Carta · tomo I
A LUISA DE MARILLAC
de este feliz grupo y le agradezco de que usted nos proporcione personal para esto. 214 [206,I,308] A LUISA DE MARILLAC [Entre 1632 y 1650] 1 Señorita: La gracia de Jesucristo Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
¡Bendito sea Jesucristo doliente por haberle devuelto la salud!
Sí, señorita, ciertamente le ayudaré a cumplir la voluntad de Dios, mediante su gracia y el buen uso que El la hará hacer de ella; y creo, efectivamente, que convendrá que vaya a los pueblos, cuando esté usted un poco más fuerte, para acabar de robustecerse haciendo el bien.
Tenemos aquí 2 35 o 36 externos ordenandos y ejercitantes.
Espero que nos quedará algún rincón para poner a su hijo, y lo haremos sangrar y purgar el lunes; porque, en Bons-Enfants hay tres jóvenes que hacen allí su retiro y que ocupan todas nuestras camas.
Tenemos aquí a una joven luterana de Alemania, vestida de lacayo, que nos han enviado de la misión de Gonesse 3, por consentimiento de un gentilhombre, que la mantenía.
Desea convertirse de costumbres y de religión 4...
Dirección: A la señorita Le Gras. 215 [207,I,309-310] A CLEMENTE DE BONZI, OBISPO DE BEZIERS [Septiembre u octubre 1635] 1 Señor: Habiendo sabido por el hermano de un eclesiástico de esa ciudad de Béziers llamado señor Cassan que deseaba saber tres cosas ________ Carta 214 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Fechas de la entrada en san Lázaro y del matrimonio de Miguel Le Gras. 2.
En san Lázaro. 3.
En Seine-et-Oise. 4.
Lo que sigue de la carta ha sido cortado y se ha perdido.
Carta 215.
— Reg. 1, f.º 13.
El copista indica que tuvo ante la vista una minuta escrita por la mano de san Vicente. 1.
Véase la carta 217. 340
de nosotros, y no habiendo tenido el honor de darle respuesta por entonces, debido a que me fui aquellos días a los pueblos, me he propuesto hacerlo ahora; y le diré, Monseñor: primero, nosotros estamos por entero bajo la obediencia de nuestros señores los prelados de ir a todos los lugares de sus diócesis adonde quieran enviarnos a predicar, catequizar y hacer que el pobre pueblo haga la confesión general; para enseñar toda la oración mental, la teología práctica y necesaria, las ceremonias de la Iglesia a los que tienen que recibir las órdenes, diez o doce días antes de la ordenación, y para recibirlos en nuestras casas cuando son ya sacerdotes, para renovar la devoción que Nuestro Señor les dio al recibir las órdenes; en una palabra, somos como los criados del amo del Evangelio 2 con nuestros señores los prelados, que cuando nos digan: id, estamos obligados a ir; venid, estamos obligados a venir; haced esto, y estamos obligados a hacerlo.
Tomo I · página PDF 277Estamos, además, sometidos a su visita y corrección lo mismo que los párrocos y vicarios del campo, aunque para la conservación de la uniformidad del espíritu, hay un Superior general, a quien obedecen los misioneros en lo que se refiere a la disciplina doméstica.
He aquí, monseñor, cómo nos relacionamos con nuestros señores los prelados.
Lo que es difícil es saber por ahora si podemos enviarle dos de ellos. ya que somos pocos y tenemos poca virtud.
Puede creer, sin embargo, señor, que si pudiésemos hacerlo por algún prelado del reino, sería por Vuestra señoría Ilustrísima, tanto por la vida ejemplar que lleva en la Iglesia, como por la necesidad que me imagino tiene de ello el pobre pueblo de esas montañas.
Y en tercer lugar le diré, monseñor, que como marchamos sin tomar nada del pobre pueblo, ni de los eclesiásticos, para nuestra vida ni para nuestros vestidos, creo que se necesitan ochocientas o mil libras para el mantenimiento de dos sacerdotes y de un hermano.
Y esto es, monseñor, lo que puedo responder a Vuestra señoría Ilustrísima sobre las cosas que desea saber de mí.
Y si pudiese tener la felicidad de hacerle algún servicio, ciertamente, monseñor, lo recibiría como una bendición particular de Dios 3. ________ 2.
Mt 8, 5-9. 3.
Un sacerdote despedido de Bons-Enfants o de san Lázaro, habiéndose enterado de la gestión del obispo de Béziers, vino a esta ciudad, diciendo que lo enviaba san Vicente y logró engañar al prelado, que le dio empleo.
La conducta poco edificante de este eclesiástico le dio a Clemente de Bonzi una idea poco favorable de los misioneros (Véase la carta del 21 de diciembre de 1651 a Aquiles Le Vazeux). 341
VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.