LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Quinto día novena a la Virgen Milagrosa 2025
noviembre 22, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Padre misericordioso, que en tu inmenso amor nos has dado el signo admirable de la maternidad divina de María, por quien nos llegó Cristo, nuestro Salvador y Redentor. Te pedimos que, de la mano de Ella, caminemos por este mundo sembrando semillas de justicia y de paz, construyendo juntos espacios donde se haga visible tu Reino en medio de nuestros hermanos y hermanas que más sufren.
Padre amoroso, llenos de una esperanza renovada que María nos inspira, nos presentamos ante ti con el corazón sediento y necesitado de tu Palabra. Al meditarla cada día en esta novena, concédenos la gracia de abrirnos al don de la conversión, para que, siendo verdaderos discípulos y misioneros de Cristo, podamos anunciar con gozo la Medalla Milagrosa como un signo profético de tu amor y de tu misericordia para nuestro tiempo.
Padrenuestro.
Gloria.
ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA
Madre, Camino de Esperanza, tú que fuiste iluminada por la fe y creíste en la Palabra de Dios, acompáñanos en esta novena que dirigimos en tu honor, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que, reunidos en torno a tu Hijo, podamos recuperar la frescura del Evangelio y anunciar con alegría la esperanza a un mundo herido por la división y las discordias.
Tus rayos nos infunden la certeza de que nuestra historia está en las manos misericordiosas de Dios, que nos ama y nos ilumina en las noches más oscuras y en los momentos más dolorosos de nuestra vida. Hoy, más que nunca, elevamos nuestro clamor al cielo, implorando un nuevo renacer del corazón y de la fe.
Ayúdanos, Madre, a sembrar en nosotros la Palabra del Señor, a custodiarla con amor y a proclamarla con valentía, para que Cristo, tu Hijo, sea conocido, amado y servido en nuestros hermanos y hermanas.
Amén.
—Oh María sin pecado concebida—
Rogad por nosotros que recurrimos a vos.
GOZOS
Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)
Madre Milagrosa, de ternura y compasión
Que haciendo historia de salvación
Vas caminando siempre con tu pueblo
Que a ti clama en la aflicción.
En mil ochocientos treinta,
En Francia, Calle del Bac,
A una pobre novicia,
La Virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente
Noche silenciosa de julio
Cuando la Madre dejó su trono
Y en una pequeña capilla se presentó.
Siendo la media noche
Un Ángel se apareció
Para darle un anuncio
De parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo
Las puertas se iban abriendo
Y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.
La voz del cielo anunciaba
Que la madre llegó.
La sede sacerdotal
Con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
Sus manos colocó
En las piernas de la Madre
Y misión ella le encomendó.
En una mañana de noviembre
Los sentidos no lo percibieron
Pero un corazón atento
Nuevamente a la Madre observó;
Las insignias de la medalla
Que Catalina vio, se han convertido
En fuente de milagro y amor.
“Haz acuñar una medalla”
La Virgen le pidió
Para ser portada por los fieles
Con gran devoción.
Madre Santa, tu gran
Medalla es emblema de tu amor,
Hoy nosotros la portamos
En señal de filiación.
Sea por Jesús, sea por María
Sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
Alcancemos la gracia de convertir
Nuestros dolores en alegrías.
QUINTO DÍA
María, la que escucha y guarda la Palabra
Signo: La imagen de la Virgen Milagrosa y delante de la imagen la Palabra de Dios y varias cintas de colores que salen de ella.
Comentario inicial:
En el nacimiento de Jesús, todo parece sencillo y a la vez inmenso. Los pastores llegan, narran lo que han visto, y todos se maravillan. Pero en medio de aquella alegría, hay una mujer que no se deja llevar por el ruido: María. Ella no habla mucho, no busca protagonismo. Escucha, contempla y guarda cada palabra, cada gesto, cada misterio en su corazón. Hoy contemplamos a María, la que guarda la Palabra, la mujer interior, atenta, profunda, que enseña a descubrir a Dios en lo pequeño y a dejar que la fe madure en el silencio.
Canto: Míranos oh Milagrosa
https://www.youtube.com/watch?v=WlLGw1T3Sks
Lectura del Texto Bíblico: San Lucas 2, 15-19
“Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Palabra del Señor.
Reflexión:
En Belén todo es nuevo: el llanto del Niño, el asombro de los pastores, la ternura de José. Pero en medio de ese movimiento, María mantiene una actitud que revela la madurez de su fe: escucha, acoge y medita. No necesita entenderlo todo para amar. Su fe no se apoya en los milagros que ve, sino en la certeza interior de que Dios cumple lo que promete.
María no “acumula recuerdos”; guarda experiencias. Lasguarda como semillas de esperanza que el tiempo hará germinar. Guardar en el corazón no significa retener, sino permitir que las cosas adquieran sentido a la luz de Dios. María no vive de emociones pasajeras, sino de una contemplación profunda que transforma lo vivido en oración.
