Carta · tomo II
UN PARROCO DE LOS ALREDEDORES DE PARIS A SAN VICENTE
de forma que creo haberme quedado saboreándolas en mi espíritu por dos o tres veces, durante un cuarto de hora cada vez.
¡Ay, padre!
¡cómo me afligen las abominaciones de mi vida ante la vista de estas misericordias de Dios sobre la compañía! 1.
Me parece muy bien que le haya dicho usted al señor Ingoli que la escasez de obreros que tenemos y la obligación que sentimos con los señores obispos circa missiones faciendas, nos privan de la posibilidad de atender al favor que su bondad nos ofrece de mediar con la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para que proteja a la compañía; creo, padre, que hará usted bien en quedarse donde está y en fundamentar su trato con él en este principio, asegurándole, tal como le indiqué por medio del padre Lebretón, que yo creo que, puesto que solamente Su Santidad puede enviar ad gentes, todos los eclesiásticos están obligados a obedecer, cuando él mande que vayan allá, y que esta pequeña compañía se ha educado en esta disposición de que, dejándolo todo, cuando quiera Su Santidad enviarla a capite ad calcem a esos países, irá de muy buen grado.
¡Ojalá Dios nos hubiese hecho dignos de utilizar nuestras vidas, como la de nuestro Señor, en la salvación de esas pobres criaturas privadas de todo socorro!
Trate usted este asunto con su habitual prudencia. 613 [590,II,257] UN PARROCO DE LOS ALREDEDORES DE PARIS A SAN VICENTE 1642.
Los frutos que han obtenido todos los que practican en casa de ustedes los ejercicios del retiro espiritual derraman tal olor en todos los lugares por donde pasan, que hacen nacer en el espíritu de muchos el deseo de acudir también a recogerlos del mismo árbol.
Así pues, al haber visto a uno de mis parientes cercanos con esa buena voluntad, he creído que no puedo hacer por él nada mejor que suplicarle a usted muy humildemente que acepte recibirlo para que haga en su casa los ejercicios espirituales, de los que espera recibir luz y gracia para poder gobernarse el resto de su vida. ________ 1.
Aquí acaba el primer fragmento.
Carta 613.
— L.
ABELL Y, o.c., II, cap. 4, sec. 4. 285. 214
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