Carta · tomo I

A ISABEL DU FAY

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142 [134,I,190-191] A ISABEL DU FAY [Entre 1626 y 1635] 1 Señorita: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Le doy gracias muy humildemente por los rosarios e imágenes que nos ha enviado, y pido a Dios que aprovechen a aquéllos a los que se repartirán, y que El sea su gloria, ya que ha sido El el que le ha dado esta devoción.

Por lo demás, ¿es usted fiel a lo que se le ha ordenado sobre su manera de pasar la cuaresma, señorita?

Le suplico que, si no lo es, lo sea y que me diga cómo está.

Me encomiendo muy humildemente a sus oraciones y le ruego que le entregue la adjunta al señor de Vincy.

Soy, en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAÚL 143 [135,I,191-196] LA SEÑORA GOUSSAULT A SAN VICENTE Mi reverendo Padre: Por la misericordia de Dios hemos oído todos los días la santa misa.

Cuando subíamos n la carroza, yo decía el In viam pacis y todos me contestaban; luego les recordaba los puntos de la oración, y finalmente rezábamos el Angelus.

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A veces el primero de nuestros coloquios era sobre los pensamientos de nuestra oración, y luego, en algún discurso más recreativo, sobre nuestras distracciones o nuestros sueños, y a veces a hacer la guerra a los que habían dicho alguna cosa al revés, luego Grandnom 1 leía durante una media hora el Peregrino de Loreto; luego, dos de nuestras jóvenes cantaban las letanías del Santo Nombre de Jesús y nosotras respondíamos lo mismo que ellas habían cantado.

Cuando ________ Carta 142.

— Reg. 1, f.º 24.

El copista advierte que la escritura del original era de san Vicente. 1.

Igual observación que en la carta 105, nota 1.

Ll carta fue escrita durante la cuaresma.

Carta 143 (CA).

— Bibl.

Sainte-Genevieve de París ms. 3.277, f.º 283 s. 1.

Intendente de la señora Goussault. 243

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pasábamos por alguna aldea, saludábamos a su ángel de la guarda, y en la aldea donde teníamos que pararnos, pedía una ayuda particular a Nuestro Señor.

En Etréchy 2, nuestra primera comida.

Llegué a la Iglesia y pregunté si había algún hospital.

Encontré algunos niños con los que conversé; y me vino al pensamiento que eran hijos de Dios.

Sentí gran alegría con ellos, haciéndoles decir el Padrenuestro; así se me pasó la pequeña tristeza que había tenido por la mañana al partir.

A todas las horas que daba mi reloj, tanto en la carroza, como fuera, decíamos un Ave María, poniéndonos en la presencia de Dios y pidiéndole el cumplimiento de su santa voluntad.

En Etampes, nuestra primera noche.

Al pasar por delante de la iglesia, hice que me bajaran y envié a ver dónde estaba el hospital, que se encontraba muy lejos.

Sin embargo, me fui hasta él a pie solamente con mi hija y el lacayo.

Me dirigí a una joven religiosa, que resultó ser la superiora.

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Me estuve entreteniendo con ella, mientras que mi lacayo iba a comprar alguna cosa para dársela a los enfermos; y como yo le hablara de la necesidad de un director, ella me miró a la cara.

Y o estaba vestida con un cuello bajo, sin verdugado 3, como una sirviente.

Ella me dijo: ¿qué mujer es usted?

¿está usted casada?

Y o he oído hablar mucho de una tal señorita Acarie 4, pero creo que es usted otra distinta; y empezó a decirme cómo ella había deseado ser de las hospitalarias, que la habían escogido para ser superiora de seis religiosas, que están allí sin reforma, pero que en dos años, aún no había hecho nada.

La animé mucho.

Me dijo que sería menester que fuese ella a París.

Le ofrecí mi casa.

Tenía grandes deseos de rogar a Dios por ella.

En la hostería oí decir que la hostelera estaba muy afligida por su hijo; estuve consolándola después de la cena, y luego señalé el tema de la oración e hice el examen como de ordinario. ________ 2.

Ayuntamiento del distrito de Etampes. 3.

Era una especie de almohadilla que las mujeres se ponían bajo la falda para ahuecarla. 4.

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Bárbara Avrillot, convertida por su matrimonio en señora Acarie y por su profesión religiosa en María de la Encarnación, fundadora de las carmelitas reformadas de Francia, mujer célebre por sus virtudes y sus milagros, que le valieron en 1791 los honores de la beatificación.

Murió en Pontoise el 18 de abril de 1618, a los 53 años de edad.

Su vida, escrita en 1621 por Andrés Duval, doctor por la Sorbona, ha tentado la pluma de varios otros biógrafos hasta nuestros días. 244

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Al día siguiente, a la hora de comer, en Angerville 5, donde no encontré hospital.

Estuve en la iglesia mientras se preparaba la comida, después de la cual bajé y me encontré con una gran cantidad de pobres que me esperaban, y también con muchos niños y personas mayores que se mostraban asombrados.

Empecé por obligarles a hacer la señal de la cruz, que muchos de ellos no sabían hacer, y me causaron mucha lástima.

Me parecieron de buen corazón.

Fui a dormir a Artenay 6. donde tuve el catecismo de adultos en la iglesia, como creo haberlo encargado usted; luego a comer a Orleans, adonde llegue en ayunas a los padres jesuitas para poder comulgar, porque era jueves; me admiré de cómo encontraba todas las cosas a punto, tal como podía desear, tanto para el alma como para el cuerpo.

Su hospital es rico, según me han dicho, mas no por eso están mejor los enfermos.

Hay pocas religiosas, y tienen a sus órdenes varias sirvientas, de las que se fían demasiado.

Me había propuesto detenerme allí para algunos asuntos.

No sé cómo me disgusté tan pronto.

Estaba alojada en casa de unos hugonotes.

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Lo dejé todo allí y me fui a dormir a Cléry 7, en donde visité e hice decir la misa al día siguiente en Notre-Dame, y comí en Saint-Dyé 8, en donde encontré la iglesia muy bien servida, y a los pobres y niños mejor instruidos que en cualquier otra parte.

Fui a dormir a Blois, donde encontré muchas devociones, pero el hospital muy poco visitado y muy en desorden.

Hablé con una de mis primas, muy devota, que me dijo que el Padre Lallemant, superior de los jesuitas 9, les había exhortado a visitarlo, pero que quizás Dios había permitido que fuese yo allá para que vieran cómo en París van al hospital las mujeres de calidad y ellas se animasen también a ir.

No me detuve allí, a causa del sarampión que había en casa de mi tío, de modo que fui a comer a Veuves 10 y a dormir a Amboise, donde Dios me concedió muchas gracias.

Su hospital es pobre; se ________ 5.

Ayuntamiento del distrito de Etampes. 6.

Hoy capital del cantón del Loiret. 7.

En el Loiret. 8.

En el Loir-et-Cher. 9.

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Jerónimo Lallemant, nacido en París el 27 de abril de 1593, recibido en el noviciado de los jesuitas el 2 de octubre de 1610, muerto en Quebec el 26 de enero de 1673.

Después de enseñar humanidades y filosofía y haber sido rector en Blois y Le Fleche, fue superior de la misión del Canadá.

Dejó interesantes relaciones sobre esta misión, que fueron publicadas en Quebec en 1858. 10.

Ayuntamiento de Loir-et-Cher. 245

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lleva allá a los transeúntes lisiados y a los huérfanos, pero no a los enfermos.

Hay un comerciante que ha hecho una fundación para una maestra de escuela, ante la cual estuve yo preguntando a los pobres, y le rogué que viniese a verme el día siguiente, lo que ella hizo y yo quedé muy edificada.

Era el primer domingo del mes.

Me confesé y comulgué en los padres Mínimos y por la tarde partí de nuevo a dormir en Tours, donde Vi el mejor hospital y el mejor ordenado de todos; al día siguiente comulgué en san Francisco de Paula, donde había indulgencias y gran concurso del pueblo, y después de comer marché y fui a dormir a Angers, y al día siguiente fui a oír la santa misa en Chouzé 11, que es de este obispado; el buen sacerdote que dijo la misa tendría mucha necesidad, según creo, de ver una misión; incluso se me ocurrió decirle algo de esto al señor de Angers.

¡Los niños están tan poco instruidos!

De allí me fui a Saumur, donde estuve aquel día, el miércoles entero y el jueves, en que comulgué también.

Todos mis acompañantes sintieron gran devoción.

Apenas divisamos el lugar, cantamos el Te Deum.

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Me olvidaba de hablarle de lo que hacíamos después de comer: a veces rezábamos el rosario a dos coros, todos los días las letanías de la Virgen, y los demás cantaban lo mismo, para decirlas dos veces.

La recreación duraba tanto como las oraciones.

A veces jugábamos a no decir ni sí ni no; y los que lo decían, pagaban con un Ave María a los que los habían pillado.