La actitud de María contrasta con la prisa y la dispersión del mundo. En una sociedad donde todo se comenta, se exhibe y se consume, ella enseña el arte de callar para comprender, de mirar para amar, de escuchar para servir. Su corazón es el primer Evangelio: en él, la Palabra encuentra una casa donde resonar y permanecer.
Contemplar a María en esta escena es entrar en la escuela del silencio fecundo. Su corazón representado en la Medalla Milagrosa con una espada que lo traspasa nos recuerda que amar y escuchar tienen un precio. El corazón de María no es solo símbolo de ternura, sino de fortaleza. Es el lugar donde el dolor se convierte en fidelidad y la incertidumbre en confianza. Ese corazón que medita en Belén será el mismo que, años más tarde, permanecerá firme junto a la cruz.
Así, María nos enseña que la verdadera fe no huye del dolor, sino que lo abraza con esperanza. Guardar la Palabra en el corazón es dejar que ella ilumine también nuestras sombras, y que transforme la memoria en alabanza. Cuando oramos con María, aprendemos que la vida no se entiende de inmediato; se comprende con el tiempo, con amor y con fe.
Preguntas:
1. ¿Qué experiencias de mi vida necesito guardar en el corazón para comprenderlas a la luz de Dios?
2. ¿He aprendido a escuchar más que a hablar, a meditar más que a reaccionar?
3. ¿Dejo que el amor de Dios transforme mi corazón, incluso cuando está traspasado por la prueba o el dolor?
ORACIONES FINALES EN HONOR A LA VIRGEN MILAGROSA
Gozos opcionales
Estribillo:
¡Oh Virgen Milagrosa, llena de gracia!
Tu Medalla es signo de amor sin fin,
en tus brazos se abraza la esperanza,
y en tu luz hallamos el camino divino.
I En la Medalla brilla la luz del cielo,
la cruz que aplasta toda oscuridad;
tus rayos, oh Madre, son puro anhelo
de guiar a tus hijos hacia la verdad.
II Como el globo terráqueo en tus manos,
representas al mundo con tu amor maternal, eres la Madre que escucha y acompaña, y en tu ternura, hallamos el consuelo cabal.
III Las doce estrellas que adornan tu manto, reflejan al pueblo de Dios con fervor, en su unión y en su fe se encuentra el canto que celebra la vida en tu amor y esplendor.
IV En el corazón de Jesús y el tuyo,
late fuerte la redención del pecador;
con tu mirada, transformas el murmullo
en melodía de amor y de salvación.
V Oh Virgen Milagrosa, en ti se revela
la gracia divina que al mundo renueva,
tu Medalla es el signo que consuela,
un faro en la tormenta que siempre nos eleva.
VI A ti elevamos nuestras súplicas, Madre, en cada misterio, en cada aflicción; tu presencia nos guía y nunca se acabe la esperanza que brota de tu corazón.
(Se sugiere escoger alguna de las que presentamos a continuación)
Consagración al Hogar
¡Oh Virgen María! A tu corazón inmaculado consagramos hoy nuestro hogar y todos los que lo habitan. Que nuestra casa sea, como la de Nazaret, morada de paz y de felicidad por el cumplimiento de la voluntad de Dios, por la práctica de la caridad y por el perfecto abandono a la Divina Providencia. Vela sobre cuantos lo habita; ayúdales a vivir cristianamente; cúbrelos con tu protección maternal y dígnate, ¡Oh bondadosa Virgen María! Formar de nuevo en el cielo este hogar que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado. Amén
Oración a la Virgen Milagrosa
Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria. En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma. Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén
.
Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.
Salve Regina
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
Oremos: Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Sub tuum
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.
Acordaos
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
OTRAS ORACIONES
Letanías
Dios, Padre celestial… ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo evangelizador de los pobres…
Dios, Espíritu Santo fruto del amor…
Santísima Trinidad, un solo Dios…
Santa María… ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios.
María, Mujer sin Mancha.
María, Madre Inmaculada.
María, Reina de las Misiones.
María, Promotora de la Caridad.
María, Mujer pobre, sencilla y humilde.
María, Virgen Poderosa.
María, Mujer Anunciada por los profetas.
María, Nueva Eva.
María, Madre Milagrosa.
María, Madre de todos en particular.
María, Intercesora de todas las Gracias.
María, Madre de los rayos.
María, Artífice de la Medalla Milagrosa.
María, Que te manifestaste a Santa Catalina Labouré.
María, Madre de las Hijas de la Caridad.
María, Madre de la Congregación de la Misión.
María, Inspiradora de todos los Movimientos Marianos Vicentinos.
María, Patrona de toda la Familia Vicentina.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oremos: Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.