Carta · tomo II
A LUISA DE MARILLAC
503 [482,II,482] A LUISA DE MARILLAC San Lázaro, sábado por la mañana. [Agosto o septiembre de 1640] 1.
Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Todavía no he decidido que se haga el viaje del que usted me habla y no sé quién se lo habrá dicho a su hijo.
Es conveniente que las hermanas de la Caridad de Richelieu no vean al padre Durot ni al hermano.
Es preciso hacerles comprender con mucha mansedumbre que no conviene que tratemos entre nosotros más que de las cosas necesarias.
He visto la nota de la señora de Souscarriére y le enviaré al señor procurador general 2 la que usted me ha enviado.
Ya he hecho el encargo de la casa 3.
Hoy estoy muy ocupado con nuestra visita 4.
No obstante, mañana hablaré con 1¿l señorita Lamy, si Dios quiere, en cuyo amor soy su servidor.
V.
D EPAUL Dirección: A la señorita Le Gras. 504 [483,II,113] A LUISA DE MARILLAC [1640] 1 Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Esta tarde hablaré con el señor de Vincy sobre la carroza para mañana después de comer.
Se me ha escapado la de hoy; ahora es ya demasiado tarde; y mañana por la mañana tengo que ir a Nuestra ________ Carta 503 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Cf. nota 4. 2.
Mateo Molé. 3.
San Vicente estaba buscando otra casa madre para las Hijas de la Caridad. 4.
La visita carta San Lázaro, que había empezado el 26 de agosto (cf. 494).
Carta 504.
— Original en las Hijas de la Caridad de Gerona (España). 1.
Esta carta se escribió por el tiempo de la carta 502. 94
Señora, a casa del señor obispo de Meaux 2, para un asunto de mucha importancia.
Soy de su opinión a propósito de las nuevas hermanas, aunque me apena un poco el que ya no estén en Richelieu y no sé como lo habrá tomado el padre Lamberto.
Dentro de dos o tres días veré a las hermanas y les recomendaré que obedezcan a Ana 3.
Me doy cuenta de que será necesario ver a las hermanas el jueves en los Niños 4; pero no sé si me quedará algún momento libre para el reglamento.
Ya veremos.
Podrá, pues, avisarles para ese día, o para el viernes, que me resultará menos molesto.
Adiós, señorita.
Soy s. s.
V.
D .
Envíeme mañana por la mañana a una de las hermanas, para llevar la respuesta sobre la carroza.
Dirección: A la señorita Le Gras. 505 [484,II,114-115] A LUISA DE MARILLAC Miércoles por la mañana [1640] 1 Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Acabo de leer la distribución del día que me ha enviado usted y me parece bien.
Lo que no me acababa de parecer bien, era que no distinguía en mi espíritu las diversas ocupaciones de las hermanas.
Ahora me parece que lo que hay que hacer es esto: las de la Chapelle y las del Hospital pueden observarla tal como está, las de las parroquias, las de los Niños 2 y las de los galeotes procura________ 2.
Domingo Séguier, obispo de Meaux (1637-1659). 3.
Quizás Ana Hardemont. 4.
En los niños expósitos.
Carta 505 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
En su conferencia de 19 de julio de 1640, el santo les comunicó a las hermanas su intención de redactar reglamentos especiales para las hermanas de la casa madre, del hospital, de las parroquias, de los Niños expósitos y de las que atendían a los condenados a galeras.
Luisa de Marillac se puso pronto a trabajar en ello.
Quizás su trabajo había ya comenzado.
Esta carta parece estar escrita un día después de la anterior. 2.
Los Niños expósitos. 95
rán atenerse a ella en sus ocupaciones especiales.
La de las hermanas de la parroquia está bastante concreta.
Al final, añada usted algunas líneas para las encargadas de los Niños con lo que crea conveniente, y en la de las hermanas para los galeotes lo que sea propio de ellas; pero para ello será conveniente saber qué es lo que hacen y ponerlo.
Prepare usted hoy la de los Niños y envíemela, y procuraré verla esta tarde 3.
Creo que la Providencia quiere que no vaya usted hoy a los Niños.
El señor de Vincy necesita hoy su carroza y mañana tengo miedo de ir tan lejos a los Niños, ya que me he sofocado después de haber hablado.
¿Podrá usted retrasarlo hasta el viernes o citar mañana a las hermanas en su casa de la Chapelle, adonde podría ir yo?
Si ya ha dado usted orden en contrario, no ponga dificultad en pedir prestada otra carroza y acudir hoy.
Mañana me pasaré por los Niños, con la ayuda de Dios.
Adiós, señorita.
Devuélvame esta tarde esa distribución del día.
