Carta · tomo I

A LUISA DE MARILLAC

Tipo
Carta
Tomo
I
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419
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La señora presidenta Goussault no me parece que esté muy fuerte.

Cuide usted su salud.

Le deseo un nuevo corazón y un amor totalmente nuevo para Aquél que nos ama incesantemente de una forma tan tierna como si comenzase ahora a amarnos; pues todos los gustos de Dios son siempre nuevos y llenos de variedad, aunque no cambia jamás.

Soy en su amor, con un afecto semejante al que su bondad quiere y que le debo por amor a El, señorita, su muy humilde servidor V ICENTE DEPAÚL Primer día del año [1638] 4.

Dirección: A la señorita Le Gras. 300 [289,I,419-420] A LUISA DE MARILLAC [Enero 1638] 1 Señorita: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Le devuelvo su memoria y las mías y le ruego que ponga esas frases que añade o cambia en la mía; le suplico se tome la molestia de copiar a su comodidad, y me lo devuelva todo; incluso la memoria que usted ha hecho y que yo le remito 2.

Le he rogado al señor de Cordes que venga hoy acá, y le he encargado mi memoria al señor de Marillac 3.

No veo ningún inconveniente en que vea a la señora de Liancourt cuando quiera. ________ tema (Ibíd., p. 199); A.

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DE CHOISY, Vie de Madame de Miramion.

París 1706, en 4.o, p. 140 ss.; A.

M ONNIER , Histoire de l'Assistance publique .

París 1856, en 8.º, p. 396 ss.; L.

L ALLEMANT, Un chapitre de l'Histoire des Enfants trouvés.

La maison de la Couche à París.

París 1885, en 8.º. 4.

Aquel año fue cuando empezó la obra de los niños expósitos (P .

COSTE, o. c.., p. 21, nota 1).

Carta 300 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

Esta carta parece ser de algunos días antes que la 309. 2.

Creemos que se trata aquí de unas memorias relativas a la nueva fundación de los niños expósitos 3.

Miguel de Marillac, nieto del guardasellos, señor de Ollainville, consejero del parlamento de París, muerto el 29 de diciembre de 1684. 430

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Piense en esas dos muchachas.

La pequeña me parece tal como me la pinta; si la otra tiene vocación, su ciudad de Nogent la necesitará con el tiempo 4.

Los parientes de la joven muerta en el Hôtel-Dieu pedirán sus ropas, y con razón.

Por ahora, mientras no se concreten las cosas, ya veremos.

Entretanto, vale más dejar las cosas como están.

Habrá que hacer la ley antes de ponerla en práctica.

Con mucho gusto le advertiré de sus faltas y no dejaré pasar ni una.

No entiendo bien lo que me dice de las oficialas y de usted.

¿Qué razón tiene para decir que no ha sido nombrada para eso?

Hay que guardarse de caer en el vicio de la singularidad, porque tiene sus raíces en la vanidad, y ésta en el orgullo, que es el vicio de todos los vicios; soy en el amor de Nuestro Señor su servidor, V.

D .

Iré a confesar a la señorita d'Atri 5 hoy en La Chapelle y no podré ver al señor de Cordes hasta el viernes, según me acaba de indicar.

Adjunto la carta de la señora condesa de Maure. ________ 4.

No resultó satisfactoria.

Más tarde san Vicente exclamará: «¡Dios mío!

¡cómo me ha engañado esa pobre criatura!». 5.

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María Angélica de Atri, nacida en 1617, fue educada en Port Royal.

Conoció allí a Saint-Cyran y le abrió en varias ocasiones su conciencia.

En su juventud atravesó una crisis terrible de la que más tarde tendremos ocasión de hablar.

Su aversión a las cosas de Dios era tal que la creyeron poseída del demonio y el provisor de París encargó a san Vicente que la exorcizase.

Poco después de su curación, fue puesta en un convento de dominicas. de donde no tardó en pasar a las benedictinas del monasterio recién fundado en Picpus-les-París.

Allí estaba el 19 de junio de 1638 y seguía aún en 1639, estudiando siempre su vocación.

El 19 de junio de 1638 compareció ante el tribunal encargado del proceso de Saint-Cyram En su deposición, que publicó el jesuita Francisco Pinthereau (Les reliques de messire Jean du Verger de Hauranne, abbé de Saint-Cyran .

Louvain 1646, en 8.º, p. 421), declaró que su humor melancólico, junto con algunas enfermedades, la inclinaba a los escrúpulos.

El atractivo que sentía por la vida religiosa, hacia la que le empujaba Saint-Cyran, se veía combatida en ella por su repugnancia a aceptar compromisos.

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En 1639 o algo después, volvió a Port-Royal e hizo construir junto a la iglesia una pequeña ermita, donde vivió hasta la dispersión, en 1669.

Terminó sus días el 21 de octubre de 1676 en Forcalquier, adonde se había retirado.

Jansenista ardiente, consagró parte de su inmensa fortuna a las obras del partido.

Su espíritu era poco ponderado y su voluntad indecisa.

Saint-Cyran le escribió varias cartas desde Vincennes. 431

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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