LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Dia 1 Novena en Honor a Santa Luisa de Marillac

ORACION PARA TODOS LOS DIAS
Señor Dios, Padre de misericordia, que en tu infinita providencia quisiste formar en Santa Luisa de Marillac un corazón dócil a tu Espíritu y ardiente en la caridad hacia los más pobres, te bendecimos porque en ella nos has revelado que el amor verdadero no es solo sentimiento, sino participación en la misma vida de tu Hijo, que se hizo siervo para la salvación del mundo.
Concédenos, por tu gracia, ser configurados con Cristo humilde y obediente, para reconocerlo vivo y presente en los que sufren, en los olvidados y en los pequeños. Derrama en nosotros el Espíritu Santo, para que, como Santa Luisa, no busquemos nuestras seguridades, sino que vivamos abandonados a tu voluntad, sirviendo con ternura, creatividad y fidelidad allí donde la caridad sea más urgente.
Haz que nuestras manos prolonguen las tuyas, que nuestra mirada sea transparente a tu compasión, y que nuestra vida entera se convierta en signo visible de tu amor providente.
Que, siguiendo su ejemplo, aprendamos a unir contemplación y servicio, descubriendo en cada acto de amor un camino real de santificación y una participación en el misterio pascual de tu Hijo.
Te lo pedimos por Jesucristo, Siervo y Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN DE ABANDONO
(Obras Completas, Marillac, pág. 673)
Te adoro, ¡oh mi buen Dios! y reconozco haber recibido de ti mi conservación; y por el amor que te debo, me abandono enteramente a las disposiciones de tu Santa Voluntad; y aunque llena de flaquezas y de motivos de humillación por mis pecados, me confío a tu misericordia y te suplico, por el amor que tienes a tus criaturas, la asistencia de tu Espíritu Santo, para el total cumplimiento del designio que, desde toda la eternidad, ha tenido tu Santa Voluntad sobre mi alma y sobre todas las que han sido redimidas por la sangre de Jesucristo tu Único hijo.
Padre nuestro, Ave María y Gloría.
Se dice el día correspondiente.
DÍA 1:
LA IMITACIÓN DE LA VIDA OCULTA DE JESÚS
1. Signo
En el altar o lugar de oración, colóquese junto a la imagen de Santa Luisa de Marillac un lienzo rústico sobre el cual descanse un humilde trozo de madera (o una herramienta sencilla de carpintería) y una pequeña vasija de barro. Este signo visible nos recuerda el hogar de Nazaret: el trabajo manual, la cotidianidad, el silencio y la profunda sencillez en la que el Hijo de Dios decidió pasar la mayor parte de su vida terrena.
2. Comentario inicial
Hermanos y hermanas, al iniciar nuestro caminar espiritual en esta novena, somos invitados a adentrarnos en un misterio a menudo olvidado: el valor infinito de lo ordinario. Vivimos en un mundo que aplaude el ruido, el reconocimiento y la inmediatez de los grandes logros. Sin embargo, el Dios Creador del universo, al hacerse hombre, eligió el silencio de un pequeño pueblo llamado Nazaret para redimirnos. Treinta años de vida oculta frente a tres años de vida pública. Santa Luisa de Marillac comprendió que el verdadero seguimiento de Cristo no siempre nos llama a los aplausos del mundo, sino a la fidelidad silenciosa en el taller de nuestra propia vida. Hoy, pidamos la gracia de descubrir a Dios en lo pequeño, en lo escondido y en el cumplimiento amoroso del deber de cada día.
3. Inspiración bíblica
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 2, 46-52)
«Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron perplejos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres».
Palabra del Señor.
4. Reflexión
El Evangelio que acabamos de escuchar nos revela un instante de profunda teología de la Encarnación: el momento en que Jesús, consciente de su filiación divina, desciende nuevamente a la oscuridad de Nazaret para someterse a la obediencia de sus padres terrenales. Esta kénosis —este vaciamiento y humillación voluntaria— es el cimiento de nuestra salvación. Él no consideró su grandeza como un tesoro celoso, sino que santificó la obediencia, el trabajo anónimo y la rutina diaria.
