Carta · tomo II

A SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL

26 de agosto de 1640

Tipo
Carta
Tomo
II
Página inicial
97
Metadatos
Extraídos del documento
Ver tomo

pido a Dios con lágrimas en los ojos que no me imite nadie en esto.

Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.

VICENTE DEPAUL sacerdote de la Misión No se preocupe usted por la exageración de que me habla.

Dirección: Al padre Lamberto, superior de los sacerdotes de la Misión de Richelieu, en Richelieu. 495 [474,II,97-100] A SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL París, 26 de agosto de 1640 Mi dignísima y queridísima madre: ¡Dios mío!

¡Cómo se enternece mi corazón al ver la bondad con que su incomparable caridad se porta con sus pobres hijos, los misioneros!

¡Ay Jesús!

¡Qué felices son y cuánto espero que esto les resultará útil!

En nombre de nuestro Señor, mi dignísima madre, siga tratándolos con la misma caridad y concédale a este pobre hijo y servidor suyo la parte que su bondad le ha reservado en su querido corazón.

Le escribí largamente al padre Escart, hace cosa de un mes 1 sobre lo que usted hizo el favor de indicarme que debería escribirle, espero que haya recibido mi carta y que habrá surtido efecto en su espíritu, a no ser que la tentación haya dejado en su imaginación impresiones demasiado fuertes.

Tomo II · p. 97

El asunto de la visita de su hermana es importante; pero como está en contra de una de las máximas que tenemos de no visitar a nuestros parientes, le ruego que lo deje para otra ocasión en que pueda ir allá, de pasada, al ir o venir de algún sitio.

Lo que el padre Tholard me escribe de su tentación es una cosa que les sucede de ordinario a muchos al comienzo de dedicarse a las confesiones, pero va pasando poco a poco, y se tiene como norma no dejar de ocuparse en ellas, a pesar de los malos efectos que la tentación produzca durante las confesiones Sobre el padre Duhamel, le he escrito que, si cree que su residencia en Roma con uno de nuestros misioneros 2, O en Alet con ________ Carta 495 (CA).

— Original en el monasterio de la Visitación de Annecy. 1.

El 25 de julio 2.

Luis Lebreton. 83

Tomo II · p. 97

los que están allí 3, no va a proporcionarle ningún descanso, in nomine Domini, que se vuelva a su casa en esta ciudad 4, y que después de haber pasado algún tiempo en su casa, hablaremos del asunto.

Tiene un espíritu naturalmente inquieto y no gozará nunca de descanso, en cualquier condición que sea.

Una santa mujer, [con la que] tenía mucha confianza 5, me dijo antes de morir que se perdería si abandonaba su vocación; no creo que ella quisiera decir que por el vicio, sino por ciertas circunstancias que ella preveía que podrían hacerle caer.

¿Qué le diré a su corazón del buen comendador 6, mi querida madre?

¡Oh, Jesús!

No ha recibido la más mínima pena del mundo, ni la más mínima, por lo que usted nos escribió a propósito del visitador 7; y le aseguro también, mi queridísima madre, que lo mismo me ha pasado a mí.

Tomo II · página PDF 86

La razón de ello es que ni él ni yo buscamos en este asunto nada más que la voluntad de Dios y estamos seguros de que esa voluntad se nos manifestará por medio de nuestra dignísima madre; por ello le puedo asegurar, mi amabilísima y querida madre, que no hemos tenido ningún pensamiento en contra del suyo, ni siquiera en lo más mínimo.

Y creo también, mi querida madre, que puedo asegurarle lo mismo de la madre de la ciudad 8, y que nos hemos quedado tan en paz como si el mismo nuestro Señor nos hubiese dicho lo que usted nos escribió.

Esto me hace ver que no se ha buscado en todo ello más que la gloria de Dios.

Desde que estoy en el mundo, no he visto ni sentido jamás en mí tanta sumisión del entendimiento y de la voluntad como en esta ocasión.

Mi querida y amabilísima madre, es usted realmente nuestra muy digna y muy amada madre.

Lo es hasta tal punto que ________ 3.

Antonio Lucas y Esteban Blatiron.

Este último había llegado a Alet en 1639 con Nicolás Pavillon. 4.

París. 5.

La señora Goussault. 6.

El comendador de Sillery. 7 Estas palabras a propósito del Visitador han sido tachadas en el original.

Tomo II · página PDF 86

Es muy lamentable que, para suprimir todo rastro de desacuerdo entre santa Juana Francisca y san Vicente sobre este punto de las constituciones de la Visitación, hayan creído algunos que era su obligación colocar a los editores de las cartas del santo en la imposibilidad de leer lo que se escribió a este propósito en esta carta y en otros lugares.

Estas discrepancias no disminuyen en lo más mínimo la santidad del uno ni de la otra, y no creemos que su divulgación pueda perjudicar en nada a la veneración que les tenemos 8.

Sor Elena Angélica Lhuillier. 84

Tomo II · página PDF 86

me faltan palabras para poderlo expresar; solamente nuestro Señor es el que puede hacérselo sentir en su corazón.

La reverenda madre de la Trinidad escribía uno de estos últimos días, me parece que hace solamente tres, que lo juzga necesario y que espera que así se hará.

Y le diré solamente al oído del corazón de mi digna madre que ella asegura que nuestro Señor le ha hecho ver algo de esto 9...

Esto es, mi dignísima madre, la más amable y amada (que yo puedo expresar), lo que tengo que decirle por ahora.

¡Ay, Jesús!

Me acuerdo ahora de que no he contestado a lo que usted me dijo, de que aspiramos a unir juntamente la perfección eclesiástica y la religiosa.

No, mi querida madre; somos demasiado malos para eso.

La verdad es que nos cuesta mucho encontrar un medio para poder proseguir en nuestra vocación.

En alguna otra ocasión ya le diré las razones a nuestra querida madre y los diversos pensamientos que se me ocurren para que me dé usted su santos consejos.

Entretanto soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor.

Tomo II · página PDF 87

V ICENTE DEPAUL sacerdote de la Misión En nombre de Dios, mi dignísima madre, el último punto de esta carta se lo digo solamente al corazón de mi querida madre y a nadie más.

Dirección: A la reverenda madre de Chantal, superiora del primer monasterio de las hijas de Santa María de Annecy, en Annecy. 496 [475,II,101-104] A BERNARDO CODOING París, 26 de agosto de 1640 Padre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Recibí la suya del 4 de este mes, en respuesta a la cual diré que adoro la providencia de Dios sobre usted, en el nuevo trabajo que ha emprendido, y que le ruego que le dé sus bendiciones y nos haga conocer su divina voluntad para ocasiones semejantes.

Le escribo al padre Duhamel que, si no espera encontrar descanso en el ________ 9.

Omitimos aquí cuatro líneas del original, que las tachaduras han hecho totalmente ilegibles.

Carta 496 (CA).

— Archivo de Turín, original. 85

Tomo II · página PDF 87

cambio de personas y de lugares, yendo a reunirse con el padre Lebreton en Roma o marchando a Alet, in nomine Domini, que se vuelva a su casa en París; dígale usted que será conveniente que deje pasar algún tiempo antes de volver acá.

Le digo a nuestra digna madre que la señora Goussault me dijo, antes de morir que estaba perdido si no perseveraba en su vocación, no ya por el vicio sino por la condición de su espíritu, que se inquieta por todo y en todas partes; pero tenemos motivos para esperar que nuestro Señor le concederá su especial protección, debido al temor que él tiene de ofenderle.

Le ruego que me escriba sobre su decisión, para que pueda dar órdenes a los sitios que le he señalado, para que lo reciban y atiendan.

Al padre Escart también le escribí por extenso hace algún tiempo 1, según lo que usted me decía.

Espero que, si no se ha alterado su imaginación, mi carta habrá hecho en él algún efecto; si puedo, le diré dos palabras por este correo 2 Al padre Tholard le escribo sobre sus dificultades en la confesión 3; no es necesario que deje de confesar por ellas.