Dirección: A la señorita Le Gras. 506 [485,II,115-120] A LA MADRE DE LA TRINIDAD 1 París, 1 de octubre de 1640 Mi queridísima madre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le doy gracias a la bondad de Dios, mi querida madre, por haberle devuelto la salud, y le ruego que se la conserve largos años para bien de su santa Orden y de sus queridos hijos, los misioneros, a quienes ha engendrado usted en nuestro Señor en la diócesis de Troyes.
La madre superiora de Santa María l me ha dicho que le ha comunicado por escrito la nueva vida del difunto señor comendador ________ 3.
Conservamos varias observaciones de Luisa de Marillac sobre las reglas comunes y las reglas especiales para las hermanas de los Niños expósitos, de los hospitales, de las parroquias, del Hospital de París y de las dedicadas a los condenados a galeras, un reglamento para las hermanas de los Niños expósitos, otro para las de los hospitales y otro para los diversos oficios de la casa madre (cf.
Pensées de Louise de Marillac).
Carta 506 (CA).
— Original en el Carmelo de Troyes. 1.
Elena Angélica Lhuillier. 96
de Sillery.
Dios dispuso de él el día de san Cipriano, 26 de septiembre, a eso del mediodía, con una muerte preciosa.
Al principio de su enfermedad sufría en las crisis una pequeña alteración mental, que sólo se daba a conocer de vez en cuando en ciertas acciones infantiles.
Seis días antes de morir se puso tan juicioso, tan firme y tan entero como nunca lo habíamos visto, siguiendo así hasta la hora bienaventurada en que se marchó a Dios con una plenitud del espíritu de Dios y una sumisión a su voluntad continua y digna de admiración a mis ojos 2.
Se confesó con una confesión casi general de las faltas más graves de su vida con el señor cura de la parroquia 3 Y comulgó públicamente de su mano en forma de viático aquel mismo día, el sexto antes de su muerte; seis horas antes de morir empezó a fatigarse y a no poder respirar ni expectorar.
Recibió con agrado la extremaunción, que me había dicho que se la administrara cuando lo creyese oportuno.
Recibió este sacramento con una devoción muy grande, firme y tierna a la vez; empezó y continuó formulando en alta voz actos muy frecuentes de fe, de esperanza, de caridad, de contrición, de gratitud a su ángel de la guarda por todas las veces que le había asistido durante su vida, pidiéndole perdón del mal uso que había hecho de sus favores y rogándole que le asistiese en la última acción que le quedaba por realizar; le dio gracias a Dios varias veces por la elección que había hecho de su santa Madre por las gracias que le había concedido a él, y a la Virgen por todas las que le había alcanzado, especialmente por la de haberle recibido como esclavo, y le dio gracias a Dios por haber entregado san Juan a la santísima Virgen y la santísima Virgen a san Juan.
Le agradeció también varias veces la encarnación, la vida, la muerte de nuestro Señor, el que nos hubiese dejado su cuerpo en la tierra para que nos pudiésemos unir a él y, además, porque su reino no tendría nunca fin, y le pidió perdón por todas las veces que había usado mal de los divinos misterios.
Le dio gracias luego al Espíritu Santo por todas las inspiraciones que le había concedido y le pidió perdón por el mal uso que había hecho de ellas.
Le agradeció al Padre eterno por el ser que le había dado y a la divinidad en la Trinidad por la gloria que posee; le pidió que la aumentase, lo mismo que la que había dado a nuestro Señor, a la santísima Virgen, a los ángeles, a los santos y especialmente a nuestro bienaventurado ________ 2.
Aquí san Vicente había escrito: comulgó a los seis , pero luego tachó esas palabras. 3.
Nicolás Masure, párroco de San Pablo. 97
Padre 4, Le dio también gracias a Dios por haberlo sacado de la masa corrompida del mundo desde hacía ocho o diez años y por haberle hecho vivir una vida más retirada.
Le dio gracias además por la gloria que había dado a san Juan, patrono de su Orden, y a todos los bienaventurados religiosos y pidió perdón por no haber vivido como un verdadero religioso; y en medio de todo esto, que repetía con frecuencia, manifestaba frecuentemente deseos de ver a Dios con aquellas palabras de san Pablo: Cupio dissolvi et esse cum Christo 5; veni, Domine, veni et noli tardare.
Una hora antes de morir, mandó llamar al señor de Cordes, uno de sus tres ejecutores testamentarios 6, y le hizo distribuir a sus servidores, en dinero, todo lo que les había legado por testamento uniéndose a la división de los vestidos de nuestro Señor antes de su agonía, y les dio a todos su bendición y algunos Miserere.
