LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
- Este evento ha pasado.
Octavo día de la Novena a San Vicente de Paúl 2025
septiembre 25, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.
Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.
Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.
Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén. Padrenuestro.
ORACIÓN POR EL AÑO JUBILAR
del papa francisco
Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.
ORACIÓN A LA VIRGEN
(De los escritos de San Vicente de Paúl)
Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad. (cfr. XII, 114-129)
¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.
Dios te salve…. Gloria
OCTAVO DÍA
La misión ad gentes y el envío
- Signo: Un globo terráqueo (real o representado en una imagen) junto al cirio central. A su alrededor se colocan huellas de papel o pequeñas siluetas de pies, simbolizando el envío misionero hasta los confines de la tierra.
- Canción: Ay que linda es la caridad.
- Iluminación Bíblica: (Mateo 28, 18-20)
Jesús se acercó a ellos y les habló así: ‘Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’.
- Escuchemos a San Vicente de Paúl:
Le doy gracias a su divina bondad por las bendiciones que da a todas sus misiones, especialmente a la última. (…) Le pido a Nuestro Señor que le dé su espíritu en abundancia para la misión que va a emprender en la pequeña ciudad de Lucerna y que tenga a bien atraer a los herejes al deseo de instruirse y de convertirse. ¡Ojalá Dios quisiera servirse de ustedes para esto! ¡Sería un bien maravilloso y un beneficio de su divina bondad! Con todo nuestro corazón ofreceremos nuestras oraciones por esta intención. (Carta a Juan Martín, superior de Turín, 7 de julio de 1656)
- Reflexión:
La misión ad gentes es la expresión más radical del dinamismo del Evangelio: la Buena Nueva no puede encerrarse en fronteras ni limitarse a un grupo. Jesús envió a sus discípulos a todas las naciones con la certeza de su presencia constante. La Iglesia es misionera por naturaleza, y en ella la Congregación de la Misión participa con un carisma específico: anunciar el Evangelio a los pobres, allí donde estén, incluso más allá de las fronteras culturales y geográficas.
San Vicente alentaba a sus misioneros a dejar la seguridad de lo conocido y lanzarse a lo desconocido, confiando en la Providencia. No se trataba sólo de predicar doctrinas, sino de atraer, de suscitar en los corazones el deseo de conocer y amar a Cristo. Por eso, la misión no se mide por resultados visibles, sino por la fidelidad al envío y la confianza en que es Dios quien obra en lo oculto.
Los vicentinos y las vicentinas han sido enviados a los rincones más diversos: desde Madagascar y Argel hasta China, Polonia y América Latina. Muchos misioneros dejaron su tierra sin saber si volverían; algunos ofrecieron su vida hasta el martirio. Ellos encarnan la verdad de que la misión ad gentes es al mismo tiempo una cruz y una gracia inmensa.
Hoy, el mundo digital, las migraciones masivas, los pueblos que aún no han escuchado el Evangelio y las nuevas culturas urbanas son los “nuevos continentes” donde el Señor sigue enviando a sus discípulos. El jubileo nos invita a renovar la disponibilidad: “Aquí estoy, Señor, envíame” (Is 6,8). Que el ardor misionero no se apague, sino que se extienda como llama viva que lleva esperanza a los que aún no conocen a Cristo.
Preguntas:
- ¿Siento en mi corazón el llamado misionero que va más allá de las fronteras de mi comodidad y seguridad?
- ¿Cómo puedo participar, desde mi realidad, en la misión universal de la Iglesia y de la Congregación?
- ¿Qué nuevos lugares o periferias necesitan hoy que alguien diga: “¡Aquí estoy, envíame, Señor!”?
Gozos
“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”
Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos invita a la amistad
Con esclavos y afligidos dando con ardor un amor abrazador.
En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres.
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar con pasión y celo a Cristo Pan de Vida.
¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán
Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo
¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestros brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.
Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien desde la cruz con amor nos mira.
Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tus hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.
ORACIÓN FINAL
AL CORAZÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL
Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.
Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.
Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen