Carta · tomo II

JUSTO GUERIN, OBISPO DE GINEBRA, A SAN VICENTE

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Carta
Tomo
II
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embargo, como usted, que es necesario que Su Santidad acepte con agrado que la dirección y la disciplina de los enviados esté en manos del superior general, con la facultad de retirarlos y de enviar a otros en su lugar, aunque sean siempre en relación con su Santidad como los siervos del evangelio con sus amos, que cuando les dice: Id allá, están obligados a ir; venid acá, tienen que venir; haced esto, están obligados a hacerlo.

En la compañía tenemos muy pocos que posean los talentos que se necesitan para una misión de semejante importancia, aunque hay algunos 4, por la misericordia de Dios.

No he podido hablar con Su eminencia 5 del asunto del señor Le Bret; hablaré con su sobrina, la señora duquesa de Aiguillon.

Saludo a dicho señor Le Bret con todo el respeto que me es posible).

Soy de ustedes dos su muy humilde servidor.

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V ICENTE DEPAUL Dirección: Al señor Marchand, banquero de la corte de Roma, para que haga el favor de entregársela al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma. 470 [449,II,52] JUSTO GUERIN, OBISPO DE GINEBRA, A SAN VICENTE Junio de 1640 ¡Ojalá Dios le hiciera ver el centro de mi corazón, ya que realmente le amo y le venero a usted con toda la amplitud de mi afecto, y reconozco que soy el hombre más obligado del mundo con su caridad, por los grandes beneficios y los innumerables frutos, imposibles de describir, que realizan los padres misioneros, sus queridos hijos en Dios, en nuestra diócesis.

Sólo el que los ve, es capaz de creer que sean tan grandes.

Y o pude ser su testigo ocular con ocaSión de la visita que empecé después de Pascua.

Todo el mundo los quiere, los aprecia y los alaba unánimemente.

Ciertamente, padre, su doctrina es muy santa y su conducta también.

Les dan a todos una grandísima edificación por su vida irreprochable.

Cuando acaban su misión en una aldea, se marchan de allí para ir a otra, y todo el pueblo los acompaña con lágrimas y gemidos diciendo «¡Ay, Dios ________ 4.

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Creemos que san Vicente pensaba sobre todo en Lamberto aux Couteaux, a quien propondrá más tarde para ser coadjutor de Babilonia 5.

El cardenal de Richelieu.

Carta 470.

— L.

A BELL Y, o.c. 11, cap. 1, sec. 2,. 4, 1.ª ed.. 34. 46

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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