Carta · tomo II
A SANTIAGO THOLARD, SACERDOTE DE LA MISION, EN ANNECY 1
1 de febrero de 1640
Nuestros misioneros, cinco en total, destinados a la diócesis de Ginebra, partieron hace tres días 2 Hay uno preparado para enviárselo a usted, si se obtiene la fundación.
Por lo que se refiere a la bula de nuestra confirmación en la última forma, le ruego que me envíe el proyecto abreviado que le mandé.
Dentro de ocho o diez días le escribiré si es preciso atenerse a este último, según dichas modificaciones, sin aguardar el resumen, y le enviaré igualmente la nota sobre el orden que ha seguido la Providencia en la fundación de nuestra compañía.
Hasta ahora no había querido escribir nada sobre ello; pero me parece que es voluntad de Dios que obremos de esta manera, ya que son muchos los que nos advierten sobre la conveniencia de hacerlo.
Entretanto soy, en el amor de nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.
V ICENTE DEPAUL Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la Misión. en Roma. 445 [424,II,15-17] A SANTIAGO THOLARD, SACERDOTE DE LA MISION, EN ANNECY 1 San Lázaro, 1 de febrero de 1640 Padre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Recibí la suya con una alegría tan sensible que no la puedo expresar sin otra razón especial que por ser una carta del padre Tholard, ________ 2.
Por el contrato del 3 de junio de 1639, san Vicente se había comprometido a dar dos sacerdotes y un hermano; y por el de 26 de enero de 1640, a duplicar ese número.
Los cinco misioneros que aquí se mencionan son Bernardo Codoing, Pedro Escart, Santiago Tholard, Duhamel y Bourdet.
Carta 445 (CA).
— Archivo de Turín, original.
El tema tratado en esta carta es tan delicado que hemos tenido que omitir algunos pasajes. 1.
Santiago Tholard, nacido en Auxerre el 10 de junio de 1615, fue recibido en la congregación de la Misión el 20 de noviembre de 1638, ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1939, y murió después de 1671.
Demostró durante toda su vida, en Annecy (1640-1646), Tréguier, donde fue superior (1648-1653), Troyes (1658-1660), San Lázaro, Fontainebleau y otros lugares, las cualidades de un excelente misionero.
La Provincia de 17
a quien mi corazón ama más de lo que puedo decir; pero ciertamente me he sentido también muy afligido al leer lo que me dice de su cruz, en la que le ha clavado la Providencia, no para que usted se pierda, como teme, sino para que, como dice san Pablo, virtus tua in infirmitate perficiatur; y ya que ha sido suficiente contra las tentaciones la gracia que Dios le ha dado, tiene usted motivos para esperar esa misma gracia en esta ocasión como se echa de ver en la pureza de intención con que empieza usted las confesiones, en el temor que tiene de ofender a Dios en ellas, en los remordimientos que siente cuando, habiéndole la violencia de la tentación quitado la libertad, sucumbe la naturaleza, vacando rei licitae, y finalmente en la firme decisión que tiene de preferir la muerte antes que cometer voluntariamente algún mal...
Como usted sabe, el pecado debe ser voluntario, de tal forma que, si no interviene el consentimiento, no hay pecado en las acciones en las que materialmente parece que debería haberlo...
Conozco a un santo sacerdote que no confiesa nunca o muy pocas veces sin caer en esas miserias; y aunque sea así, no se confiesa nunca de eso más que en su confesión anual, en la que se acusa, no ya de la substancia de la cosa, sino de no haber detestado bastante el placer que de allí recibe nuestro miserable cuerpo y por miedo de que su voluntad haya contribuido en alguna forma a dicho acto.
Si usted me hace caso, padre, se confesará usted también de la misma manera una vez al año solamente, como lo hace esa persona, que es uno de los más fervorosos sacerdotes que conozco en la tierra y que además es reconocido como tal por todo el mundo.
— Sí, pero no es el mismo caso, porque quizás ese sacerdote tiene alguna señal para reconocer que carecía de libertad cuando se vio arrastrado por la violencia de la naturaleza; mientras que yo no la tengo, porque me parece que lo podría haber impedido.
— No, padre, no lo crea usted así, ya que ni ese movimiento ni su efecto dependen de su voluntad, que no los podría impedir en medio de la agitación de la naturaleza; por consiguiente, la cosa no es voluntaria en usted, como tampoco en él, ni en ningún otro...
— Sí, pero ¿no sería mejor que me abstuviese totalmente de confesar?
— ¡Ay, Jesús!
¡Ni mucho menos!
Dios le ha llamado a la vocación en que está, le ha dado su bendición en ella, le ha conservado en ella; por ese medio ha extendido usted por todas partes el reino de Dios y ha salvado a muchas almas y lo seguirá haciendo cada vez con mayor gracia y más feliz resultado, según espero. ________ Francia y la de Lión le tuvieron como visitador durante el generalato de Renato Alméras. 18
¡Ay, Jesús!, Padre, ¿y cómo podría usted reparar el disgusto y el daño que habría de experimentar la gloria de Dios y las almas que él ha redimido con su preciosa sangre, si deja de hacer lo que hace?
Acuérdese, padre, que las rosas sólo se recogen de entre las espinas y que las accionas heroicas sólo se realizan en la debilidad.
San Pablo no abandonó la obra de Dios cuando se vio tentado, ni se le ocurre a nadie abandonar el cristianismo por el hecho de que se sufran en él grandes y horribles tentaciones; tampoco nos está permitido dejar de vivir por el hecho de que nuestra vida resida en la concupiscencia de la carne, en la de los ojos y en la soberbia de la vida...
Será conveniente que pase usted por encima de esas materias lo más ligeramente que pueda.
Ese es el primer consejo que se da ordinariamente.
Y que no se preocupe por ello...
Eso es, padre, lo que tengo que decirle delante de Dios, teniendo en cuenta la doctrina y las enseñanzas de los santos.
No se preocupe de lo que me indica que le dicen sus confesores sobre esto; no están bien enterados ni tienen suficiente experiencia de estas cosas.
No se confiese usted nunca más que de la manera que le he dicho.
Me ofrezco para responder por usted delante de Dios! y soy en el amor de nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL 446 [425,II,18-19] A LUISA DE MARILLAC París, 4 de febrero de 1640 ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Puede usted imaginarse, aunque sin llegar a sentirla, la alegría que ha recibido mi alma, al ver su carta del 28 de enero.
¡Ay, Jesús!
Señorita, doy muy complacido mil gracias a Dios de que se encuentre usted mejor, y le ruego con todo mi corazón que le devuelva las fuerzas para volver cuanto antes.
Con mucho gusto recibiremos, señorita, a ese buen gentilhombre entre los ordenandos y lo alojaremos y serviremos lo mejor que nos sea posible, acordándonos del buen señor abad de Vaux, que le ________ Carta 446 (CA).
— Original en casa de las Hijas de la Caridad de la calle de Monceau, en París 19
ha hablado de él, y agradeciendo todos los favores que le ha concedido a usted, y a todos nosotros por medio de usted.
El padre Lamberto me indica que pensaba enviarle las hermanas de Richelieu en la carreta de la casa.
Si nuestro Señor le da a usted alguna idea sobre Bárbara 1 para directora 2 J disponga de ella y envíe a alguna otra para reemplazarla.
Nuestras buenas hermanas de aquí están bien, gracias a Dios.
Hace tres días que las confesé con gran consuelo.
Esta mañana, durante la oración, he pensado mucho en la cuestión de una casa en la Villette 3 y he visto muchas ventajas en ello.
El señor párroco ofrece su parroquia; ya veremos.
