Carta · tomo I
A PEDRO DU CHESNE
el número de ocho.
En fin, no se quedará allí, esté segura de ello, con tal que haga lo que le dijo.
Así pues, procuraré enviar al padre Du Coudray 6 el sábado a Liancourt 7, si hace el favor de proporcionarle un caballo que esté aquí mañana por la tarde.
Me preocupa la indisposición de esa buena dama y voy a celebrar la santa misa por su intención, y a rogar a Dios por usted, de quien soy, en el amor de Nuestro Señor, S.
M.
H.
S. (su muy humilde servidor), V.
D EPAUL Dirección: A la señorita Le Gras, en La Chapelle 8 382 [366,I,530-531] A PEDRO DU CHESNE [8 enero 1639] 1 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No puedo decirle cómo el consuelo que me ha proporcionado su carta ha suavizado la amargura de la noticia de la enfermedad del buen padre Dufestel 2.
Doy gracias a Dios por las dos noticias, no ciertamente sin reprender mucho mis malos sentimientos, que se revuelven contra la aceptación que deseo dar a la adorable voluntad ________ 6.
Francisco du Coudray, sacerdote de la Misión, nacido en 1586, en la diócesis de Amiens.
Entró en 1626 en la Congregación de la Misión siendo nombrado en 1638 superior de la casa de Toul. 7.
Localidad situada en el Oise.
Luisa de Marillac estuvo allí en varias ocasiones 8.
La Chapelle, aldea cercana a París en aquel tiempo y absorbida hoy por esta ciudad.
Allí estuvo la casa madre de las Hijas de la Caridad desde 1636 hasta 1642.
Carta 382.
— Colección del proceso de beatificación. 1.
La copia del proceso de beatificación no lleva fecha.
No podemos aceptar la que propone el manuscrito de Aviñón (8 enero 1649), ya que en 1649 Francisco Dufestel no formaba parte de la Compañía.
El contenido de esta carta y sobre todo sus relaciones con la carta 384 nos permiten concluir que es de 1639.
Del día y del mes podemos admitir los datos de Aviñón. 2.
Francisco Dufestel, nacido en Oisemont (Somme), recibido en la Congregación de la Misión en 1633, ordenado sacerdote en 1636.
Fue superior en Troyes (1638-1642), Annecy (1642), Cahors (1643-1644) y Marsella (1644-1645).
Dejó la Congregación en 1646 para ser deán de Saint-Omer de Lillers (Pas-de-- Calais). 524
de Dios.
Le escribo y le ruego que haga todo lo posible, sin ahorrar nada, por hacerse tratar.
Le suplico, padre, que ponga cuidado en ello y, para ese efecto, haga que el médico lo vea todos los días y que no le falten ni los remedios ni el alimento.
¡Oh, cuánto deseo que la Compañía sea santamente generosa en esto!
¡Me sentiría lleno de gozo si de algún lugar me dijeran que alguno de la Compañía vendió los cálices para ello!
¿Y qué le diré de la misión de Saint-Lyé 3?
Hay que retrasarla, con el beneplácito de monseñor 4 hasta que esté totalmente curado y haya vuelto a su antigua salud.
Por eso, no hay peligro en que vaya a visitar esos pueblos y les haga esperar con agrado, hasta que se pueda cómodamente tener allí la misión.
Bien, ahora resulta que tiene que tener la solicitud de Marta, por el amor que tiene al padre Dufestel y a toda la Compañía.
Ruego a Nuestro Señor que vele y trabaje con usted en la recuperación de la salud de ese su servidor.
Saludos al buen padre Savary 5 y a nuestro hermano Renato 6 y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor, VICENTE DEPAÚL Dirección: Al padre du Chesne, sacerdote de la Misión, en Sancey 7 383 [367,I,532-533] A PEDRO DU CHESNE Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí ayer por la tarde su última, por la que me comunica el estado de salud del buen padre Dufestel y lo que le ha ordenado el ________ 3.
Pequeña localidad junto a Troyes. 4.
Renato de Breslay, obispo de Troyes (1604-1641). 5.
Pedro Savary, nacido en Neuville-Vitasse (Pas-de-Calais), recibido en la Congregación de la Misión el 16 de agosto de 1637 a los 31 años de edad.
Salió para volver más tarde e hizo los votos en Annecy en 1659. 6.
Había dos hermanos de este nombre: Renato Bisson y Renato Perdreau. 7.
