LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS

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Séptimo dia novena a la Virgen Milagrosa 2025

noviembre 24, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

Padre misericordioso, que en tu inmenso amor nos has dado el signo admirable de la maternidad divina de María, por quien nos llegó Cristo, nuestro Salvador y Redentor. Te pedimos que, de la mano de Ella, caminemos por este mundo sembrando semillas de justicia y de paz, construyendo juntos espacios donde se haga visible tu Reino en medio de nuestros hermanos y hermanas que más sufren.

 

Padre amoroso, llenos de una esperanza renovada que María nos inspira, nos presentamos ante ti con el corazón sediento y necesitado de tu Palabra. Al meditarla cada día en esta novena, concédenos la gracia de abrirnos al don de la conversión, para que, siendo verdaderos discípulos y misioneros de Cristo, podamos anunciar con gozo la Medalla Milagrosa como un signo profético de tu amor y de tu misericordia para nuestro tiempo.

 

Padrenuestro.

Gloria.

 

ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA

 

Madre, Camino de Esperanza, tú que fuiste iluminada por la fe y creíste en la Palabra de Dios, acompáñanos en esta novena que dirigimos en tu honor, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que, reunidos en torno a tu Hijo, podamos recuperar la frescura del Evangelio y anunciar con alegría la esperanza a un mundo herido por la división y las discordias.

 

Tus rayos nos infunden la certeza de que nuestra historia está en las manos misericordiosas de Dios, que nos ama y nos ilumina en las noches más oscuras y en los momentos más dolorosos de nuestra vida. Hoy, más que nunca, elevamos nuestro clamor al cielo, implorando un nuevo renacer del corazón y de la fe.

 

Ayúdanos, Madre, a sembrar en nosotros la Palabra del Señor, a custodiarla con amor y a proclamarla con valentía, para que Cristo, tu Hijo, sea conocido, amado y servido en nuestros hermanos y hermanas.

 

Amén.

 

—Oh María sin pecado concebida—

Rogad por nosotros que recurrimos a vos.

 

GOZOS

 

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

 

Madre Milagrosa, de ternura y compasión

Que haciendo historia de salvación

Vas caminando siempre con tu pueblo

Que a ti clama en la aflicción.

 

En mil ochocientos treinta,

En Francia, Calle del Bac,

A una pobre novicia,

La Virgen santa se apareció.

Eran vísperas de San Vicente

Noche silenciosa de julio

Cuando la Madre dejó su trono

Y en una pequeña capilla se presentó.

 

Siendo la media noche

Un Ángel se apareció

Para darle un anuncio

De parte de la Madre de Dios.

Las luces se iban prendiendo

Las puertas se iban abriendo

Y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

 

La voz del cielo anunciaba

Que la madre llegó.

La sede sacerdotal

Con humildad ella ocupó.

La hermana Catalina

Sus manos colocó

En las piernas de la Madre

Y misión ella le encomendó.

 

En una mañana de noviembre

Los sentidos no lo percibieron

Pero un corazón atento

Nuevamente a la Madre observó;

Las insignias de la medalla

Que Catalina vio, se han convertido

En fuente de milagro y amor.

 

“Haz acuñar una medalla”

La Virgen le pidió

Para ser portada por los fieles

Con gran devoción.

Madre Santa, tu gran

Medalla es emblema de tu amor,

Hoy nosotros la portamos

En señal de filiación.

 

Sea por Jesús, sea por María

Sea por el ejemplo de los santos que nos guían.

Y que por la Medalla Milagrosa

Alcancemos la gracia de convertir

Nuestros dolores en alegrías.

 

SÉPTIMO DÍA

María, la Madre al pie de la Cruz

 

Signo: La Cruz y la imagen de una capilla o templo, junto a ellos la palabra “madre” y varias frases que reflejen la actitud maternal de la Iglesia.

 

Comentario inicial:

 

El camino de la fe conduce inevitablemente al Calvario. Allí donde muchos retroceden, María permanece. Junto a la cruz, su amor alcanza su forma más pura: no un amor que retiene, sino un amor que ofrece. No hay palabras que puedan contener el misterio de ese instante: el Hijo entrega la vida, y la Madre entrega al Hijo. Hoy contemplamos a María, la Madre al pie de la Cruz, la mujer que ama hasta el extremo, que acompaña sin exigir, que sufre sin desesperar y que transforma el dolor en esperanza.

 

Canto: Mi medallita 

 

https://www.youtube.com/watch?v=FuNAoQIQh1Q

 

Lectura del Texto Bíblico: Juan 19, 25-27

 

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”. Palabra del Señor.

 

Reflexión:

 

El Evangelio de san Juan nos lleva al lugar donde el amor se vuelve total: el Calvario. Allí, el dolor no destruye la fe de María, sino que la purifica. Ella no huye, no se rebela, no se lamenta. Permanece. Su presencia silenciosa junto a la cruz es el acto de fe más grande de toda la historia humana: creer en el amor cuando todo parece perdido.

