Carta · tomo II

RESPUESTAS DE SAN VICENTE A ALGUNAS PREGUNTAS PLANTEADAS POR LUISA DE MARILLAC

13 de febrero de 1646

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
II
Extensión
1.038 palabras
Página inicial
218 (PDF)
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616 [593,II,259-262] RESPUESTAS DE SAN VICENTE A ALGUNAS PREGUNTAS PLANTEADAS POR LUISA DE MARILLAC [Por junio de 1642] 1 P .

— ¿Tiene que ir sor Enriqueta a Sedán antes de regresar?

¿mandamos volver a sor Gillette? 2; en ese caso, ¿habrá que enviar a dos?

R.

— Creo que sí. ________ 2.

San Vicente hizo más tarde ante las hermanas el relato de este accidente (Conferencia del 13 de febrero de 1646); Luisa de Marillac consignó por escrito las reflexiones que este hecho le sugirió (Pensees, 186).

Carta 616 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

Esta carta fue escrita poco después de la carta 610, quizás el día antes de salir de viaje para Richelieu, hacia el 10 de junio.

Entre pregunta y pregunta, Luisa de Marillac dejó un espacio en blanco para las respuestas, que san Vicente prefirió escribir al margen en las dos primeras páginas.

Las iniciales P (pregunta) y R (respuesta) se han añadido para hacer la carta más inteligible. 2.

Gillette Joly, hermana de María Joly. 216

Tomo II · página PDF 218

P .

— ¿Se quedará sor Bárbara 3 con los galeotes, adonde ha habido que enviar una tercera hermana, dado que sor Bárbara está débil l! enfermiza?

R.

— Creo que convendrá retirarla.

Dentro de pocos días sólo se necesitarán dos.

Los presos se irán pronto 4.

P .

— ¿Habrá que hablar con el señor procurador general 5 sobre la prohibición que ha hecho de que salga sor Enriqueta?

P .

— ¿Será posible dar alguna orden para que las hermanas de San Sulpicio no se vean tan sobrecargadas con los remedios que se ven obligadas a llevar a algunas personas que no han sido recibidas en la Caridad, ya que hay allí 5 ó 6 personas que les mandan?

Esto las desanima a todas, junto con los continuos desprecios y sospechas que tienen que padecer; ¿no sería posible lograr que cambiaran de residencia?

R.

— Hablaré con la señora duquesa 6, cuando vuelva prefiera usted hablar con ella sobre esto.

P .

— ¿Qué puedo hacer para quitar a sor Ana?

R.

— Usted verá.

P .

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— Cuando vaya a Fontenay la esposa del señor canciller, ¿habrá que decírselo?, ¿qué he de decirle a sor Ana?; si la visita mientras estoy yo en los Niños, ¿no será mejor que, en vez de quedarse en la casa, venga también ella, para evitar que cometa algún desorden?

R.

— Convendrá recordarle este viaje a dicha señora y hacer, como usted dice, que esa hermana se vaya a los Niños.

P .

— ¿A quién pondremos en su lugar?

¿a sor Juana Lepeintre?

R.

— Habrá que enviar a J[uana] Lepeintre, etc.

P .

— ¿Le digo algo del tocado?

Si ella lo acepta, con tal de utilizar una cofia debido a su enfermedad ocular, ¿podrá hacerlo y tomar una de estambre negro?

¿o hacemos venir a sor Petra, la de Saint Germain 7, a causa de su encuentro con el señor párroco, del que tendremos que hablar? ________ 3.

Sor Bárbara Angiboust. 4.

Después de haber permanecido unos días en París, se habían de dirigir a Marsella. 5.

Blas Meliand (1641-1650). 6.

La duquesa de Aiguillon. 7.

Saint-Germain-en-Laye. 217

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R.

— Propóngale esa clase de tocado.

Entre tanto, no hay que tocar para nada el asunto de Saint-Germain.

P .

— ¿Qué hacer con las hermanas que, ante el menor disgusto, se ponen a decir que se van?

R.

— En la primera plática que les dé, procuraremos remediar esta falta, si Dios quiere.

P .

— ¿Le digo a la señora Lhoste que necesitamos su habitación, en el caso de que vengan acá todos los niños y sus nodrizas?

Y a hace casi un mes que no utiliza esa habitación, debido a que no le hemos puesto contraventanas.

R.

— Puede usted hacerlo P .

— ,Podrán decidir las damas de la compra o del alquiler de una casa para los niños durante la ausencia de usted?

R.

— Como les parezca a ellas.

P .

— ¿Reunimos a todas las hermanas para hablar entre nosotras con toda familiaridad, animarnos mutuamente y reconocer las faltas cometidas-en el servicio a los pobres, así cono también en el trato con las damas y en la cordialidad entre nosotras?

R.

— Inténtelo, por favor.

P .

— ¿Cuándo recibir a las dos hermanas que se van particularmente la de la señora Enriqueta?

R.

— Cuando lo juzgue usted oportuno.

P .

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— Los niños expósitos tienen por ahora demasiado pan; ¿podemos tomarlo nosotras o habrá que hablar con las damas o al menos con la señora duquesa?

R.

— Hable con la señora duquesa.

P .

— Si vienen aquí las nodrizas y los niños, ¿llevarán ellos sus cuentas o haremos como en La Chapelle, para evitar las quejas sobre lo que pueden tomar unos u otros?

R.

— Creo que convendrá que ellos lleven sus cuentas.

P .

— ¿Será preciso arreglar la chimenea que ya vio el padre Portail?

¿mandamos que se haga ese arreglo?

R.

— Sí, mándelo; nosotros lo pagaremos.

P .

— ¿A quién puedo dirigirme, si ocurre alguna dificultad?, convendrá avisarle de que no condescienda con mis sentimientos y gustos, sino que me obligue por entero a las normas de Dios por medio de la persona de nuestro veneradísimo superior.

R.

— El padre Portail; ya hablaré con él 218

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P .

— El señor conde de Lannoy 8 desea saber si le concederán la ayuda que ha solicitado.

R.

— Propóngaselo a la señora de Herse; me he olvidado de decírselo yo mismo.

P .

— La señora de Beaufort 9 quiere saber cómo ha de proceder con los mayordomos de San Esteban, que quieren asistir corporativamente a la rendición de cuentas de la tesorería y a la elección de las nuevas oficiales, o al menos que sea nombrado por ellos un procurador de la Caridad que lleve las cuentas.

R.

— Convendrá que dé largas al asunto, si puede, hasta que cesen esos mayordomos.

P .

— Le suplico muy humildemente, padre, que haga lo posible para que sea aquí donde pueda hablar con usted, para que todas las hermanas se animen a obrar bien con la dicha de recibir su santa bendición.

Le aseguro que tenemos mucha necesidad de ella y me gustaría saber la hora en que podrá venir y sepa cuánto miedo tengo por su viaje, para que delante de Dios consuele usted el corazón de esta pobre hija y muy obligada servidora.

L.

DE M.

Martes por la tarde.

R.

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— Procuraré ir a casa de ustedes esta tarde a última hora; entretanto le digo que es usted mujer de poca fe y que soy s. s.

V.

D .

Direcciones: Al padre Vicente.

— A la señorita Le Gras.

Tomo II · página PDF 221

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