Lugar de residencia de los misioneros de la diócesis de Troyes.
Carta 383.
— Colección del proceso de beatificación. 525
médico.
Le doy muy humildemente las gracias por el cuidado que ha tenido de pasarme aviso tan pronta y exactamente, y de toda la asistencia que le da, y pido a Nuestro Señor que sea El su recompensa y la curación perfecta de nuestro enfermo, cuya enfermedad espero que no será peligrosa; pero le suplico, padre, como siempre, que no ahorre nada con él.
Esa clase de enfermedad no tiene tanta necesidad de remedios como de paciencia, de mansedumbre y de suavidad de espíritu.
Espero que Nuestro Señor le concederá todas esas virtudes y que hará buen uso de ellas.
Y si el médico cree que tiene que emplear algunos remedios que hacen necesaria su presencia con mayor frecuencia de la que es posible en Sancey, ¿podría proporcionarle alguna habitación en el arrabal?
Si así fuera, ¿estaría mejor atendido?
La clase de esa enfermedad me parece que no es de esa naturaleza.
No obstante, véalo usted y hable con el señor médico y con quien lo crea conveniente dicho padre Dufestel.
En fin, padre, le ruego que haga por él todo lo que haría por Nuestro Señor; pues, en efecto, la bondad y la caridad que tiene para con él, se las tiene al mismo Nuestro Señor y al propio tiempo a toda nuestra pequeña Compañía, y a mí especialmente, que sufro por él lo que Nuestro Señor sabe.
Le abrazo en espíritu con todo el afecto que me es posible y saludo muy humildemente al buen padre Savary y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAÚL París, 28 enero de 1639 1 Dirección: Al padre du Chesne, sacerdote de la Misión, en Sancey 384 [368,I,533-540] A ROBERTO DE SERGIS Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Con ésta le envío la respuesta 3 tres cartas suyas, una del 4, otra del 9 y la última del 17, que recibí hace dos o tres días.
La ________ 1.
Es la fecha propuesta por el hermano Chollier en su deposición del proceso de beatificación.
La preferimos a la que da el copista de la carta (28 enero 1634), ya que en 1634 los padres du Chesne y Savary todavía ;no formaban parte de la Congregación, el padre Dufestel no era sacerdote y los sacerdotes de la Misión no tenían residencia en Sancey.
Carta 384 (CA).
— Archivo de la Misión, original. 526
primera no me daba a entender que deseaba que le respondiera con tanta urgencia, ni tampoco la segunda, pero sí la tercera.
Empezaré, pues, diciéndole. en relación con sus buenos padres que he enviado a visitarlos y que están ambos bien y se encomiendan a usted y a sus oraciones Esté, pues, tranquilo por esa parte, por favor.
El prelado del que le hablé 1 no me dijo nada más que las tres cosas que le escribí, y de las que olvidé la tercera, a saber, sobre el alzacuello, sobre los botones de su manteo y, si no me engaño, lo 3.º es sobre su manera de obrar poco conforme con la sencillez y la humildad de un misionero.
Le envío un alzacuello; podrá ajustar los suyos al mismo.
Aunque sólo quisiéramos seguir en alguna pequeña cosa al mundo en cuanto a la manera de vestir, eso indicaría que hay en nuestro corazón algún apego y que, si no nos fijamos, nos iremos dejando llevar por el espíritu del mundo.
Decir que nos tomarán por otros, es orgullo y vanidad de espíritu el cambiar de aspecto para ello.
¡Ay, padre, el que conozca bien a J.
C. crucificado podrá fácilmente pasar, como él, por el menor de los hombres, e incluso por el peor de todos, no sólo en sus acciones personales, sino hasta en las de nuestra condición!
¿Pues qué nos aprovecharía haber tenido alguna humildad en cuanto a la persona, si tenemos vanidad en cuanto a nuestra condición?
¡Quién nos diera padre, la gracia de ponernos en el último lugar de los hombres y permanecer allí según el estado de nuestra persona y según el de nuestra vocación!
Si queremos preferirnos a los demás y tener cosas que nos distingan de ellos, tenga por cierto, padre, que Nuestro Señor nos hará caer en tal confusión que seremos despreciados por ellos y por todo el mundo.
Creo en esa verdad con la misma firmeza con que creo que he de morir.
Le digo esto para responder a una cosa que me escribió poco después de su regreso a Toulouse, con la perfecta confianza de que su corazón lo recibirá bien y de que se mantendrá firme en las pequeñas prácticas y en las máximas que aquí observó.
