuestra Familia Vicentina».

(Se recita el Benedictus si corresponde, sino se continúa.)

Preces: Oremos a Jesús, nuestro Salvador, que quiso nacer de María la Virgen y dárnosla como Madre al pie de la cruz. A cada intención responderemos: “Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.”

  • Salvador del mundo, Tú que nos entregaste a María como Madre de la esperanza para la Iglesia, concédenos vivir siempre firmes en la esperanza y perseverar en la fe durante este Año Jubilar, de modo que seamos en el mundo signo vivo de tu Reino que llega. R: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
  • Redentor nuestro, Tú que preservaste a María de toda mancha de pecado desde su concepción, líbranos también a nosotros de toda culpa y de la esclavitud del mal. Haznos criaturas nuevas por la gracia de la reconciliación. R: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
  • Palabra eterna del Padre, Tú que enseñaste a María a escuchar y guardar tu Palabra, ayúdanos a imitarla buscando siempre “la mejor parte” que no nos será quitada (cf. Lc 10,42). Que sepamos nutrirnos del alimento que perdura hasta la vida eterna: cumplir la voluntad de Dios. R: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
  • Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo, haz que mantengamos nuestros ojos puestos en los bienes de arriba. Que las realidades eternas orienten nuestras decisiones terrenas, para que un día tengamos parte en la gloria de María en el cielo. R: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
  • Señor del cielo y de la tierra, que has coronado a María como Reina a tu derecha, concede a nuestros difuntos compartir la victoria de Cristo. Que puedan contemplarte junto con María y gozar eternamente de tu paz. R: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

(Intenciones espontáneas, si se desea).

Fieles a la recomendación de Jesús, dirijamos al Padre la oración que Él nos enseñó:

Padre Nuestro…

Oración final:

Concédenos, Señor, por la valiosa intercesión de la Virgen María –Madre de tu Hijo y Madre nuestra– obtener los frutos de tu amor y tu gracia en este camino jubilar. Tú que has querido que veneremos su protección especial en la historia, haz que, por María, recibamos en abundancia tus dones y seamos testimonios vivos de la esperanza cristiana en el mundo. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Lucernario Jubilar – Vigilia de la Esperanza

(Celebración nocturna en honor a la Virgen en el 195º aniversario de la aparición. Se recomienda realizarla la noche del 18 de julio, conmemorando la vigilia en que Santa Catalina vio a la Virgen. Preparar un ambiente de oración con velas.)

“Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza”Oración del Papa Francisco a María, Madre de la Esperanza

Ritos iniciales y ambientación:

  • Lugar: idealmente, realizar la vigilia en la capilla o templo, a oscuras al inicio. Los participantes llevan en sus manos velas o cirios apagados.
  • Proceso de entrada: se puede comenzar fuera de la capilla o en la entrada. El guía invita a encender una vela principal (por ejemplo, del Cirio Pascual) que represente a Cristo resucitado, Luz del mundo. De esa llama se van encendiendo las velas de todos.
  • Canto procesional: mientras se encienden y reparten las luces, se entona un canto apropiado, por ejemplo: “María, mírame, María, mírame… si tú me miras Él también me mirará”, u otro canto mariano sobre la luz/esperanza.
  • Procesión: Con las velas encendidas, todos avanzan en procesión hacia el altar o el lugar preparado, cantando. Al llegar, se coloca una hermosa imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa en un sitio destacado. Todos disponen sus velas alrededor de la imagen de María, de manera que la iluminen (por ejemplo, sobre una mesa o suelo, cuidando la seguridad).
  • Signo central: La imagen de la Virgen rodeada por las luces de los fieles. Este signo nos recuerda la promesa de María: “Vengan al pie de este altar; aquí se derramarán gracias…”. Representa que María, Madre de la Iglesia, brilla entre nosotros y nosotros, sus hijos, somos encendidos en la fe para iluminar el mundo junto a Ella.
  • Inicio formal: Una vez colocados en sus lugares, el celebrante o guía hace la señal de la cruz: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Todos responden “Amén”.

