LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Sexto día de la Novena a San Vicente de Paúl 2025
septiembre 23, 2025

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.
Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.
Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.
Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén. Padrenuestro.
ORACIÓN POR EL AÑO JUBILAR
del papa francisco
Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.
ORACIÓN A LA VIRGEN
(De los escritos de San Vicente de Paúl)
Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad. (cfr. XII, 114-129)
¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.
Dios te salve…. Gloria
SEXTO DÍA
La paciencia y la mansedumbre
como testimonio de esperanza
- Signo: Un ramo de olivo o de palma junto al cirio central. El olivo simboliza la paz y la mansedumbre; la palma recuerda la victoria de la paciencia cristiana que, aun en la prueba, vence con la esperanza.
- Canción: Dime tú.
- Iluminación Bíblica: (Colosenses 3, 12-17)
Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, así también haced vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones; a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; enseñad y amonestaos unos a otros con toda sabiduría, cantad a Dios con gratitud en vuestros corazones salmos, himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.
- Escuchemos a San Vicente de Paúl:
Nada le digo de esa pena que tiene usted que soportar de parte de las personas con quienes vive, a no ser que, con la ayuda de Dios, procuraremos remediarlo cuanto antes. Entretanto le pido a Nuestro Señor que le comunique su humildad y su paciencia para superar esas dificultades.
Le doy gracias a Dios de que vaya cada vez mejor ese seminario en el que ustedes trabajan; le ruego a la divina bondad que lo haga crecer en número y en virtud. Espero que contribuya usted también a ello con sus instrucciones y ejemplos. (Carta a Pedro Daveroult, diciembre de 1657)
- Reflexión:
La paciencia y la mansedumbre son virtudes inseparables de la esperanza cristiana. No se trata de aguantar resignados ni de callar ante las injusticias, sino de vivir con un corazón sereno, confiado en que Dios conduce la historia y que ninguna prueba es más fuerte que su gracia. La mansedumbre es la fuerza de quien sabe responder al mal con bien, y la paciencia es la perseverancia que no se rinde ante las dificultades.
San Vicente, que enfrentó conflictos internos en la Congregación, persecuciones externas y calumnias personales, supo cultivar un espíritu de paciencia. En sus cartas exhorta a no dejarse vencer por la impaciencia ni por la dureza del corazón, sino a revestirse de la mansedumbre de Cristo, “que fue calumniado y maltratado, pero no abrió la boca” (cf. Is 53,7).
La Iglesia ha debido ejercitar estas virtudes: en las expulsiones de Francia durante la Revolución, en las persecuciones en misiones lejanas, en la incomprensión eclesial o social, e incluso en los tiempos de prueba vocacional y pobreza de recursos. Sin paciencia y mansedumbre, el carisma se habría apagado.
Hoy, en un mundo crispado, marcado por la violencia verbal y las tensiones sociales y políticas, los misioneros están llamados a ser testigos de esperanza precisamente a través de estas actitudes. La mansedumbre no es debilidad, sino fortaleza del Espíritu. La paciencia no es pasividad, sino confianza activa en el tiempo de Dios. Ser misioneros de la esperanza implica irradiar paz, escuchar más que gritar, perdonar más que acusar, esperar más que desesperar.
Preguntas:
- ¿Cómo reacciono ante los conflictos: con impaciencia y enojo, o con mansedumbre y confianza en Dios?
- ¿Qué ejemplos de paciencia y mansedumbre encuentro en la historia de la Congregación y en mi comunidad?
- ¿De qué manera puedo ser hoy testigo de esperanza en un mundo marcado por la prisa y la violencia?
Gozos
“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”
Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos invita a la amistad
Con esclavos y afligidos dando con ardor un amor abrazador.
En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres.
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar con pasión y celo a Cristo Pan de Vida.
¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán
Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo
¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestros brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.
Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien desde la cruz con amor nos mira.
Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tus hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.
ORACIÓN FINAL
AL CORAZÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL
Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.
Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.
Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen