Carta · tomo I
A N...
196 [195,I,291] A N... [Hacia 1635] 1 Hace dos o tres días caí peligrosamente enfermo; esto me hace pensar en la muerte.
Por la gracia de Dios, adoro su voluntad y la acato con todo mi corazón; al examinarme sobre lo que podría causarme alguna pena, he visto que no hay nada, a no ser que todavía no hemos hecho nuestras reglas 2. 197 [196,I,291-293] A GUIDO-FRANClSCO DE MONTHOLON 1 [1635, después del 28 de marzo] 2 Señor: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le diré, con sumo dolor, que soy indigno del honor de su benevolencia, por no haber sabido guardar al señor caballero su hermano 3, que se escapó esta tarde por una puertecilla apartada que sirve ________ Carta 196.
— L.
ABELL Y, o. c.., I, cap.
II, 252. 1.
Abelly dice que este fragmento de carta fue escrito por el santo más de 25 años antes de morir; su muerte tuvo lugar el 27 de septiembre de 1660. 2.
San Vicente no empezó a prepararlas hasta 1642 Carta 197.
— Bulletin du Bibliophile et du Bibliothécaire1872, P . 382.
El original, del que hemos podido tener referencias, pertenece a la familia Montholon; se encuentra en Quevillon, junto a Rouen, en el castillo de la RivièreBourdot. 1.
Señor de Vivier y de Aubervilliers, abogado del parlamento y consejero de Estado, muerto el 24 de enero de 1679, a los 78 años. 2.
Lamberto aux Couteaux informaba a Guido-Francisco de Montholon, el 28 de marzo de 1635, que su hermano estaba desde hacía 2 días en una situación lindante con la locura (Archives du Prince de Montholon de Umbriano.
Inventaire des Titres de la maison de Montholon (1200-1900).
París 1901, en 4.º, n.º 490). 3.
Por haberse casado clandestinamente, el 29 de julio de 1632, con Juana Jeannesson, cuya posición social era inferior a la suya, Juan de Montholon había sido detenido el 5 de diciembre de 1634 Y encerrado en la 317
para nuestro leproso 4, mientras yo hablaba con su secretario que vino a verme de su parte. a propósito de una carta que le había escrito.
Acababa de dejarlo con un religioso de aquí 5 en el jardín con M. de Saint-Louin.
Al llegar a verme, no hice más que conducirle hasta la puerta, donde me dijeron que me aguardaba su secretario; y apenas habíamos empezado a hablar cuando vinieron a decirme: ¡Que se escapa ese gentilhombre!
Fui inmediatamente al jardín y desde allí a la puertecilla por donde me dijeron que acababa de salir y que estaba con uno de los religiosos de aquí, que no creo haya sido quien le enseñara el sitio por donde se escapó.
Para correr detrás de él, no teníamos a nadie a propósito; y además, los soldados le habrían ayudado sin duda alguna 6.
No puedo expresarle, señor, la aflicción que por ello tengo, siendo éste el primer servicio que usted me ha pedido.
Sólo Dios sabe lo que me escuece este triste servicio que le he prestado; y si no fuese porque espero que me perdonará su bondad, y que esto le servirá para asegurarlo mejor, no sé quién me podría consolar.
Recurro, pues, señor, a su bondad, y le suplico, por amor de Nuestro Señor, que me perdone; espe________ prisión de san Lázaro, a petición de su hermano y tutor Guido-Francisco, por sentencia del preboste de París.
Tenía 21 años cuando fue encarcelado (Archives du Prince..., n.º 480 y 483). 4.
San Lázaro era una antigua leprosería.
En el acuerdo firmado el 7 de enero de 1632 entre san Vicente y los antiguos religiosos de san Lázaro, se advierte que en la casa no vivía entonces ningún leproso.
El santo se comprometió a recibir y alojar gratuitamente a los leprosos que se presentasen.
Esta carta es, que sepamos, el único documento que señala la presencia de un leproso en san Lázaro después de 1632.
En su súplica al Papa Urbano VIII san Vicente observaba, en 1634 (cfr. carta 179) que hacía tiempo que no había leprosos en el priorato. 5.
Un religioso del antiguo san Lázaro. 6.
La prisión de san Lázaro acogía a locos e incorregibles.
Cuando san Vicente tomó posesión del priorato, sólo había dos o tres pobres locos.
Su número aumentó a continuación.
El santo velaba por ellos con afecto de padre.
Un día en que, amenazado de tener que dejar san Lázaro por culpa de sus ávidos competidores, le preguntaron qué es lo que más le costaría tener que dejar, su pensamiento se dirigió a los locos que allí había. «Me parecía entonces, dijo en una conferencia, que sería tener que dejar de ver a esas pobres personas y verme obligado a dejar su cuidado y su servicio» (cfr.
L.
A BELL Y, o. c.., II, cap.
VI, 305 s.).
La única lista de detenidos que nos queda va de 1692 a 1734 (Arch.
Nat.
MM 543), se encuentra allí más de un nombre ilustre. 318
VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.