Carta · tomo II

A LUISA DE MARILLAC

Tipo
Carta
Tomo
II
Página inicial
174
Metadatos
Extraídos del documento
Ver tomo

Hablaré con el señor Guilloire de la señorita Constanza; entretanto será conveniente tratar con la señora Belot 2; pero ¿no le parece que podrá bastar con la señora Turgis?

Si la cree usted idónea, será conveniente que le dé usted crédito entre las hermanas.

Por lo que usted se refiere, señorita, perdóneme el que no pueda hablarle antes.

Lo haré en cuanto pueda.

Soy, en el amor de nuestro Señor, s. s.

V.

D . 550 [528,II,174-175] A LUISA DE MARILLAC [1641] 1 Esa buena hermana se ha decidido finalmente a marcharse a San Cosme 2, aunque, con su carácter tan fluctuante, diga que no será para mucho tiempo; recuerdo que también su tío tenía la misma manera de ser.

El padre Dehorgny me dijo hace dos o tres días que no están contentos con la hermana Juana, de los condenados a galeras; ha sido el párroco de San Nicolás 3 el que se lo ha dicho.

Si es así, conviene que la quite usted lo antes que pueda.

No sé si ese cargo será superior a las fuerzas de la hermana Bárbara Angiboust 4.

Creo que podré ir a verla mañana, con la ayuda de Dios.

Entretanto le doy gracias a Dios por su mejoría.

Tomo II · p. 174

Me he quedado muy edificado con esa buena señorita de Arrás; ¿cuándo empezará el retiro?

Lleva una vida muy interior.

No sé si será lo bastante activa; nuestro Señor lo será bastante por ella. ________ 2.

Quizás se trate de María Le Maistre, esposa de Martín Belot, comerciante, que tenía su domicilio en la parroquia de Saint-Nicolás-du-Chardonnet en la calle des Rats, luego calle de Arras.

Carta 550 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

Fue entonces cuando Bárbara Angiboust se fue a servir a los condenados a galeras. 2.

Parroquia de París. 3.

Jorge Froger, párroco de Saint-Nicolas-du-Chardonnet.

Se sabe que el clero de San Nicolás estaba encargado de la capellanía de los condenados a galeras. 4.

Se distinguió, como siempre, por su gran caridad y su inalterable paciencia.

Sucedía a veces que los galeotes, descontentos de lo que se les servía, tiraban al suelo la comida.

Bárbara entonces se agachaba, recogía el pan y la carne, y después de haber limpiado los alimentos, se los volvía a ofrecer, siempre sonriendo. 145

Tomo II · p. 174

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

Volver arriba VicenPlay