Carta · tomo II

A PEDRO ESCART

26 de agosto de 1640

Tipo
Carta
Tomo
II
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104
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497 [476,II,104-106] A PEDRO ESCART París, 26 de agosto de 1640 Padre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Aunque ya le escribí largo y tendido hace alrededor de un mes 1, no quiero dejar que pase esta ocasión para ponerle unas líneas y decirle que le recuerdo con cariño y que pienso con frecuencia en la bondad de corazón con la que me imagino que habrá usted acogido lo que le escribí a propósito de la sumisión de juicio, y en el buen uso que de ella habrá hecho.

¡Ay padre!

¡Cuánto me consuela esto y cuánto creo que alegra también el corazón de Dios!

Nunca he visto nada que me haya edificado tanto como las luces que nuestro Señor le dio el año pasado sobre este tema en sus ejercicios.

Nuestra digna madre de Chantal me indica que le han dicho a usted que una de sus hermanas ha apostatado de la fe, lo cual me ha impresionado mucho; pero no sé por qué me cuesta un poco creer que haya ocurrido esto, y tengo miedo de que el enemigo de la paz de su alma haya sugerido este pensamiento a los que tienen ganas de verle por su país para convencerle de que vaya allá.

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Y como pudiera ser que se tratara de esto, mi queridísimo hermano, le ruego que deje el pensamiento de ese viaje hasta que se presente alguna ocasión para ver, de pasada hacia algún sitio, qué es lo que pasa y si puede usted ayudarla en algo.

El testimonio que nos ha dado nuestro Señor de cuánto le agrada que se aleje uno de sus parientes, hasta llegar a distribuir los bienes entre los pobres e incluso hasta dejar de asistir al entierro de su padre, y viendo además cómo él mismo huyó del país natal desde su nacimiento y luego más tarde en su edad adulta, todo esto junto con la experiencia que he podido hacer en mi propia persona del daño que recibe un eclesiástico en esta clase de visitas, aparte de la regla que tenemos y que es preciso observar, con la gracia de Dios, todo esto — repito — hace que yo piense que no conviene que vaya usted allá expresamente, sino que será oportuno que espere alguna ocasión que le depare la Providencin, por medio de la cual, yendo de paso, podrá usted acercarse a visitar a sus parientes.

Sí, pero, me dirá usted, quizás yo pueda devolver a esta querida hermana mía al seno de la Iglesia.

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Tiene usted razón, padre, al ________ Carta 497 (CA).

— Archivo de Turín, original. 1.

El 25 de julio. 88

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decir quizás, pues tiene motivos para dudar de ello y, al creer que podrá hacer algo por sí mismo, podría usted salir perjudicado.

Nuestro Señor veía a sus parientes de Nazaret, que necesitaban su ayuda para salvarse y a los cuales quizás les hubiera podido ser útil; sin embargo, prefirió dejarles en peligro antes que ir a visitarles, al ver cómo a su Padre no le agradaba, queriendo dejar este ejemplo a la posteridad y señalar a su Iglesia lo que hay que hacer en casos semejantes.

Muchas veces admiro cómo siguió en la práctica este ejemplo de nuestro Señor san Francisco Javier, que pasó muy cerca de la casa de sus padres, cuando iba camino de las Indias, sin pasar a hacerles una visita.

Entretanto he aquí lo que puede usted hacer.

Convendrá que les escriba a los padres capuchinos de Sion y les pida que vayan a ver a su hermana y a sus otros parientes, y que hagan todo lo posible para atraer a su querida hermana y lograr que sus parientes hagan una confesión general; a éstos les podrá escribir también para rogarles que se aprovechen de la gracia que se les presentará por medio de esos buenos padres.

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Esto es, mi querido padre Escart, lo que tengo que decirle por ahora, junto con mis deseos infinitos de que busquemos por encima de todo despojarnos del afecto a todo cuanto no es Dios, y que no nos aficionemos a las cosas más que por Dios y según Dios, y que procuremos establecer primeramente su reino en nosotros, y luego en los demás.

Es lo que también le ruego que pida a Dios para mí que, soy, [padre] 2, en su amor, su muy humilde servidor.

VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al padre Escart, sacerdote de la Misión, en Annecy. 498 [477,106-108] A SANTIAGO THOLARD París, 26 de agosto de 1640 Padre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Recibí la suya con el consuelo que solo Dios sabe, en respuesta a la cual le diré que no debería usted preocuparse por las tentaciones que le vienen en las confesiones, ni por sus efectos.

Esto les ________ 2.

El santo ha escrito: Señora, por distracción.

Carta 498 (CA).

Archivo de Turín, original. 89

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pasa a algunos de forma natural, al ver o al oír las menores cosas que tienden a eso; a otros les vienen por sugestión del demonio, que quiere apartarnos del bien que se hace en esa divina acción.

Pero ni en uno ni en otro caso ofendemos jamás a Dios ni mortal ni venialmente, mientras esos accidentes estén fuera de la complacencia de nuestro espíritu.

La mayor parte de los confesores, o al menos muchos de ellos, se ven molestados por esas miserias al comienzo de esta ocupación; pero poco a poco esas cosas dejan de hacer impresión en la imaginación, quia in assuetis non fit passio 1.

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Un santo obispo que sufría estas cosas al bautizar a las mujeres, al principio de la Iglesia, cuando se hacía el bautismo por inmersión, le pidió a Dios muchas veces que lo librase de esas tentaciones; pero como Dios no lo escuchase, perdió finalmente la paciencia y se retiró al desierto, donde Dios le hizo ver tres coronas, unas más ricas que otras, que le tenía preparadas para el caso de que hubiera perseverado, y le dijo que sólo alcanzaría la más pequeña, ya que no había tenido confianza en que él le preservaría de caer en la tentación, ya que había permitido que fuese tentado en las tareas de su vocación Este ejemplo que me contó en cierta ocasión un cartujo, bajo cuya dirección estaba haciendo mi retiro en Valprofonde 2, hizo desaparecer una tentación muy parecida que por entonces sufría en los actos de mi vocación.

Espero, padre, de la bondad de Dios que producirá en usted un efecto parecido, sabiendo que tendrá delante de Dios una corona especial por esto, si persevera.

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Basta con que haga usted un acto de desaprobación de todas esas cosas, cuando comience a confesar; y no es necesario que se confiese de. ello; más aún, es preciso que se abstenga.

Confiese, pues, en paz, y crea más en la bondad de nuestro Señor, que no se ofende por esas cosas ni por nada que suceda en nosotros en contra de nuestra voluntad 3.

Y no importa decir que la violencia de la sensualidad no le permite hacer ningún acto de desaprobación durante eso, ya que no es necesario ni casi posible, al menos de una forma sensible.

Lo que nuestro Señor pide de nosotros es que pasemos aprisa por estas materias, de modo sin embargo, que no dejemos nunca de decir y de hacer las cosas que se necesitan para ayudar a las almas a limpiarse de esos defectos.

Nuestro Señor será su instrucción y su fuerza en este asunto.

Ponga en él toda su confianza y acuérdese, padre, de que su bondad me ha ________ 1.

Proverbio escolástico muy conocido.

Su sentido es: la costumbre embota la sensibilidad. 2.

En el ayuntamiento de Béon (Yonne). 3.

Aquí el santo ha tachado las palabras siguientes: como la tentación y tampoco hay que decir que usted... 90

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