Monición inicial:

Guía: Queridos hermanos y hermanas, nos hemos reunido esta noche con nuestras lámparas encendidas para conmemorar un acontecimiento de gracia: hace 195 años, en una noche como ésta, la Santísima Virgen María se apareció a santa Catalina Labouré en la capilla de la Rue du Bac. Hoy, nosotros actualizamos y celebramos esa “visita del cielo” como un momento especial de fe y esperanza. Así como Catalina tuvo la dicha de ver y escuchar a la Virgen, nosotros queremos “verla” con los ojos de la fe en medio nuestro, porque María prometió acompañarnos siempre.

En esta vigilia jubilar, compartimos la misión que Dios encomendó a Catalina, humilde Hija de la Caridad: llevar al mundo la Medalla Milagrosa y con ella difundir las gracias del Señor. Esta misión, en el fondo, es la de compartir con otros nuestra fe en Jesucristo, de hablar de nuestra experiencia de Dios, y de ser testigos vivos –donativos y misioneros– del amor de Cristo. La Medalla, en tiempos de crisis, nos sigue hablando de la presencia de Dios y de la Virgen en nuestra vida: al llevarla cerca del corazón nos recuerda que no estamos solos, que podemos enfrentar con esperanza aun los momentos más oscuros de la historia.

Este año celebramos el Jubileo de la Esperanza, y por eso esta noche tiene un matiz especial: queremos dejarnos inundar por la luz de Cristo y renovar en nosotros la virtud de la esperanza. María es Madre de la Esperanza y Consuelo de los afligidos; a Ella le pedimos que ilumine nuestro camino de conversión y nos sostenga con su consuelo en nuestras tribulaciones cotidianas. Que al calor de estas luces y de la oración comunitaria, el Espíritu Santo avive en nosotros la confianza en Dios y el ardor por la misión. Que María Santísima camine con nosotros en esta vigilia, como Estrella resplandeciente que nos guía hacia Jesús.

(Se puede entonar un breve canto a María antes de continuar, por ejemplo: “Ave María, luminosa, dulce madre amorosa…”)

Acto penitencial:

Guía: Antes de escuchar la Palabra de Dios, dispongamos nuestro corazón pidiendo humildemente perdón por nuestros pecados. (Todos hacen un breve examen de conciencia en silencio).

En unión con María, la Inmaculada, reconozcamos nuestras faltas:

  • Señor Jesús, Hijo de María, que nos llamas a la santidad: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.
  • Cristo Jesús, fruto bendito del vientre de María, que entregaste tu vida por nuestra salvación: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.
  • Señor Jesús, vencedor de la muerte, que nos das a tu Madre como mediadora de tus gracias: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Guía: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.

(Nota: Se puede sustituir el acto penitencial por la oración del Yo Confieso o por un canto apropiado, según la asamblea. Lo importante es adoptar una actitud de conversión al iniciar la vigilia.)

Celebración de la Palabra:

  • Iluminación bíblica: Apocalipsis 12, 1-5.

(Lector proclama la lectura lentamente, con buena entonación. Mientras se lee, podría mostrarse una imagen de la Virgen Apocalíptica –Mujer revestida de sol con 12 estrellas–, o proyectarse dichas frases. Ejemplo de proclamación dialogada, opcional: un lector lee la narración y otro las acotaciones dramáticas que se señalan abajo).

Lector 1: «Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba de dolor, en el tormento del parto.

Lector 2: Y apareció otra señal: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos… (Se omiten algunos detalles…) Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra.

Lector 1: El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.

Lector 2: Y la Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones…

Lector 1: Pero su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios…»

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

(Breve silencio meditado. Se pueden apagar las luces un momento para contemplar sólo las velas y la imagen de la Mujer celestial representada en la Virgen Milagrosa.)

Meditación – Reflexión:

Guía (u Homilista): Hermanos, la lectura del Apocalipsis que acabamos de escuchar está llena de símbolos. En aquella “Mujer revestida de sol” la tradición ha reconocido una figura de la Virgen María. Ella es la nueva Eva, la Madre del Mesías, que aparece luminosa y victoriosa frente al dragón del mal. San Juan recibió estas visiones en un tiempo de persecución contra la Iglesia, y quiso dar un mensaje de esperanza a los cristianos: al final, Cristo y María triunfan sobre el mal, Dios protege a sus hijos aunque deban pasar por tribulaciones. La Virgen, “señal grandiosa en el cielo”, representa a la Iglesia fiel que da a luz nuevos hijos a Dios a pesar de los embates del enemigo. Esta profecía nos anima también hoy: sabemos que las fuerzas del mal no prevalecerán contra la Iglesia (cf. Mt 16,18), porque contamos con la protección de Dios y el auxilio maternal de María.

