LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Dia 6 Novena en Honor a Santa Luisa de Marillac

ORACION PARA TODOS LOS DIAS
Señor Dios, Padre de misericordia, que en tu infinita providencia quisiste formar en Santa Luisa de Marillac un corazón dócil a tu Espíritu y ardiente en la caridad hacia los más pobres, te bendecimos porque en ella nos has revelado que el amor verdadero no es solo sentimiento, sino participación en la misma vida de tu Hijo, que se hizo siervo para la salvación del mundo.
Concédenos, por tu gracia, ser configurados con Cristo humilde y obediente, para reconocerlo vivo y presente en los que sufren, en los olvidados y en los pequeños. Derrama en nosotros el Espíritu Santo, para que, como Santa Luisa, no busquemos nuestras seguridades, sino que vivamos abandonados a tu voluntad, sirviendo con ternura, creatividad y fidelidad allí donde la caridad sea más urgente.
Haz que nuestras manos prolonguen las tuyas, que nuestra mirada sea transparente a tu compasión, y que nuestra vida entera se convierta en signo visible de tu amor providente.
Que, siguiendo su ejemplo, aprendamos a unir contemplación y servicio, descubriendo en cada acto de amor un camino real de santificación y una participación en el misterio pascual de tu Hijo.
Te lo pedimos por Jesucristo, Siervo y Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN DE ABANDONO
(Obras Completas, Marillac, pág. 673)
Te adoro, ¡oh mi buen Dios! y reconozco haber recibido de ti mi conservación; y por el amor que te debo, me abandono enteramente a las disposiciones de tu Santa Voluntad; y aunque llena de flaquezas y de motivos de humillación por mis pecados, me confío a tu misericordia y te suplico, por el amor que tienes a tus criaturas, la asistencia de tu Espíritu Santo, para el total cumplimiento del designio que, desde toda la eternidad, ha tenido tu Santa Voluntad sobre mi alma y sobre todas las que han sido redimidas por la sangre de Jesucristo tu Único hijo.
Padre nuestro, Ave María y Gloría.
Se dice el día correspondiente.
DÍA 6:
EL AMOR UNITIVO Y LA MUERTE MÍSTICA EN JESÚS
1. Signo
En el centro del espacio de oración, colóquese un crucifijo reclinado sobre un pequeño paño blanco (símbolo del sudario y del despojamiento), y junto a él, un pequeño recipiente con tierra de la cual brote una semilla germinada o una flor viva. Este signo paradójico nos enseña la lógica suprema del Evangelio: en la economía de la gracia divina, morir a nuestro propio egoísmo es el único preámbulo posible para que brote la verdadera vida, aquella que se funde enteramente con el corazón de Cristo.
2. Comentario inicial
Hermanos y hermanas, al avanzar en nuestro itinerario espiritual, llegamos hoy a una de las cumbres más elevadas y exigentes de la vida cristiana: la unión transformante con Dios, descrita a menudo por los santos como «muerte mística». Estas palabras pueden sonarnos lejanas o intimidantes, pero en realidad encierran el anhelo más profundo del alma bautizada. No se trata de una aniquilación destructiva, sino de la liberación definitiva de la tiranía del «yo». Santa Luisa de Marillac comprendió que, para amar plenamente a Dios y a los pobres, debía cesar toda resistencia interior y dejar que fuera únicamente Jesucristo quien pensara, amara y actuara a través de ella. Pidamos hoy la gracia de perder el miedo a entregarlo todo, sabiendo que quien pierde su vida por Cristo, la encuentra multiplicada en la eternidad.
3. Inspiración bíblica
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Gálatas (Gál 2, 19-20)
«Pues yo, por la ley, he muerto a la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que vivo ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. No anulo la gracia de Dios».
Palabra de Dios.
4. Reflexión
La confesión arrebatadora del apóstol San Pablo —«ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí»— es el horizonte último de la santidad. Es la superación de una fe basada únicamente en el cumplimiento de normas, para adentrarnos en una relación de fusión íntima, donde el discípulo se convierte en un sacramento vivo de su Maestro.
Santa Luisa de Marillac, como alma profundamente mística e inmersa a la vez en la acción, hace eco de este texto paulino con una fuerza sobrecogedora. No teoriza sobre el amor; lo traduce en un programa de vida radical:
«Vivamos, pues, como muertas en Jesucristo y por lo tanto, ya no más resistencia a Jesús, no más acciones que por Jesús, no ya más pensamientos que en Jesús, en una palabra, no ya más vida que para Jesús y el prójimo, para que en este amor unitivo ame yo todo lo que Jesús ama, para que por este amor cuyo centro es el amor eterno de Dios por sus creaturas, alcance de su bondad las gracias que su misericordia quiere concederme» (Escrito E. 69, pág. 783).
Observemos la cadencia casi poética de sus renuncias: «no más resistencia, no más acciones, no más pensamientos…». Santa Luisa identifica con precisión quirúrgica dónde se esconde nuestro egoísmo: en nuestra constante rebeldía frente a la voluntad de Dios, en nuestras obras hechas por vanidad y en nuestros pensamientos centrados en nosotros mismos. La «muerte mística» que ella propone es, en el fondo, una afinación perfecta del alma. Así como un instrumento renuncia a emitir ruidos disonantes para dejarse tocar por las manos del Artista y producir una melodía perfecta, el cristiano renuncia a su voluntad propia para entrar en el «amor unitivo». Y la prueba de fuego de esta unión es clarísima: «amar todo lo que Jesús ama». Quien ha muerto en Jesucristo ya no puede ser indiferente al sufrimiento del prójimo, porque ama a la humanidad con el mismo corazón traspasado del Salvador.
5. Preguntas para la reflexión
- ¿Cuáles son las «resistencias a Jesús» que aún habitan en mi corazón? ¿Qué apegos, miedos o comodidades me impiden entregarle a Dios el control absoluto de mi vida?
- Al examinar mis acciones y pensamientos diarios, ¿brotan de la necesidad de afirmar mi propio ego o son un reflejo genuino de los sentimientos de Cristo?
- ¿Me esfuerzo por alcanzar ese «amor unitivo» que me lleva a amar lo que Jesús ama, interesándome auténticamente por el bienestar espiritual y material de mi prójimo?
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(Obras completas, Marillac. pág. 827)
Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, ven a purificar y embellecer mi alma para que sea agradable a mi Salvador y que yo pueda recibirle para gloria suya y mi salvación. Con todo mi corazón te deseo ¡oh Pan de los Ángeles, no mires mi indignidad que me aleja de ti, sino tu Amor que tantas veces me ha invitado a acercarme. Te ruego que te des todo a mí, Oh Dios mío! y que tu preciosísimo Cuerpo, tu Alma santa y tu gloriosa Divinidad a quien adoro en este Santísimo Sacramento, tomen entera posesión de mi misma. ¡Oh dulce Jesús, oh buen Jesús, mi Dios y mi Todo! Ten piedad de todas las almas rescatadas con tu preciosísima Sangre, hiérelas fuertemente con un dardo de tu Amor para tornarlas agradecidas al Amor que te ha hecho darte a nosotros en este Santísimo Sacramento, por el cual te ofrezco la gloria que tienes desde toda la eternidad en ti mismo, todas las gracias de que has colmado a la Santísima Virgen y a los Santos y la gloria que ellos te tributarán eternamente por ese mismo Amor.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
(de Santa Luisa de Marillac Santísima)
Virgen, creo y confieso tu Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre Dios, alcánzame de tu amado Hijo: la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la perseverancia en mi vocación, el don de oración, una santa vida y una buena muerte.
GOZOS
Santa Luisa de Marillac,
sierva fiel del Señor,
ruega por nosotros
y enséñanos a amar.
Dios te llamó en tu historia,
en medio de tu fragilidad,
y en Cristo hallaste el camino
de entrega y fidelidad.
Aprendiste a esperar en Dios,
sin adelantarte a su querer,
confiando en su Providencia
que todo lo sabe disponer.
Descubriste en el pobre
el rostro de Cristo Señor,
y en el servicio sencillo
hiciste vida el amor.
En la vida cotidiana
fuiste signo de comunión,
con paciencia y mansedumbre
edificaste la unión.
Aceptando con fe la cruz
y las pruebas del caminar,
te uniste a Cristo paciente
en su entrega pascual.
En la obediencia viviste
la libertad de los hijos de Dios,
buscando en todo momento
cumplir su santa voluntad.
En la pobreza aprendiste
a confiar sin reservas,
dejando que Dios condujera
los caminos de tu vida.
Tu caridad fue concreta,
hecha servicio y verdad,
signo del amor de Cristo
presente en la humanidad.
Ahora gozas en la gloria
junto al Señor que seguiste,
intercede por tu Iglesia
que en el mundo peregrina.