LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS

Cargando Eventos

« Todos los Eventos

  • Este evento ha pasado.

Segundo día de la Novena a San Vicente de Paúl 2025

septiembre 19, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.

Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.

Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.

Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén. Padrenuestro.

ORACIÓN POR EL AÑO JUBILAR
del papa francisco

Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.

Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.

La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.

A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.

ORACIÓN A LA VIRGEN
(De los escritos de San Vicente de Paúl)

Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad. (cfr. XII, 114-129)

¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.

Dios te salve…. Gloria

SEGUNDO DÍA
El celo apostólico
como ardor misionero

  • Signo: Una antorcha encendida o, si no es posible, varias velas pequeñas alrededor del cirio central.
  • Canción: Ay que linda es la caridad
  • Iluminación Bíblica: (1 Corintios 9, 16-23)

Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio. Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley – aun sin estarlo – para ganar a los que están bajo ella. Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.

  • Escuchemos a San Vicente de Paúl:

Expulsemos lejos de nosotros esa flojera; pidamos a Dios que, por su misericordia, conserve lo que liberalmente nos ha dado; es un gran regalo el que ha hecho a la compañía, pidamos a su bondad que no nos hagamos indignos de él por nuestra negligencia; recemos mucho por ello. ¡Oh Salvador! Suscita en nosotros, suscita ese espíritu de san Lorenzo, que le hizo triunfar en medio de las llamas de la furia del infierno; suscita en nuestros corazones ese fuego divino, ese fervor ardiente que nos haga triunfar de todas las artimañas del diablo y de nuestra mala naturaleza, que se opone al bien; fomenta en nosotros un celo ardiente de procurar tu gloria en todas nuestras ocupaciones, para que perseveremos en ellas constantemente hasta la muerte, a ejemplo de ese gran santo cuya fiesta celebramos; te lo pedimos por su intercesión. (Repetición de la oración del 10 de agosto de 1655).

  • Reflexión:

El celo apostólico es la pasión que nace de la experiencia del amor de Dios y se traduce en un deseo inquebrantable de anunciar el Evangelio. Para san Vicente, no se trata de un entusiasmo pasajero, sino de un ardor constante, que brota de un corazón inflamado por la caridad. El verdadero celo no es activismo, ni búsqueda de reconocimiento personal, sino el desbordamiento de un corazón que ama a Dios y, por eso mismo, no puede dejar de amar a los hombres.

San Pablo expresaba esta convicción con fuerza: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16). Y Jesús mismo reveló su ardor: “He venido a traer fuego a la tierra” (Lc 12,49). San Vicente supo unir estas palabras a la vida concreta: el celo es lo que mueve a salir de uno mismo, a renunciar a comodidades, a superar miedos, para que Cristo sea conocido y amado.

El celo llevó a los primeros misioneros a recorrer pueblos y aldeas de Francia, a formar al clero, a partir a tierras lejanas como Madagascar, Polonia, China o Argelia. Es el mismo celo que llevó a tantos cohermanos a entregar su vida hasta el martirio. Y es el mismo celo que hoy nos urge a anunciar el Evangelio en las periferias existenciales: entre los migrantes, en los barrios empobrecidos, en el mundo digital, en las nuevas fronteras de la cultura y la comunicación.

El Papa Francisco nos recordó que el celo apostólico es el núcleo de toda misión: “La misión es la pasión por Jesús y al mismo tiempo pasión por su pueblo”. Un jubileo sin celo sería una celebración vacía. En cambio, si dejamos que este fuego del Espíritu reavive nuestra vocación, podremos encender otros corazones y mantener viva la llama de Vicente en este siglo XXI.

Preguntas:

  • ¿Vivo mi vocación con ardor misionero o con rutina?
  • ¿Qué me impide hoy dejar que el amor de Dios se transforme en celo apostólico?
  • ¿Cómo puedo encender en otros la llama de la misión que yo mismo he recibido?

Gozos

“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”

Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos invita a la amistad
Con esclavos y afligidos dando con ardor un amor abrazador.

En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres.
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar con pasión y celo a Cristo Pan de Vida.

¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán

Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo

¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestros brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.

Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien desde la cruz con amor nos mira.

Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tus hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.

ORACIÓN FINAL
AL CORAZÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL

Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.

Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.

Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen

Imprimir o guardar en PDF
Volver arriba