En la historia de la salvación, María ha aparecido en momentos claves para sostener la fe del Pueblo de Dios. Así como el autor del Apocalipsis transmitió la fe mediante visiones para infundir esperanza a los cristianos perseguidos, de modo semejante Santa Catalina Labouré compartió con muchos el mensaje de la Virgen en tiempos de guerras y convulsiones en Francia. Aquella aparición de 1830 ocurrió pocos días antes de una revolución violenta en París; la Virgen, con su amor, preparó a sus hijas para enfrentar esos peligros con fe y fortaleza. Y María prometió estar presente con nosotras –dijo a Catalina– y que la reconoceríamos en medio de los peligros. ¡Cuántas veces, después, la Familia Vicentina experimentó esa protección especial de la Virgen Milagrosa en momentos críticos!

Es importante notar que Catalina Labouré, tras sus visiones celestiales, no se evadió de sus responsabilidades terrestres. Al contrario, volvió con más entrega a su servicio humilde, cuidando ancianos en el hospicio durante 46 años. Catalina nos enseñó que las experiencias de Dios auténticas no nos alienan del mundo, sino que nos envían de regreso a él para servir con más amor. Ella guardó silencio sobre sus visiones durante décadas, pero vivió el mensaje con hechos concretos: rezando, sirviendo a los pobres, difundiendo medallas milagrosas en secreto. No buscó protagonismo, sólo ser instrumento de María. Y al final de su vida, reveló todo a su superiora, dejando un legado de sencillez, caridad y entrega.

Esto nos interpela: ¿De qué nos sirve rezar o recibir gracias de Dios si no las traducimos en obras de amor? La espiritualidad mariana auténtica no es intimismo egoísta ni mera emoción superficial. Es, ante todo, reconocer a María como la primera misionera del Evangeliola que llevó a Jesús en su seno y lo dio al mundo–. Ella constantemente nos señala a Jesús: «Hagan lo que Él les diga». Por eso la devoción a María forma parte integral de nuestra identidad católica, y muy especialmente de nuestra identidad vicentina. Como decía San Vicente de Paúl, María penetró como nadie el sentido del Evangelio y lo practicó fielmente. Amarla e invocarla es comprometerse a vivir como ella vivió: creyendo, esperando y amando; sirviendo a Cristo en los pobres; siendo humildes y diligentes en la misión.

En esta noche, queridos hermanos, sintamos a María viva y presente entre nosotros. Ella prometió: «Yo misma estaré con vosotros… os concederé muchas gracias… tened confianza». Renovemos nuestra confianza en la Virgen, sabiendo que una madre nunca abandona a sus hijos. A lo largo de 195 años, la Virgen de la Medalla Milagrosa ha derramado incontables gracias y milagros, ha convertido corazones, ha sanado enfermos y protegido comunidades enteras. ¡Cuántos testimonios podríamos contar de su ayuda! Pensemos también cómo María nos ha acompañado a cada uno de nosotros en nuestra vida: quizás en algún peligro del que salimos ilesos, en esa súplica desesperada que fue escuchada, en esa persona que apareció en nuestro camino como “ángel” en momentos de angustia… María estuvo allí, intercediendo sin ruido. Tal vez sólo en el cielo comprenderemos cuántas gracias le debemos.

María, además, sigue suscitando iniciativas apostólicas. Recordemos que pidió a Catalina la fundación de un grupo de jóvenes, y así nació la Asociación de Hijos de María (hoy Juventudes Marianas Vicentinas), extendida por el mundo haciendo mucho bien entre la juventud. ¡Qué gran fruto de la aparición! También inspiró la renovación de las Hijas de la Caridad y la unión de las comunidades, como predijo. Y hasta el día de hoy, la Medalla Milagrosa continúa siendo un sencillo “catecismo popular”, mediante el cual muchos conocen verdades de fe (la Inmaculada Concepción, los corazones de Jesús y María, la cruz redentora) y reciben protección especial. Por algo la llamaron “la Medalla de los pobres”, porque los humildes la reconocieron milagrosa cuando los sabios la despreciaban. Es un regalo de la Virgen para fortalecer la fe sencilla del pueblo.