 

Jesús, desde lo alto de la cruz, no pronuncia palabras de consuelo; pronuncia una entrega: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre.” En esas palabras, el Señor realiza un gesto eterno: confía a María la maternidad de todos los creyentes. Desde ese momento, la historia cambia: la Madre del Redentor se convierte en Madre de la Iglesia, y su dolor se transforma en fecundidad espiritual.

 

María no se aferra a su Hijo crucificado; lo entrega. Su corazón traspasado participa del amor redentor: donde Jesús ofrece su cuerpo, ella ofrece su alma. La salvación no es solo fruto de la obediencia del Hijo, sino también de la fidelidad de una Madre que se une, desde su humanidad, al sacrificio del Amor. Ella permanece de pie, no vencida, sino firme, como testigo de la esperanza.

 

En la Medalla Milagrosa, contemplamos bajo la cruz los dos corazones: el de Jesús, coronado de espinas, y el de María, atravesado por una espada. Estos corazones no son dos dolores separados, sino una sola llama de amor. El corazón de Cristo revela la pasión de un Dios que ama hasta el extremo; el de María, la compasión perfecta que acompaña y se une sin poseer.

Ambos laten al unísono, mostrando que la redención no se impone: se comparte.

 

María al pie de la cruz nos enseña que la fe verdadera no consiste en entender los designios de Dios, sino en permanecer fiel cuando todo parece oscuro. En su silencio se escucha el eco del “sí” de Nazaret llevado hasta las últimas consecuencias. Ella es la mujer fuerte que, en medio del dolor, sigue creyendo que la vida vence, que el amor no se apaga, que la cruz no es el final, sino el umbral de la gloria.

 

Preguntas:

 

1. ¿Permanezco de pie, como María, en medio de las cruces y pruebas de mi vida?

 

2. ¿He aprendido a ofrecer mi sufrimiento como un acto de amor unido al de Cristo?

 

3. ¿Qué significa para mí vivir con un corazón traspasado, que ama incluso cuando duele?

ORACIONES FINALES EN HONOR A LA VIRGEN MILAGROSA

 

Gozos opcionales

 

Estribillo:

¡Oh Virgen Milagrosa, llena de gracia!

Tu Medalla es signo de amor sin fin,

en tus brazos se abraza la esperanza,

y en tu luz hallamos el camino divino.

 

 

I En la Medalla brilla la luz del cielo,

la cruz que aplasta toda oscuridad;

tus rayos, oh Madre, son puro anhelo

de guiar a tus hijos hacia la verdad.

 

II Como el globo terráqueo en tus manos,

representas al mundo con tu amor maternal, eres la Madre que escucha y acompaña, y en tu ternura, hallamos el consuelo cabal.

 

III Las doce estrellas que adornan tu manto, reflejan al pueblo de Dios con fervor, en su unión y en su fe se encuentra el canto que celebra la vida en tu amor y esplendor.

IV En el corazón de Jesús y el tuyo,

late fuerte la redención del pecador;

con tu mirada, transformas el murmullo

en melodía de amor y de salvación.

 

V Oh Virgen Milagrosa, en ti se revela

la gracia divina que al mundo renueva,

tu Medalla es el signo que consuela,

un faro en la tormenta que siempre nos eleva.

 

VI A ti elevamos nuestras súplicas, Madre, en cada misterio, en cada aflicción; tu presencia nos guía y nunca se acabe la esperanza que brota de tu corazón.

 

(Se sugiere escoger alguna de las que presentamos a continuación)

 

Consagración al Hogar

¡Oh Virgen María! A tu corazón inmaculado consagramos hoy nuestro hogar y todos los que lo habitan. Que nuestra casa sea, como la de Nazaret, morada de paz y de felicidad por el cumplimiento de la voluntad de Dios, por la práctica de la caridad y por el perfecto abandono a la Divina Providencia. Vela sobre cuantos lo habita; ayúdales a vivir cristianamente; cúbrelos con tu protección maternal y dígnate, ¡Oh bondadosa Virgen María! Formar de nuevo en el cielo este hogar que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado. Amén

 

Oración a la Virgen Milagrosa

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria. En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues  concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma. Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén

.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

 

Salve Regina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

 

Oremos: Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Sub tuum

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

 

Acordaos

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

 

OTRAS ORACIONES

 

Letanías

 

Dios, Padre celestial… ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo evangelizador de los pobres…

Dios, Espíritu Santo fruto del amor…

Santísima Trinidad, un solo Dios…

 

Santa María… ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios.

María, Mujer sin Mancha.

María, Madre Inmaculada.

María, Reina de las Misiones.

María, Promotora de la Caridad.

María, Mujer pobre, sencilla y humilde.

María, Virgen Poderosa.

María, Mujer Anunciada por los profetas.

María, Nueva Eva.

María, Madre Milagrosa.

María, Madre de todos en particular.

María, Intercesora de todas las Gracias.

María, Madre de los rayos.

María, Artífice de la Medalla Milagrosa.

María, Que te manifestaste a Santa Catalina Labouré.

María, Madre de las Hijas de la Caridad.

María, Madre de la Congregación de la Misión.

María, Inspiradora de todos los Movimientos Marianos Vicentinos.

María, Patrona de toda la Familia Vicentina.

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

Oremos: Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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Detalles

Fecha:
noviembre 24, 2025
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