Santa Luisa de Marillac bebe de esta misma fuente evangélica con una lucidez abrumadora. En su deseo de perfección, ella no busca éxtasis extraordinarios, sino la encarnación del amor en lo cotidiano. En sus escritos nos confiesa su propósito más íntimo:
«Que debo consagrar el resto de mis días a honrar la santa vida oculta de Jesús en la tierra, el cual, habiendo venido para cumplir la voluntad de Dios su Padre, lo hizo toda su vida, y viendo que la vida ordinaria necesitaba más ejemplos, consagró a ella más tiempo y siempre dentro de la práctica de la perfección evangélica, puesto que siendo rico, escogió la santa pobreza y la obediencia que le mantenía sumiso a la Santísima Virgen y a San José; yo le suplico con todo mi corazón me conceda la gracia de imitarle en esto…» (Escrito E. 22, pág. 695).
Para Santa Luisa, la vida ordinaria «necesitaba más ejemplos». ¡Qué intuición tan profundamente vicentina y actual! Ella nos enseña que barrer un pasillo, atender a un enfermo, escuchar a un hermano o soportar las contrariedades del día a día no son distracciones del camino espiritual, sino la materia misma de nuestra santificación.
Jesús consagró más tiempo a la vida común que a la predicación para demostrarnos que el amor verdadero no requiere de escenarios majestuosos. Así como Cristo escogió la pobreza y la obediencia, Luisa nos invita a despojarnos de nuestra soberbia y de la necesidad constante de brillar, para que, escondidos con Cristo en Dios, nuestras obras silenciosas sean el más elocuente grito de caridad.
5. Preguntas para la reflexión
- Al contemplar el silencio de Nazaret y las palabras de Santa Luisa, ¿cómo estoy viviendo la «vida ordinaria» que Dios me ha confiado? ¿Veo en mis deberes diarios un obstáculo o una oportunidad para amar?
- ¿Siento la necesidad constante de ser reconocido, aplaudido o valorado por lo que hago, o soy capaz de servir en el anonimato y la obediencia, sabiendo que el Padre «ve en lo escondido»?
- ¿Qué aspecto de mi soberbia u orgullo debo entregar hoy a la Sagrada Familia para aprender a vivir con mayor sumisión y pobreza de espíritu?
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(Obras completas, Marillac. pág. 827)
Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, ven a purificar y embellecer mi alma para que sea agradable a mi Salvador y que yo pueda recibirle para gloria suya y mi salvación. Con todo mi corazón te deseo ¡oh Pan de los Ángeles, no mires mi indignidad que me aleja de ti, sino tu Amor que tantas veces me ha invitado a acercarme. Te ruego que te des todo a mí, Oh Dios mío! y que tu preciosísimo Cuerpo, tu Alma santa y tu gloriosa Divinidad a quien adoro en este Santísimo Sacramento, tomen entera posesión de mi misma. ¡Oh dulce Jesús, oh buen Jesús, mi Dios y mi Todo! Ten piedad de todas las almas rescatadas con tu preciosísima Sangre, hiérelas fuertemente con un dardo de tu Amor para tornarlas agradecidas al Amor que te ha hecho darte a nosotros en este Santísimo Sacramento, por el cual te ofrezco la gloria que tienes desde toda la eternidad en ti mismo, todas las gracias de que has colmado a la Santísima Virgen y a los Santos y la gloria que ellos te tributarán eternamente por ese mismo Amor.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
(de Santa Luisa de Marillac Santísima)
Virgen, creo y confieso tu Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre Dios, alcánzame de tu amado Hijo: la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la perseverancia en mi vocación, el don de oración, una santa vida y una buena muerte.
GOZOS
Santa Luisa de Marillac,
sierva fiel del Señor,
ruega por nosotros
y enséñanos a amar.
Dios te llamó en tu historia,
en medio de tu fragilidad,
y en Cristo hallaste el camino
de entrega y fidelidad.
Aprendiste a esperar en Dios,
sin adelantarte a su querer,
confiando en su Providencia
que todo lo sabe disponer.
Descubriste en el pobre
el rostro de Cristo Señor,
y en el servicio sencillo
hiciste vida el amor.
En la vida cotidiana
fuiste signo de comunión,
con paciencia y mansedumbre
edificaste la unión.
Aceptando con fe la cruz
y las pruebas del caminar,
te uniste a Cristo paciente
en su entrega pascual.
En la obediencia viviste
la libertad de los hijos de Dios,
buscando en todo momento
cumplir su santa voluntad.
En la pobreza aprendiste
a confiar sin reservas,
dejando que Dios condujera
los caminos de tu vida.
Tu caridad fue concreta,
hecha servicio y verdad,
signo del amor de Cristo
presente en la humanidad.
Ahora gozas en la gloria
junto al Señor que seguiste,
intercede por tu Iglesia
que en el mundo peregrina.