Por todo ello, ¡démosle gracias a Dios y a la Virgen esta noche!. Si mantenemos encendida la llama de la esperanza y vivimos en gracia de Dios, María permanecerá con nosotros y nos conducirá a Jesús. Ella es la Estrella de la mañana que nos orienta en la travesía. Pidámosle que nos tome de la mano en este camino sinodal de la Iglesia, que nos ayude a convertirnos cada día más al Evangelio y que nos use como instrumentos para consolar a otros. Así, cuando lleguen pruebas o “momentos de gran peligro”, sabremos reconocer la visita amorosa de María y la protección de Dios, y no perderemos la paz. Al contrario, brillaremos –aunque seamos pequeños– como chispas de esperanza en medio de la noche del mundo.

Ahora, les invito a profundizar estos misterios rezando juntos el Santo Rosario, de manera especial. Contemplaremos cinco momentos de la aparición de la Virgen a santa Catalina, unidos a los misterios de nuestra salvación, pidiendo a Dios las gracias que necesitamos. Que cada Avemaría sea una rosa de amor que ofrecemos a nuestra Madre, y cada misterio una estrella que se enciende en esta noche santa.

(Se puede cantar un Ave María u otro canto breve antes de iniciar el rosario, para dar tiempo a prepararse.)

Rezo del Santo Rosario – Misterios de la Aparición:

(Explicación previa: Se rezarán cinco decenas del Rosario. En cada “misterio” se recordará un episodio de la noche de la aparición, con una breve frase textual ya sea de la Virgen o de santa Catalina, seguida de una intención de oración. Luego se reza el Padre Nuestro, 10 Avemarías y Gloria. Estos “misterios” especiales pueden reemplazar a los misterios del día, dado el carácter de la celebración. Si se desea, algunos participantes pueden dramatizar silenciosamente las escenas mientras se medita cada misterio, para ayudar a la contemplación.)

  • 1er Momento: “Catalina siente el llamado de Dios en la noche y se dispone a responder”. – Palabras de Catalina: El ángel me dijo: «Levántese pronto, la Santísima Virgen la espera…» (Catalina se despierta y sigue al angelito). – Intención: Madre Santa, te pedimos nos ayudes a despertar del sueño de la comodidad y la rutina que a veces nos impide responder con prontitud a Dios. Que como Catalina, sepamos levantarnos diligentes cuando Tú nos llamas, dejando a un lado miedos y excusas. Danos un corazón disponible para la misión.(Padre Nuestro, 10 Avemarías, Gloria.)
  • 2º Momento: “Santa Catalina llega a la capilla y espera en silencio la aparición de María”. – Palabras de Catalina: “El niño me condujo hasta el presbiterio; me arrodillé junto al sillón… La espera se me hacía larga; miraba inquieta… Por fin me dijo: «Ya viene la Virgen»”. – Intención: Virgen María, tú que eres modelo de paciencia y escucha, enséñanos a perseverar en la oración. Que no nos cansemos de esperar los tiempos de Dios. Ayúdanos a descubrirte presente en el silencio de nuestra capilla interior. En un mundo de tanta prisa, que sepamos detenernos a orar y aguardar tu visita con el corazón alerta.(Padre Nuestro, 10 Avemarías, Gloria.)
  • 3er Momento: “La Virgen María se aparece y se sienta en el sillón de la capilla”. – Palabras de la Virgen (por boca de Catalina): “Respecto al modo de proceder en mis penas, me señaló con su mano izquierda el pie del altar y me animó a acudir allí y desahogar mi corazón; asegurándome que en ese lugar recibiría todos los consuelos que necesitara”. – Intención: Madre tierna, hoy te pedimos por todas las madres que sufren: por aquellas que lloran por sus hijos, que están enfermas o angustiadas, por las madres que han perdido a un hijo… Consuélalas y fortalece su fe. Ayúdanos también a nosotros a ser buenos hijos con nuestras mamás, respondiendo con gratitud a tanto amor que de ellas recibimos. Y sobre todo, enséñanos el valor de la maternidad espiritual: que sepamos acoger, acompañar y cuidar a otros con la misma dulzura y paciencia con que una madre cría a sus hijos.(Padre Nuestro, 10 Avemarías, Gloria.)
  • 4º Momento: “Santa Catalina se postra a los pies de la Madre del Cielo”. – Palabras proféticas de la Virgen: “Llegará un momento de gran peligro, cuando todo se dé por perdido; estaré entonces con ustedes, tengan confianza. Reconocerán mi visita y la protección de Dios y de San Vicente…”. – Intención: Madre amadísima, siguiendo el ejemplo de Catalina, hoy nos ponemos a tus pies reconociendo nuestra pequeñez y nuestra necesidad de Dios. Te pedimos por la Iglesia, que tantas veces parece navegar en medio de tormentas: alcánzanos la gracia de confiar siempre en la victoria de tu Hijo. Que sepamos “escoger la mejor parte” como María de Betania (cf. Lc 10,42), sentándonos a los pies de Jesús para escucharlo. De esa escuela de Nazaret, queremos aprender el servicio humilde que nos hace mejores cristianos y mejores seres humanos. En los peligros presentes –guerras, persecuciones, crisis de fe–, ayúdanos a no tener miedo, seguros de que Tú estás con nosotros.(Padre Nuestro, 10 Avemarías, Gloria.)
  • 5º Momento: “La Virgen María le encomienda una misión a Catalina”. – Palabras de Catalina al P. Aladel: “La Santísima Virgen quiere que usted comience una Asociación de Jóvenes de María… La Santísima Virgen concederá muchas gracias y se otorgarán indulgencias. El mes de María se celebrará con gran solemnidad…”. – Intención: Madre Milagrosa, así como confiaste a Catalina una misión, hoy reconocemos que también nosotros hemos sido enviados. En particular, queremos pedirte por los jóvenes: que descubran a Jesús vivo y se enamoren de Él. Danos la creatividad y el impulso para saber animar a los jóvenes en el camino del Evangelio, como nos pediste. Haznos capaces de encontrar caminos nuevos, lenguajes adecuados y testimonios alegres que muestren la frescura de la fe a las nuevas generaciones. Que los jóvenes, con su entusiasmo, encuentren en la Iglesia –y especialmente en la Familia Vicenciana– un espacio para crecer, servir a los pobres y entregarse a ti, que siempre los cuidas con amor.(Padre Nuestro, 10 Avemarías, Gloria.)