¿Qué podemos hacer con la hermana de María, de Saint-Germain, que es tartamuda?
Parece buena chica; pero no sé si tiene muchos ánimos.
Su buena hermana nos pide con insistencia que la admitamos.
No me dice usted nada de lo que le indicaba sobre la camilla.
Tengo que dejar la pluma para acudir a la misa que va a decirse en Nuestra Señora por la Caridad de Lorena.
Adiós, señorita.
Soy su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL Dirección: A la señorita Le Gras, directora de las Hijas de la Caridad, actualmente en el hospital, Angers. 447 [426,II,19-20] A LUISA DE MARILLAC, EN ANGERS San Lázaro, 10 de febrero de 1640 Señorita: He recibido la suya del 27 del mes pasado, y me ha dado tanto consuelo que nada ha sido capaz de entristecerme después.
¡Bendito sea Dios de que se encuentre usted con mejor salud y de que piense detalladamente en su regreso!
Será usted muy bien recibida, ya que la esperamos con grandes deseos.
Doy gracias a Dios de que las da________ 1.
Bárbara Angiboust, de la casa de Richelieu. 2.
Para la dirección del hospital de Angers (cfr. la carta 502 y,en la correspondencia autógrafa de Luisa de Marillac, las cartas 103 y 108). 3.
La Villette estaba entonces, como la Chapelle, fuera del recinto de París.
Hoy son dos barrios de la capital.
Carta 447.
— Manuscrito San Pablo, 63 20
mas de esa buena ciudad demuestren que están muy complacidas con la actuación de la Caridad del hospital, y le ruego que haga prosperar esa santa empresa por su honor 1.
¿Le he enviado ya, señorita, las memorias de las damas de aquí?
Me parece que sí y que seguramente ya las habrá recibido; si no, las enviaremos cuando usted vuelva; no hay que dejar de ponerlas en práctica También hacemos lo mismo con las Caridades de las aldeas.
No queda mucho tiempo para hacer una copia, ya que el mensajero sale dentro de cuatro días.
Sus hijas siguen bien, gracias a Dios.
Hemos recibido a dos, que podremos unir con las demás dentro de dos días.
Hacía tiempo que les daba largas, aguardando que usted regresase.
Esas buenas lorenesas no resisten.
Dentro de seis horas espero a la hija del señor Cornuel 2 J que ha dejado seis mil libras de renta para los forzados, para que se vea la manera de asistirles 3.
Me extraña que no me diga usted nada de las hermanas de Richelieu; ya salieron para encontrarse con usted.
Bien, acabo dando de nuevo mil gracias a Dios ya que, por su gracia, lograremos volver a verla de nuevo dentro de poco.
Esperando ese día dichoso. soy en el amor de nuestro Señor... 448 [427,II,21] UN SACERDOTE DE LA MISION A SAN VICENTE Bar-le-Duc, febrero de 1640 Además de repartirles pan, se les ha dado también ropa a veinticinco o treinta pobres. ________ 1.
Se había formado en Angers una asociación de damas de la Caridad según el modelo de la de París. 2.
Claudio Cornuel, antiguo intendente de Hacienda y presidente de la Cámara de Comercio. 3.
A san Vicente le costo mucho hacerse con esta renta, que reclamaban los herederos.
Suplicó, insistió, hizo que actuase Mateo Molé, entonces procurador general, y obtuvo finalmente que le entregasen a este último, para que lo administrase él y sus sucesores en el cargo, un capital capaz de asegurar la renta de seis mil libras.
De esta renta se tomaron los fondos necesarios para mantener a las Hijas de la Caridad que servían a los galeotes, y para retribuir convenientemente a los sacerdotes de San Nicolás que hacían de capellanes (cfr.
L.
ABELL Y , o.c. 1, cap. 28, 128).
Carta 448.
— L.
A BELL Y, o.c., II, cap. 11, sec. 1, 1ª ed., 383. 21
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