Cantábamos el Aleluya y otros himnos, pero todo esto con tanta alegría que uno de mis colonos, que iba a caballo, iba admirado de vernos.

A Catalina le quería enseñar a leer bien y a pronunciar; ella daba unas respuestas y hacía unos razonamientos que nos hacían reír hasta derramar lágrimas.

En fin, padre mío. resulta muy fácil servir a Dios a este precio.

A mi llegada a ésta, vinieron dos señores a mi encuentro y me impidieron ir al hospital y a la iglesia; además, era demasiado temprano.

Marché enseguida para allá y me encontré con una comida magnífica y con mucha gente que vino a recibirme, que, en fin, se me trató a lo grande.

Al día siguiente, no tuve tiempo más que para oír misa.

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Los señores de la Justicia y todos los principales de la ciudad me vinieron a visitar; y todavía al siguiente día tuve muchas dificultades para ir a visitar el hospital, que encontré bastante bien ordenado.

Hay allí una buena señora que ha hecho voto de acabar allí sus días sirviendo a los enfermos, y les ha hecho mucho bien; sobre todo, tiene ________ 11.

Ayuntamiento de Indre-et-Loire 246

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mucho cuidado de su salvación.

Luego, estuve dos veces visitando a los presos, con aquel pensamiento que decía Nuestro Señor en el evangelio: estuve preso.

Les di estampas y rosarios y liberé a algunos pobres presos que me causaron gran piedad.

Lo más desagradable es que todo se supo en la ciudad, y siempre se dice más de lo que hay.

El domingo fui a vísperas a un convento, en donde, contra mi costumbre, estuve dos horas ante el Santísimo Sacramento, cuando se me ocurrió pensar cómo podría hablar del catecismo a estas señoritas de aquí, que me imaginaba tendrían gran necesidad de él.

Me decidí a ir a los pobres, a los enfermos, a donde las llevé y les pregunté a los niños, que estaban bastante bien instruidos.

Hay un buen eclesiástico que los cuida mucho.

Padre mío, esto resultó tan perfectamente bien que la señorita Le Févre, que está casada con un consejero y que tiene cuatro hijos, me dijo a la vuelta que había tenido mucho gusto en ello, y que no sabía casi nada de todo esto, y añadió: «Bien se ve que ama usted a los pobres y que está entre ellos con toda la alegr¿a de su corazón.

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Parecía usted dos veces más hermosa cuando les hablaba».

Padre mío, es admirable que Dios me dé el atrevimiento de hablar ante su sacerdote y por lo menos otras cien personas que me escuchaban y que luego me llenaron de alabanzas; incluso aquel buen sacerdote me dijo que se cre¿a muy feliz de poder acabar sus días a mi lado, sin sueldo ni recompensa, sino solamente oyendo las palabras que saldrían de mi boca.

Estos fueron sus propios tér-minos.

Pues bien, padre mío, es a usted a quien escribo, con la confianza de que alabará a Dios y lo amará por su misericordia infinita.

El me ha concedido en Saumur y aquí gracias que no le puedo decir, a pesar de mi enorme infidelidad; todo esto tiene que arrebatarme en amor hacia El.

Padre mío, ruéguele que humille mi orgullo por el medio que El quiera.

Estoy dispuesta a perderlo todo y a dejarlo todo, prefiriendo la humildad a todos los consuelos y todos los bienes.

El ejemplo de mi Salvador es muy poderoso, pues dejó el seno de su Padre para venir a practicarla en la pobreza y el anonadamiento.

Pero volvamos al hecho del catecismo.

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Y es que, desde entonces, esas buenas señoritas vienen a hacer oración conmigo, y les doy el tema de la oración, pero principalmente a una, que es soltera.

La he encontrado muy conmovida; casi podría decir que está ya ganada.

Hay una buena mujer devota que vino a verme y me dijo que, si yo estuviera aqu¿ un año, convertiría a toda la ciudad.

Le aseguro que me hizo reír mucho.

Les gustan aquí dos cosas: que no pongo 247

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cara de reformada, sino que río de buena gana, y que voy a mi parroquia.

Ultimamente me urgieron mucho para que me dejara retratar.

Tienen aquí un hombre que lo hace perfectamente: fue él el que retrató al difunto monsieur 12, y es la costumbre.

No hay ni una pequeña señora que no lo haga; y después de su muerte, ponen su retrato en la iglesia junto a su tumba.

