Carta · tomo I
A LUISA DE MARILLAC, EN SAINT-CLOUD
39 [40,I,75-76] A LUISA DE MARILLAC, EN SAINT-CLOUD París, 19 febrero 1630 Señorita: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Alabo a Dios de que tenga salud para las sesenta personas, por cuya salvación tiene que trabajar; pero le ruego me comunique exactamente si sus pulmones no se molestan de tanto hablar, ni su cabeza de tanta confusión y ruido 1.
Por lo que se refiere a su hijo, ya lo veré; pero tranquilícese, por favor, ya que puede confiar en que está bajo la especial protección de Nuestro Señor y de su santa Madre, por tantos dones y ofrendas como usted les ha hecho, y porque él es amigo de hombres de Dios; de esta forma, nada malo le puede suceder 2 ¿Y qué diremos de esa excesiva ternura?
Ciertamente, señorita, me parece que debe usted trabajar delante de Dios por tranquilizarse, ya que esa ternura sólo sirve para confundir su espíritu y le priva de la tranquilidad que Nuestro Señor desea en su corazón y del desarraigo del afecto de todo cuanto no sea El.
Hágalo, pues, la ruego, y honrará a Dios, que se ha encargado del cuidado soberano y absoluto de su hijo y que desea que usted sólo se interese por él de una manera dependiente de El y tranquila. ________ Carta 39.
— Manuscrito san Pablo, 6. 1.
Leemos en los Pensamientosde Luisa de Marillac, 124: «Partí el día de santa Agueda, 5 de febrero, para ir a Saint-Cloud.
En la santa comunión, me pareció que Nuestro Señor me inspiraba el pensamiento de recibirlo como al esposo de mi alma, e incluso que celebraba una especie de esponsales, y me sentí más fuertemente unida a Dios en esta consideración, que fue extraordinaria, y tuve la idea de dejarlo todo para seguir a mi Esposo, de mirarlo en adelante como tal, y ver las dificultades que encontrase como formando parte de la comunidad de sus bienes.
Como yo desease que dijesen la misa aquel día por mi intención, ya que era el aniversario de mi boda, y absteniéndome de ello por hacer un acto de pobreza, queriendo depender totalmente de Dios en la acción que iba a hacer. sin hablar para nada de ello con mi confesor, Dios permitió que dijese la misa, en la que comulgué; y al subir al altar, tuvo el pensamiento de decirla por mí como limosna y de decir la de esponsales». 2.
El santo utiliza aquí la palabra «mésarriver»; mésarriver se dice de un accidente molesto causado por alguna falta o imprevisión. 137
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