Finalmente, entregó a Dios su alma bienaventurada con una gran dulzura.
Esta es, mi querida madre, la disposición que la bondad de Dios ha querido guardar con este servidor suyo, que tenía tanta confianza en usted y al que usted tanto quería y estimaba delante de Dios.
Le pedí la bendición para usted, mi querida madre, como lo hice también para Santa María, y para nosotros.
¡Ay Señor!
Nos la dio, mi querida madre, con todo su corazón, hablando de su caridad con una estima y una confianza verdaderamente filial.
La que demostró conmigo ha sido para mí un consuelo especial y me da esperanzas de que me alcanzará misericordia delante de Dios.
Durante esas seis horas manifestó su deseo de que yo estuviera continuamente a su lado, de forma que no podía sufrir que yo pasase a otra habitación, ni siquiera para que me pasasen algún recado, y quiso que comiese al lado de su cama, una media hora antes de su muerte.
Esto es en resumen, mi querida madre, lo que ocurrió en aquel bienaventurado tránsito de este siervo de Dios.
Después de su muerte, se temía que su Orden empezase a formular quejas 7; pero no fue así.
Todo ha sucedido con la misma paz y tranquilidad como si hubiera tenido hijos.
Sus ejecutores testamentarios acudieron al mismo tiempo, lo pusieron todo en orden, ________ 4.
San Francisco de Sales. 5.
Flp 1,23. 6.
Los otros dos eran el presidente Trélon, su sobrino, y el señor Desbordes, auditor del tribunal de Cuentas. 7.
A la Orden de Malta le hubiera gustado obtener una parte mayor en la generosidad testamentaria de Brulart de Sillery. 98
y al día siguiente por la tarde lo enterraron, según el deseo de sus parientes, ya que él había dejado ordenado en su testamento que sus funerales se celebrasen sin pompa y sin armas.
Durante el cortejo fúnebre, mucha gente decía: «¡Ay, Dios mío!
¡Qué gran perdida para los pobres!»; y otros: «¡Que encuentre ahora en el cielo todo el bien que ha hecho a los pobres!» 8.
Por todo París se comenta estos días esta muerte tan hermosa y la forma con que ha dispuesto de sus bienes, alabándola todos, a no ser los que pretendían alguna cosa.
Ha dejado cien mil francos para su Orden 9, y a nosotros lo que le puede haber dicho el padre Dufestel, y ha hecho herederos suyos a los pobres del Hospital.
Me olvidaba de decirle que ha dejado cincuenta mil libras para un sobrino pobre, a fin de que compre algún oficio en el parlamento o en el gran consejo, con la carga de que revierta dicha cantidad al Hospital si no lo hace, y a otro mil quinientas libras de renta, con la misma carga de reversión al Hospital 10.
No ha te________ 8.
El cronista de los monasterios de la Visitación nos ofrece más detalles sobre las exequias de Noel Brûlart de Sillery.
En su manuscrito citado por el autor de la vida del comendador, se lee: «Al día siguiente de su fallecimiento, a eso de las seis de la tarde, todos los eclesiásticos de San Pablo, con velas en la mano, fueron a buscar su cuerpo y lo llevaron sin pompa a la parroquia, por haberlo así ordenado.
Acabadas las preces ordinarias, el mismo cortejo condujo su cuerpo a nuestra iglesia (la iglesia de la Visitación), donde había de ser enterrado.
Estaba des cubierto y revestido de casulla.
Las lágrimas de los escolares a quienes mantenía y los lamentos de los pobres a quienes alimentaba, se oían por todas partes.
Los padres de la Misión celebraron un funeral, en el que ofició el padre Vicente de Paúl, que hizo a continuación el elogio del difunto, pero sin subir al púlpito» (p. 225).
El comendador de Sillery fue enterrado en la capilla dedicada a san Francisco de Sales.
Un epitafio grabado en el mármol, encima del sepulcro, recordaba sus virtudes, sus títulos y sus servicios.
En 1835, fue trasladado su cuerpo al nuevo convento de las Visitandinas, en la calle Neuve-Saint-Etienne-du-Mont, luego calle del Infierno.
La antigua capilla de la Visitación se había convertido en templo protestante. 9.
Brulart de Sillery legó al Consejo de la Orden 80.000 libras, además de las 24.000 que le debía por haber obtenido permiso para hacer testamento. 10.
Sobre las disposiciones testamentarias de Sillery (cf.
F OSSEYEUX, Contribution a l'histoire du monastere de la Visitation Sainte-Marie du faubourg Saint-Antoine au XVIIe siècle, en el Bulletin de la Société de l'Histoire de Paris et de l'île de France, 1910, 200). 99
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