Carta · tomo I
A LUISA DE MARILLAC 1
31 [32,I,68-69] A LUISA DE MARILLAC 1 ¡Oh qué grandes tesoros hay ocultos en la divina Providencia y cómo honran maravillosamente a Nuestro Señor los que la siguen y no se adelantan a ella! 2.
Ultimamente le oí decir a uno de los grandes del reino que él había aprendido bien esta verdad por su propia experiencia, ya que él solamente había emprendido por sí mismo cuatro cosas las que, en vez de salirle bien, todas cedieron en su daño.
¿No es verdad que también a usted le gusta, como es muy razonable, que su criado no emprenda nada sin usted y sin sus órdenes?
Y si esto es razonable entre un hombre y otro, ¡con cuánta mayor razón lo será entre el Creador y la criatura!
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