LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Reflexion Domingo del Tiempo Ordinario
octubre 26, 2025

🕊️ 1. Introducción teológica
Esta parábola está dirigida “a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás”. Jesús confronta dos actitudes religiosas opuestas: la autojustificación orgullosa del fariseo y la humildad penitente del publicano. Esta enseñanza revela que Dios no se deja engañar por las apariencias externas ni por la religiosidad vacía, sino que mira el corazón.
El mensaje central es claro: la verdadera justicia ante Dios no nace del mérito personal, sino de la humildad que reconoce la propia miseria y se abre a la gracia divina. La escena transcurre en el templo, lugar de encuentro con Dios, pero Jesús revela que no todos los que oran son escuchados de igual manera.
📖 2. Exégesis versículo a versículo
Versículo 9
“Dijo también esta parábola a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás.”
Lucas identifica claramente al destinatario: personas religiosas seguras de sí mismas. El problema no es la práctica de la fe, sino el orgullo que conduce al desprecio del otro. Esta introducción enmarca toda la parábola como una advertencia contra la autosuficiencia espiritual.
Versículo 10
“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano.”
El templo era el centro de la vida religiosa judía. Jesús contrapone dos figuras reconocibles:
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El fariseo: representante del cumplimiento de la ley.
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El publicano: cobrador de impuestos, considerado traidor y pecador.
Ambos realizan la misma acción —suben al templo a orar— pero con intenciones y actitudes distintas.
Versículos 11-12
“El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.’”
Aunque comienza agradeciendo, el fariseo no alaba a Dios, sino a sí mismo. Su oración es un monólogo narcisista, una exhibición de virtudes. Cumple prácticas piadosas, pero con un corazón orgulloso. Su comparación con los demás refleja desprecio y arrogancia espiritual.
Versículo 13
“El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Oh Dios, ten compasión de este pecador.’”
La actitud del publicano es opuesta:
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Se queda al fondo (humildad).
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No mira al cielo (reconocimiento de indignidad).
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Se golpea el pecho (signo de arrepentimiento).
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Su oración es breve, directa, confiada: pide misericordia.
Es un acto de fe pura. No presume, solo suplica.
Versículo 14
“Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”
Aquí está el giro radical de la parábola. El “justificado” no es quien cumple más ritos, sino quien se reconoce pecador y se abre a la gracia. Jesús invierte los esquemas religiosos: la salvación no se gana por méritos, sino que se recibe como don de Dios a los humildes.
🧠 3. Claves teológicas
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Dios ve el corazón, no las apariencias ni las prácticas exteriores.
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La justificación es gracia, no premio. Solo se recibe desde la humildad.
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El orgullo religioso es un peligro real: puede endurecer el alma y alejarnos de la verdad.
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La verdadera oración nace del reconocimiento de nuestra pequeñez y de la confianza en la misericordia divina.
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Esta parábola se relaciona con la enseñanza paulina: «nadie se justifica por las obras de la ley» (cf. Romanos 3,20), sino por la fe.
🙏 4. Aplicación pastoral
Hoy, Jesús nos pregunta: ¿con qué actitud entro yo al templo, a la misa, a la oración? ¿Con la del fariseo que presume y juzga, o con la del publicano que suplica y confía?
Esta parábola no condena la piedad ni las buenas obras, sino el orgullo espiritual. Nos recuerda que podemos hacer cosas “religiosas” y, sin embargo, tener un corazón alejado de Dios. También nos consuela: Dios acoge incluso al más pecador si se acerca con humildad.
La oración más sincera es la del alma que se sabe necesitada. Cuando me reconozco limitada, herida, frágil… Dios me justifica, me eleva, me abraza.
🙏 5. Oración final
Señor mío y Dios mío,
no tengo nada que ofrecerte más que mi corazón frágil.
No vengo a presumir, sino a pedirte perdón.
No soy mejor que nadie, y tú lo sabes.
Como el publicano, solo me atrevo a decir:
“Ten compasión de esta pecadora”.
Hazme humilde, sincera, libre del juicio y el orgullo.
Que siempre pueda volver a casa justificada,
no por lo que haga, sino por tu amor.
Amén.