Carta · tomo II
A LUISA DE MARILLAC
A sor Ana 4, creo que convendrá que le escriba usted cordialmente sobre su tristeza.
Y a Petra 5, me parece que convendría escribirle unas palabras hasta que pueda usted verla.
Espero ir el jueves a La Chapelle, si usted le dice a la señora Caregré, la hija del señor de La Bistrade, que le lleve a usted en su carroza, y dígale además que yo iré para allá entre las dos y las tres del mismo día aunque no se lo doy por seguro.
Soy su muy humilde servidor.
V.
D . 558 [535,II,181-182] A LUISA DE MARILLAC Jueves por la mañana. [Entre julio y septiembre] 1 Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Ya estoy de vuelta 2, gracias a Dios, a quien le doy las gracias también por su salud.
Isabel 3 se encuentra perfectamente bien de cuerpo; pero no se encuentra muy a gusto en una casa donde no hay observancia 4.
Su compañera 5 es una pobre criatura.
No sé si se le podrá buscar algo ________ por ambos lados.
Este uso se fue poco a poco generalizando y Edmundo Jolly, tercer superior general, lo hizo obligatorio en 1685, para poner remedio a la diferencia de tocado que podía resultar chocante en una comunidad.
La papalina blanca empozó a aumentar en la segunda mitad del siglo XVIII, Y en el siglo XIX se permitió el almidonado, para darle más consistencia.
Luisa de Marillac no vestía como sus hijas; con permiso de san Vicente llevaba el vestido usual en las viudas entregadas a la vida piadosa. 4.
Quizás Ana Hardemont. 5.
Probablemente Petra, sobrina de sor Enriqueta Gesseaume.
Carta 558 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Esta carta ha de situarse entre la llegada de sor Isabel Martín a Richelieu (lo más pronto en julio de 1641) y la adquisición de la nueva casa madre de las hermanas frente a San Lázaro (septiembre de 1641) 2.
San Vicente había regresado de Richelieu. 3.
Isabel Martín. 4.
La casa de Richelieu. 5.
Quizás Luisa, que había sido enviada a Richelieu con sor Bárbara Angiboust cuando la fundación. «Hija mía, le escribía Luisa de 153
que le vaya; no tiene más que cuatro o cinco niñas 6 y no va visitar a los enfermos.
Lo que más le mortifica a nuestra querida hermana Isabel es que no visita los enfermos, desde que hace algún tiempo la encargaron del acomodamiento de cuarenta o cincuenta ordenandos; ya le avisé al padre Lamberto que no volviera a darle ese trabajo.
Parece que esa buena hermana no hace más que desear volver acá o a Angers 7.
Sin embargo, hará por virtud lo que le ordenen.
La señora duquesa de Aiguillon me dijo ayer que la propuesta que le ha hecho la señora de Lamoignon 8 de poner las 45.000 libras a renta y alquilar entretanto una casa 9, le parece bien.
Veremos a las damas oficiales el sábado después de comer, si hace usted el favor de avisarles y de retrasar la reunión con las hermanas hasta la semana próxima, a causa del ajetreo que tengo después de mi regreso.
A usted tendré la dicha de verla lo más pronto que pueda. :Soy s. s.
V.
D .
Dirección: A la señorita Le Gras. ________ Marillac en 1639 (carta 11), hágase un poco más de violencia.
¿Qué le pasa cuando hace sin permiso ciertas visitas y ciertas peregrinaciones y se empeña en vivir según su voluntad...?
Creo que la causa de la mayor parte de las faltas que usted comete... es que tiene usted dinero y le ha gustado siempre tenerlo». 6.
En su escuela. 7.
Era superiora en Angers antes de ir a Richelieu. 8.
La señora de Lamoignon, María de Landes, se había casado el 10 de junio de 1597 con Cristián de Lamoignon, presidente con birret, en el parlamento de París.
De esta unión nacieron el célebre Guillermo de Lamoignon, primer presidente en dicho parlamento, y Magdalena de Lamoignon, tan conocida por su piedad y por su entrega a los necesitados.
La madre era, según decía el mismo san Francisco de Sales, una de las mujeres más santas de su tiempo.
Entre las damas de la Caridad, de las que llegó a ser presidenta después de la señora de Souscarriéres, fue una de las que más secundó a san Vicente.
Su nombre merece colocarse al lado de los de la señora Goussault y la duquesa de Aiguillon. «El padre de los pobres va a ver a su madre», se decía cuando se veía el santo entrar en su casa.
Nunca dejó de oír el oficio canonical.
Un día que se desmayó advirtieron que llevaba un cilicio y un cinturón de clavos que la mortificaban cruelmente.
Murió el 21 de diciembre de 1651, a los 75 años.
Los pobres de su parroquia no permitieron que trasladaran su cadáver a la iglesia de los franciscanos de San Dionisio, donde estaba enterrado su marido (Bibl.
Nac., ff. 32.785). 9.
Para convertirla en la casa madre de las Hijas de la Caridad. 154
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