Pero yo me negué a ello, y me arrepiento, porque me parece que era una falsa humildad el no querer parecer tan vanidosa como para dejarse pintar, y que era mayor virtud acceder a ello por condescendencia.

Ultimamente jugaba una hora al tric-trac 13 Y me he decidido a obedecerles en todo lo que no sea pecado, esto es, hasta que me dé una respuesta, ya que haré todo cuanto me diga.

Y a sabe usted que soy, por el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y obediente servidora.

Angers, 16 abril 1633.

Dirección: Al Padre Vicente de Paúl, superior de los sacerdotes de la Misión, en San Lázaro. 144 [136,I,196-198] A LUISA DE MARILLAC [Abril, 1633] 1 Señorita: La gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea siempre con nosotros.

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No le escribo por mi mano, ya que me acaban de sangrar causa de mi fiebrecilla.

Me he olvidado de enviarle al médico señor Figeard.

Le ruego que me perdone, así como también por no haberle enviado la memoria de los ejercicios, y por aceptar que yo le dijese que no debía enviar a sus jóvenes al lugar que me decía, sin saber del médico si hay peligro o no 2.

Espero, sin embargo, de la bondad de Dios que no permitirá que ocurra nada malo, ya que usted sabe la especial protección que tiene de las personas :le la Caridad. ________ 12.

Nombre que se daba, antes de la Revolución, al mayor de los hermanos del rey. 13.

Chaquete, juego parecido al de damas.

Carta 144 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

Véase nota 3. 2.

Peligro de contagio. 248

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He recibido una carta de la señora Goussault y de la bendición de su viaje 3.

Cuando reciba más noticias, se las comunicaré.

Su carta de ayer se me ha extraviado y no me acuerdo de lo que decía, a no ser de lo de ese joven 4 de que me hablaba y del que le diré que no creo que tenga que dejar la sotana, en la incertidumbre de la c:lección de la condición en que está, y me parece que hay que dejarlo en el estado en que está, hasta que se decida por entero, y que su buena madre no le ayuda bastante a tomar una resolución.

Probablemente lo mejor para él es el estado eclesiástico.

Si tiende a él, creo que hay que animarle.

En cuanto a esa joven que hace los ejercicios 5, puesto que está en su confesión general, puede usted servirse del Busée 6 en francés y proponerle, inmediatamente después de su confesión general, el primer día, la Encarnación; la segunda meditación, de la Natividad, y la repetirá en la tercera oración; la cuarta, de los pastores.

El segundo día, la primera será de la Circuncisión; la 2.ª, de los Magos; la 3.ª. de la Purificación; y la 4.ª, de la vida de Nuestro Señor desde los doce a los treinta años.

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El día tercero, la vocación de los apóstoles; la 2.ª, la primera predicación de Nuestro Señor; la 3.ª y la 4.ª, de las Bienaventuranzas.

El 4.º día será del juicio, en donde le hará usted pensar en la felicidad de los que han tenido piedad de los pobres, y esa meditación la repetirá dos veces; la 3ª y la 4.ª serán de algún misterio de la Pasión, y al final le mandará hacer su regla de vida, esto es, su empleo de la jornada.

Las horas para hacer la oración serán: al levantarse, la primera; la 2.ª, a las diez; la 3.ª, a las dos; y la 4.ª. a las cinco.

Puede leer al Padre Granada 7 y la vida de las santas que se han distinguido en la caridad. ________ 3.

Probablemente la carta anterior. 4.

Se trata evidentemente de Miguel Le Gras, al que no nombra el santo por delicadeza. 5.

Era sin duda una de las jóvenes ocupadas en el servicio de los pobres bajo Luisa de Marillac, o que se proponía abrazar ese estado. 6.

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El Padre Juan Busée, de la Compañía de Jesús, es autor muy estimado de una obra de meditaciones, publicada en Dousi en 1624 con el título Enchiridion piarum meditationum in omnes dominicas, sanctorum festa, Christi passionem et caetera, traducido al francés por los jesuitas y en 1644 por Antonio Portail que añadió varias meditaciones. 7.

El P .

Luis de Granada, dominico, es célebre por su santidad, sus sermones y sus escritos.

Le debemos obras muy estimadas, llenas de elocuencia y de piedad Guia de pecadores, Memorial de la vida cristiana, un Catecismo, Oración y meditación, Vida de Bartolomé de los Mártires.

Han sido publicados sus sermones.

Gregorio XIII decía que Luis de Granada con sus escritos había realizado más milagros que si hubiese dado la 249

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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