No me he preocupado de preguntar a nadie sobre su manera de ser y de obrar.
Deseo que todo el mundo sepa que sigo teniendo la misma buena opinión que tuve de usted cuando le destinamos para el cargo que la Providencia le ha dado.
Más aún, sigo creyendo, como le he dicho, que, aún cuando tuviera que decir alguna cosa diferente de nosotros, aquel mismo ángel que hizo a san Francisco Javier tan exacto en la observancia de cuanto había visto en la Compañía y tan cuidadoso ________ 1.
En la carta 378. 527
de aprender todo lo que se introducía de nuevo en ella, para hacer lo mismo en aquellas apartadas tierras, que ese mismo ángel, repito, le hará hacer lo mismo a usted.
Sí, no tengo ninguna duda de ello.
Es cierto, padre, lo que me dice del buen padre Durot; pero, como tiene un alma buena y un espíritu bien hecho, espero que será algún día muy buen misionero.
Tiene un espíritu manso.
Le ruego padre, que le trate de la misma manera.
Yo he hecho un viaje con tres carmelitas descalzos sin haber podido discernir cuál era el superior, hasta que se lo pregunté a los tres días de estar con ellos lo cierto es que el superior vivía con los otros con bondad, mansedumbre, condescendencia y humildad, y que los demás trataban con él con confianza y sencillez.
¡Quién nos diera este espíritu, padre!
En cuanto a la confesión en el arrabal creo que, aunque no nos esté permitido confesar allí, podríamos hacerlo a un cuarto de legua, si hubiese una capilla, aunque los penitentes fuesen de la parroquia del arrabal.
Puede creer, padre, en cuanto al gasto, que jamás me ha entrado en el espíritu que hubiese algo que criticar en usted.
¡Jesús!
¡Jamás se me ha ocurrido este pensamiento, y mucho menos ha entrado en mí.
Lo que le he dicho, ha sido para guardar un orden y para que la Compañía siga con esta práctica en los siglos venideros.
La manera será, como le podrá decir el padre Durot, lo que hacía el padre Codoing.
Y si le parece demasiado complicada, hágala con menos detalles.
Además, yo creo que un superior obra bien haciendo que su compañero le ayude en lo temporal.
Del viaje a Toulouse, me han comprometido a hacerlo para cuando vaya el señor d'Alet; pero todavía no está preparado para ir, pues ni él ni los quince o dieciséis obispos nombrados tienen todavía las bulas.
Apenas las tenga, piensa partir.
Estoy trabajando en la misión de Joigny con el señor Perrochel; estaremos aún tres meses.
También estaba aquí el señor Renar, que ha vuelto indispuesto con el padre Mouton.
Alabo a Dios porque el final de la misión de Vernon 2 haya sido más de su agrado que el comienzo, y le ruego que le conceda la gracia de mantenerse en el espíritu de mansedumbre y humildad que Nuestro Señor le ha dado.
La amargura no sirve nunca más que para amargar más las cosas.
San Vicente Ferrer dice que no es posible obtener provecho de la predicación si no se predica con entrañas de compasión.
¡Ay!
¡Dios bueno!
¡y qué buen medio es ése para vencer a los espíritus que nos pinta!
Si combatimos al diablo ________ 2.
Vernon-les-Joyeuse, en la diócesis de Viviers. 528
con espíritu de orgullo y de suficiencia, no lo venceremos jamás, porque tiene más orgullo y suficiencia que nosotros; pero si actuamos contra él con humildad, lo venceremos, porque él carece de esas armas y no podrá defenderse.
Eso es lo que les decía santo Domingo a algunos doctores de España que habían venido en su ayuda contra los albigenses, a los que trataban con espíritu de suficiencia.
Ruego a Dios que le conceda la gracia de actuar con este espíritu en Muret adonde va ahora.
En cuanto a la Caridad que piensa fundar allí, he aquí el reglamento que se acostumbra practicar en las parroquias de París, y que podrá darles a las ciudades; y para las aldeas, aténgase, si le parece bien, al que hasta ahora se ha utilizado.
Prescindo del que me ha enviado, cuyo autor se ha retirado y es ahora párroco de Etiolles 3.
El padre Codoing está en misión; no puede hacerle copiar sus predicaciones.
