Carta · tomo I
SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL A SAN VICENTE 1
Suplico a su caridad que me diga algunas buenas palabras para ello.
Los pobres se contentan con poco, y yo lo apreciaré mucho, ya que me he entregado a Dios por medio de usted, de quien soy, padre, la más humilde hija y servidora L.
DE M.
Padre, todas sus hijas se toman la libertad de [encomendar ]se su caridad.
Dirección: Al Padre Vicente. 266 [257,I,369-371] SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL A SAN VICENTE 1 [Diciembre 1636] 2 Mi muy honrado y querido Padre: Suplico al divino Niño de Belén que haga rebosar su alma en gracias y bendiciones de su santa natividad.
Hace mucho tiempo que no me he tomado el honor de escribirle.
No temo, sin embargo, que me haya olvidado delante de Dios y le conjuro que me conceda una de sus misas, ya que estoy sumamente pobre.
Esta vida me resultaría pesada si no viese en ella la buena voluntad de Dios que me basta para todo consuelo.
Es cuanto puedo decir de mí, mi querido Padre, sin saber nada más que decir.
Nuestra querida hermana la Superiora del barrio de Santiago de París 3 me ha comunicado el aviso que ha tenido a bien darme usted a propósito de nuestra unión 4.
Es bueno y sólido, pero yo no he ________ Carta 266.
— Les Epistres spirituelles de la Mere Jeanne Françoise Frémiot , baronne de Chantal.
Lyon 1666, en 8.º, p. 185, carta 85. 1.
El editor da como destinatario a «un padre de religión»; se trata, sin duda, del superior de los monasterios de París, san Vicente. 2.
La primera frase de la carta indica claramente la época del año; la frase sobre la reciente estancia de la santa en París limita la elección a los años 1628 ó 1636; el pasaje relativo al visitador da más peso a la segunda hipótesis, ya que la cuestión no se planteaba todavía en 1628. 3.
La madre Inés Le Roy. 4.
San Vicente temía que la falta de vínculo moral entre los conventos de la Visitación, que eran autónomos y bajo la dependencia de los ordinarios del lugar, produjese con el tiempo una profunda desviación del espíritu primitivo y una diversidad lamentable.
Para prevenir este peligro, 390
podido poner en él mi corazón; se lo digo con toda franqueza, ya que su bondad me ha dado confianza para ello.
Nuestro espíritu no podría soportar ninguna autoridad sobre nosotros más que la de mis señores los prelados, ni secreto alguno contra ellos.
Es preciso, si queremos tener nuestras almas en reposo, que tratemos con ellos con entera confianza y simplicidad, ya que de otra forma no seríamos hijas de nuestro bienaventurado Padre, que nos ha dejado este afecto grabado en nuestro corazón; además, tenemos cierto gusto y reverencia que nos inclina a nuestros superiores; lo cual no puede proceder más que de su gracia y me hace esperar grandes bendiciones por ese camino.
Por todo ello, mi queridísimo Padre, al ver todos los medios de unión que se nos han propuesto, si en cierto modo chocasen con esa autoridad, no podríamos aceptar ninguno; y yo tengo confianza en Dios de que hará lo que no puede hacerse por medio de las formalidades y de la prudencia humana.
Hasta ahora, su Providencia nos ha conducido y mantenido en una perfecta unión y conformidad; espero que en adelante nos hará perseverar por los mismos medios; y nuestro vínculo de la santa caridad tendrá mayor eficacia y fuerza en su mansedumbre y santa libertad que todas las leyes y obligaciones que se puedan establecer.
Este es mi parecer, mi Reverendo Padre, que es totalmente conforme con el de nuestro bienaventurado Padre al partir de esta vida.
Dígame si no debo acaso permanecer con él en paz.
He escrito a nuestras hermanas sobre esto y las he exhortado, del mejor modo que he podido, a perseverar en el camino en que Dios las ha puesto, y a conservar de esta forma sus almas en unión y en conformidad, por los mismos medios que han practicado hasta ahora y que las han tenido unidas y ligadas entre sí.
Pienso solamente, mi querido Padre, que con tal de mantener el recuerdo de nuestra comunicación y poner un poco de atención las Superioras para no cambiar ni innovar nada en nuestras instituciones y costumbres. hemos de conservar la unión en todo lo que sea posible con las demás casas y especialmente con la de Annecy, como la madre y maestra de todas las demás, conformándonos con ella en todo lo que ha recibido de su Santo Fundador, tal como se ha prac________ no veía nada mejor que la institución de visitadores que hiciesen regularmente la visita canónica de los monasterios para reprimir los abusos y velar por la conservación de las tradiciones de la Orden.
Santa Juana Francisca, por su parte, rechazaba este proyecto como contrario a la autoridad episcopal.
Volverán con frecuencia ambos sobre esta cuestión, sin lograr convencerse mutuamente 391
VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.