LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Cuarto día de la Novena a San Vicente de Paúl 2025
septiembre 21, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.
Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.
Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.
Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén. Padrenuestro.
ORACIÓN POR EL AÑO JUBILAR
del papa francisco
Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.
ORACIÓN A LA VIRGEN
(De los escritos de San Vicente de Paúl)
Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad. (cfr. XII, 114-129)
¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.
Dios te salve…. Gloria
CUARTO DÍA
El servicio humilde
como imitación de Cristo
- Signo: Una jarra con agua y una toalla colocada delante de la cruz.
- Canción: El Espíritu de Dios está sobre mí.
- Iluminación Bíblica: (Juan 13, 12-17)
Después de lavarles los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. En verdad, en verdad os digo: el siervo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envió. Si sabéis esto y lo ponéis en práctica, seréis dichosos’.
- Escuchemos a San Vicente de Paúl:
Veamos ahora qué es lo que tenéis que hacer para honrar a Dios en ese trabajo. Creo, hermanas mías, que no se necesita nada más que la práctica de las virtudes que componen vuestro espíritu: la caridad, la humildad y la sencillez. Entonces, ¿para qué tenéis que ir a ese sitio? Para hacer lo que Nuestro
Señor hizo en la tierra. El vino a reparar lo que Adán había destruido, y vosotras vais poco más o menos con ese mismo designio. Adán había dado la muerte al cuerpo y había causado la del alma por el pecado. Pues bien, Nuestro Señor nos ha librado de esas dos muertes, no ya para que pudiéramos evitar la muerte, pues eso es imposible, pero nos libra de la muerte eterna por su gracia, y por su resurrección da vida a nuestros cuerpos, pues en la santa comunión recibimos el germen de la resurrección. He aquí, pues, hermanas mías, cómo Nuestro Señor hace lo contrario de lo que había hecho nuestro primer padre. (Conferencia a las Hijas de la Caridad, 23 de julio de 1654)
- Reflexión:
El servicio humilde no es una opción secundaria en la vida cristiana, sino el núcleo del seguimiento de Cristo. Jesús, el Señor y Maestro, se inclinó ante los suyos y les lavó los pies, mostrándoles que la grandeza está en hacerse servidor. San Vicente comprendió que la misión de la Iglesia sólo se realiza plenamente cuando los discípulos asumen el estilo de Cristo siervo: cercanía, compasión y servicio humilde.
Por eso, al fundar la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad, insistió en que el verdadero privilegio del misionero y de la Hija de la Caridad es servir a los pobres, no desde arriba, sino de rodillas, reconociendo en ellos la presencia de Cristo. La misión vicentina es prolongación del gesto de Jesús en el lavatorio de los pies: “servir a los pobres corporal y espiritualmente, con respeto y ternura”.
La familia vicentina ha encontrado su identidad en este servicio humilde: en los pueblos rurales de la Francia del siglo XVII, en los hospitales, en las misiones lejanas, en los barrios marginados de nuestras ciudades. Allí donde un vicentino o una vicentina se inclina sobre la miseria humana con compasión, el Evangelio se hace carne y la esperanza se enciende.
Hoy, en un mundo marcado por la autosuficiencia, el individualismo y la búsqueda de poder, el servicio humilde se convierte en un signo profético. La humildad no significa pasividad ni debilidad, sino fuerza interior que brota de saberse amado por Dios y enviado a amar sin condiciones. Servir a los pobres es la forma más radical de imitar a Cristo, porque ellos son sus preferidos y en ellos se hace visible su rostro.
Preguntas:
- ¿Vivo el servicio como una imitación concreta de Cristo o como una simple tarea?
- ¿Me acerco a los pobres con humildad y ternura, reconociendo en ellos la presencia de Jesús?
- ¿De qué manera la Congregación está llamada hoy a renovar su servicio humilde en el mundo actual?
Gozos
“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”
Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos invita a la amistad
Con esclavos y afligidos dando con ardor un amor abrazador.
En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres.
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar con pasión y celo a Cristo Pan de Vida.
¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán
Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo
¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestros brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.
Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien desde la cruz con amor nos mira.
Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tus hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.
ORACIÓN FINAL
AL CORAZÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL
Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.
Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.
Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen