LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS

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Noveno día de la Novena a San Vicente de Paúl 2025

septiembre 26, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.

Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.

Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.

Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén. Padrenuestro.

ORACIÓN POR EL AÑO JUBILAR
del papa francisco

Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.

Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.

La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.

A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.

ORACIÓN A LA VIRGEN
(De los escritos de San Vicente de Paúl)

Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad. (cfr. XII, 114-129)

¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.

Dios te salve…. Gloria

NOVENO DÍA
La esperanza de la vida eterna, meta de la misión

  • Signo: La imagen de San Vicente de Paúl, acompañado de varias ramas o pequeñas matas, con el logo de los 400 años de la Congregación en el centro acompañado por una vela.
  • Canción: Alguien te está llamando.
  • Iluminación Bíblica: (1 Tesalonicenses 4, 13-18)

No queremos que ignoréis, hermanos, lo referente a los que duermen, para que no os entristezcáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera, por Jesús y con Él, Dios llevará consigo a los que murieron. Esto os lo decimos con una palabra del Señor: que nosotros, los que vivimos, los que quedamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el mismo Señor, a la orden dada, por la voz de un arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Después nosotros, los que vivimos, los que quedamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

  • Escuchemos a San Vicente de Paúl:

La Providencia os ha reunido aquí a vosotras doce, y, al parecer, con el designio de que honréis su vida humana en la tierra. ¡Oh! ¡Qué ventaja estar en una comunidad, puesto que cada miembro participa del bien que hace todo el cuerpo! (…) Veamos, pues, mis queridas hijas, de qué manera tenéis que pasar las veinticuatro horas que forman la jornada, lo mismo que las jornadas forman un mes, y los meses los años, los cuales os conducirán hasta la eternidad.” (Conferencia del 31 de julio de 1634, sobre las reglas de vida)

  • Reflexión:

Toda la vida cristiana, y en particular la vocación vicentina, se entiende a la luz de la eternidad. El trabajo diario, las fatigas de la misión, las cruces y alegrías del servicio, todo nos conduce hacia un horizonte definitivo: la comunión eterna con Dios. Para san Vicente, la vida de comunidad y la fidelidad cotidiana eran preparación para esa plenitud, pues cada jornada vivida en caridad y entrega es un paso hacia la eternidad.

El jubileo de los 400 años de la Congregación de la Misión nos recuerda que somos parte de una historia que no termina aquí. Millones de pobres evangelizados, sacerdotes formados, comunidades animadas, misioneros enviados e incluso mártires que dieron su sangre, forman hoy parte de la herencia eterna de la “Pequeña Compañía”. Sus vidas, sembradas en la tierra, florecen en el cielo como frutos de esperanza.

La esperanza de la vida eterna no nos evade de la realidad, sino que le da sentido. Quien sabe que su meta es el cielo, puede entregarse sin reservas en la tierra. Por eso, la misión vicentina no es un esfuerzo pasajero, sino una siembra de eternidad en el corazón de los pobres. Cada gesto de caridad, cada palabra de Evangelio, cada sacrificio escondido se transforma en tesoro eterno.

En tiempos de crisis, guerras y oscuridad, recordar la meta última es fuente de esperanza. No caminamos hacia la nada, sino hacia el abrazo eterno del Padre. Por eso, como Vicente, podemos decir con paz: “Todo nos conduce hasta la eternidad”.

Preguntas:

  • ¿Cómo ilumina mi vida diaria la certeza de la vida eterna?
  • ¿Qué gestos concretos de misión y caridad me ayudan a sembrar esperanza de eternidad en los pobres?
  • ¿Estoy viviendo mi vocación vicentina con los ojos puestos en la meta definitiva?

Gozos

“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”

Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos invita a la amistad
Con esclavos y afligidos dando con ardor un amor abrazador.

En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres.
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar con pasión y celo a Cristo Pan de Vida.

¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán

Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo

¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestros brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.

Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien desde la cruz con amor nos mira.

Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tus hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.

ORACIÓN FINAL
AL CORAZÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL

Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.

Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.

Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen

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