Carta · tomo I
A LUISA DE MARILLAC
16 [16,I,31-32] A LUISA DE MARILLAC Verneuil 1, 8 octubre 1627 Señorita: Puesto que su buena compañera quiere que su caridad corporal presente no impida la espiritual en el porvenir y que se distribuya ahora lo que le ha entregado 2, le ruego que me envíe por medio del señor du Coudray 3, portador de la presente, la suma de cincuenta libras, y me haga el favor de asegurarle que Nuestro Señor se lo pagará abundantemente y que he empezado ya a gastar cuatro libras estando en este lugar, para la fundación de la Caridad que aquí se ha establecido, en donde encontramos muy grandes necesidades temporales junto con las espirituales, y la gran cantidad de hugonotes ricos que hay, que se sirven de algunos socorros que proporcionan a los pobres para corromperlos, en lo que hacen un daño indecible.
Envíeme además cuatro camisas y presente nuestros más humildes saludos a su buena compañera, si lo tiene a bien, y procure ________ Carta 16.
— P .
PÉMARTIN, o. c.. 1, 21. 1.
Cerca de Creil, en l'Oise. 2.
Ver la carta número 15. 3.
De ahora en adelante encontraremos a menudo el nombre de Francisco du Coudray.
Nacido en 1586 en la villa de Amiens, ordenado sacerdote en septiembre de 1618, recibido en marzo de 1626 en la Congregación de la Misión, de la cual hasta entonces sólo san Vicente y Antonio Portail formaban parte, era persona dotada de una inteligencia poco común, y dominaba el hebreo lo suficiente como para ser considerado capaz de hacer una nueva traducción de la Biblia.
A éste fue a quien el santo eligió para negociar en Roma la aprobación de la naciente congregación.
Allí estuvo desde 1631 hasta 1635.
Seguidamente lo volveremos a encontrar en París, desde donde realizó cortos viajes a diversos lugares para socorrer a los pobres, asistir a los soldados o dar misiones.
El santo le confió en 1638 la dirección de la casa de Toul, en la que permaneció hasta 1641.
De nuevo fue llamado a San Lázaro en 1641, pasó una parte de 1643 en Marsella, ocupado en la evangelización de los galeotes y en la fundación de un establecimiento en dicha ciudad; en 1644 tomó la dirección de la casa de La Rose (Lot-et-Garonne).
Desgraciadamente, su vasta erudición no estaba respaldada por una ciencia teológica suficientemente sólida.
Sostuvo opiniones excesivamente arriesgadas y en ellas perseveró a pesar de las advertencias que se le hicieron.
Las medidas que san Vicente se vio obligado a tomar para impedir que difundiera sus errores, ensombrecieron los últimos años de su vida.
De la casa de I.a Rose pasó en 1646 a la de Richelieu.
Allí acabó sus días en febrero de 1649, a los 62 años. 101
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