(Terminados los cinco misterios, se puede concluir el rosario con las oraciones finales:)

  • Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. (Jaculatoria que aparece escrita en la Medalla Milagrosa).
  • Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
  • María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

Oración final de la vigilia:

(El guía o sacerdote invita a orar juntos a la Virgen. Se puede rezar algún texto tradicional –como la Salve o el Sub Tuum Praesidium–, o utilizar una oración de San Vicente o de algún santo vicentino. Por ejemplo, se propone la siguiente, tomada de las Conferencias de San Vicente de Paúl y adaptada al contexto actual):

Oh Dios misericordioso, tú nos llamas a practicar las máximas evangélicas en nuestra vida. Por intercesión de los apóstoles, que tan bien las observaron, y de la Santísima Virgen María, que mejor que nadie penetró su sentido y las vivió plenamente, concédenos la gracia de ser fieles al Evangelio en obras y verdad. Que al vernos vivir según estas máximas, muchos puedan abrirse a la fe y a la esperanza.

Te pedimos en particular, Señor, por la pureza y santidad de tu Iglesia: por los sacerdotes, seminaristas, consagrados y todos los miembros de la Familia Vicenciana – que María tanto ama –. ¡Oh Santísima Virgen!, alcánzanos de tu Hijo la gracia de una verdadera pureza de cuerpo y alma, una fe viva y una caridad ardiente. Que todos nosotros, tus hijos, nos mantengamos firmes en la esperanza durante nuestra peregrinación terrena, para un día reunirnos contigo en la eternidad. Amén.

(Tras la oración, todos pueden cantar juntos una canción mariana final, por ejemplo: “Magnífica, María, tu vida entregada al Señor…” u otro canto de júbilo a la Virgen. Luego, el celebrante imparte la bendición final, si corresponde. Se recomienda que los participantes puedan llevarse sus medallas bendecidas y sus velas como recuerdo de esta noche. Todos se retiran en silencio o con cantos suaves, agradeciendo a Dios y a María por esta celebración llena de gracia.)


¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!

María, Madre de la Esperanza, enséñanos a creer, a esperar y a amar contigo; indícanos el camino hacia tu Reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino. Amén.

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