Tomo II · página PDF 88

A usted le escribí también ampliamente, según creo, por medio del señor de Courcilly, librero de Lión.

Me imagino que habrá recibido ya esa carta.

Le digo a nuestra digna madre 4 que jamás el señor comendador 5 ni yo mismo hemos tenido nuestro entendimiento y nuestra voluntad tan sometidos al pensamiento que nuestro Señor le ha concedido a nuestra digna madre como en la cuestión del visitador; y es verdad.

¡Oh Jesús!

Es preciso que así sea.

Ahora resulta que vuelve a tener usted la manera de vivir del seminario en su nuevo alojamiento y celebrando la misión en Annecy.

Bien, padre, adoro la providencia de Dios en esto.

Le digo al señor obispo 6 que el resultado será la norma según la cual habremos de actuar en casos semejantes.

Aquí estamos haciendo ahora la visita, con la presencia de los padres Savinier, de Sergis y Durot.

El padre Dufestel, superior de Troyes, acaba de salir del seminario, donde me pidió pasar algún tiempo.

¡Ay padre, qué buen ejemplo ha dado usted a la posteridad ________ 1.

El 25 de julio (cf. carta 481). 2.

Cf. carta 497. 3.

Cf. carta 498. 4.

Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. 5.

Tomo II · página PDF 88

El comendador de Sillery. 6.

Justo Guérin, obispo de Ginebra. 86

Tomo II · página PDF 88

en esto! 7.

El padre Perceval, que pertenece a la comunidad de Troyes, ha estado acompañando a su superior.

Tenemos enfermos en Lorena a los padres du Coudray y Guérin, el más joven.

Los encomiendo a sus oraciones y le ruego que nos ayude a agradecer y a hacer que otros agradezcan la bondad que Dios tiene sobre esta pobre y humilde compañía, por haber inspirado a un alma buena, que no quiere dar su nombre, que entregue veinticinco mil libras, parte en dinero contante y parte en rentas establecidas, para que quiera Dios concedernos la gracia de cobrar cada vez más afecto al espíritu de la compañía.

¿No se le enternece el corazón al ver la forma con que Dios quiere consolarnos temporal y espiritualmente?

En otros tiempos quiso confirmar de viva voz la regla de san Francisco; ahora aprueba con sus beneficios el espíritu de esta pobre compañía.

Pues para este fin es para el que me ha dicho esa persona que le había inspirado Dios esta idea.

Unicamente su hijo, que me ha dado la noticia, otra persona y yo sabemos de quién se trata, y no se lo puedo decir a nadie.

Tomo II · página PDF 89

O altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei! quam incomprehensibilia sunt judicia ejus! 8.

¡Ay, padre!

¿Quién nos ayudará a humillarnos por debajo de los infiernos, y dónde podremos ocultarnos, teniendo en cuenta tantas bondades de Dios sobre nosotros?

Lo haremos en las llagas de nuestro Señor, en cuyo amor y en el de su santa Madre soy su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Le suplico, padre, que le diga a la compañía que no hable nunca con nadie de esto; se lo podrá usted decir, sin embargo, a nuestra digna madre, rogándole que nos ayude a agradecérselo a Dios.

Le he dado las 300 libras que usted me ordenaba a un alumno, tal como me decía, quinientas al hijo de la señora de Menthon, que está en la Academia y le envía su carta para que las reciba de su señora madre, y quince pistoles al ecónomo de Santa María de la ciudad 9, como me señalaba en su carta.

Indíqueme si va a recibir o si ha recibido ya esas sumas.

Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la Misión de Annecy, en Annecy. ________ 7.

Tomo II · página PDF 89

Según estas palabras, parece que Bernardo Codoing dedicó algún tiempo a hacer un seminario de renovación, esto es, dejó algún tiempo sus trabajos para entregarse en San Lázaro, bajo la dirección del sacerdote encargado de los seminaristas, a su propia perfección. 8.

Rom 11,33. 9.

El primer monasterio de la Visitación. 87

Tomo II · página PDF 89

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

Volver arriba VicenPlay