Hay que esperar al verano, cuando se retire; entonces podrá hacer las copias y quizás imprimir, aunque sólo para la Compañía.
El señor penitenciario cree que no pueden permitirse ninguno de los dos casos de conciencia que planteó, y lo mismo opina también el padre Rebardeau sobre la confesión de los penitentes de las diócesis vecinas a la misión.
No me acuerdo del segundo caso y sólo se lo propuse al señor penitenciario, que es de la opinión que le he dicho, esto es, negativa.
He aquí la respuesta a la última.
Puede dar un escudo o dos a la Caridad-de Muret, si la funda.
Sobre la manera de platicar con los sacerdotes de Muret según la intención del señor arzobispo, le dirá el padre Durot el orden que seguía el padre Codoing para las reuniones en el Delfinado; y para las materias de la conferencia, no podrá proponer ninguna más útil que la de los ordenandos, que ya tiene: por ejemplo, para las censuras: 1.º decir lo importante que es el que los eclesiásticos conozcan la doctrina de las censuras; 2.º, cuál es la doctrina de las censuras; 3.º, los medios que hay que guardar para liberar a los pueblos que han incurrido en dichas censuras.
Pues bien, podría dividir el segundo punto en varias conferencias, como, por ejemplo, sobre las censuras en general, y luego sobre cada una de ellas en particular.
Pero, para hacer esto con utilidad, será menester que el que las presida, o usted, dijese la doctrina y que los demás repitiesen cada uno lo que ha dicho o, por lo menos, algunos de ellos alternativamente.
Es verdad que, para hacerlo bien, sería conveniente que cada uno, en la reunión, tuviese ________ 3.
En Seine-et-Oise. 529
sus escritos o, por lo menos, cada dos; si no se hace así, hay que dejarles estudiar los temas que se dan y repetir luego lo que recuerden de la manera que puedan, a no ser que tenga algún método mejor.
Y ya está bien.
He escrito la presente en tres o cuatro veces distintas.
Nuestras noticias son las siguientes: 1.º, que el padre Dufestel y su familia de Troyes trabajan con mucha bendición, pero que ha caído enfermo desde hace algún tiempo; que los señores Pavillon, Renar, Perrochel y seis de la Compañía [trabajan] en Joigny desde adviento y andan ahora por las aldeas, donde seguirán aún cosa de un mes; que otros tres o cuatro se van a marchar a las parroquias dependientes cíe Malta, en el gran priorato de Francia, para las que el señor comendador de Sillery ha dejado en fundación tres mil libras de renta y mil para Troyes; que los padres du Coudray 4 y Boucher tienen cuarenta pobres, parte enfermos y parte sanos, a quienes sirven en su casa, aunque pequeña, por no tener hospital, y ciento cincuenta fuera de la ciudad, a los que alimentan y asisten con una caridad que arranca lágrimas de los ojos de cuantos lo ven; pero tengo miedo de que caigan enfermos.
El primero de ellos me dice, a propósito de lo que le dije que cuidase su cuerpo y del poco dinero que le enviamos, que o le asista, o le mande venir, o le deje morir con -aquella gente.
Si puedo, le enviaré la carta que me ha escrito el padre Boucher con toda su sencillez.
Nuestra juventud pide hacer lo que usted y yo hemos hecho.
Creo que el seminario está compuesto de más de veinte, aunque hayamos sacado este año diez o doce para estudiar teología en BonsEnfants, o para trabajar en las misiones.
Nuestro buen hermano Alméras 5, que es un sujeto notable, ha hecho como nosotros y se va a Bons-Enfants a estudiar. ________ 4.
Entonces superior de la casa de Toul. 5.
Renato Alméras, sobrino de la señora.Goussault, nació en París el 5 de febrero de 1613.
Consejero del gran consejo a los 24 años, dejó todo, su familia, su posición, sus esperanzas, a pesar de la oposición de su padre, que debería seguirle luego, para entrar en la Congregación de la Misión, donde fue recibido el 24 de diciembre de 1637.
San Vicente le confió los cargos importantes de director del seminario y de asistenta de la casa, lo admitió en su consejo acudió muchas veces a su prudencia para tratar con las personas de fuera sobre asuntos delicados y le encargó de los ejercitantes.
Tanto trabajo arruinó la salud de Renato Alméras.
El santo fundador, convencido por propia experiencia de que el cambio de aires contribuía a devolver la salud, lo envió en 1646 a visitar varios esta 530
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