Carta · tomo II

A LUISA DE MARILLAC

Tipo
Carta
Tomo
II
Página inicial
522
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787 [750,II,522] A LUISA DE MARILLAC Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Indica el reglamento que la tesorera presentará cuentas en la iglesia, en presencia del señor párroco y de los feligreses.

Hasta ahora no hemos visto nunca que la justicia haya querido tener conocimiento de ello.

Me parece que el señor Tranchot dirá y hará mejor que nadie lo que conviene hacer.

Me gustaría mucho que buscase usted una carroza para ir a verlo y hablar con él, o que se tomase usted la molestia de escribirle a la señorita 1 Esa persona ha venido hoy por aquí y me ha dicho que usted había enviado a buscar al señor Roche, y le había dicho que no se atrevería él a sostener delante de usted lo que da como hecho.

Pues bien, él dice que es verdad, pero que usted le ha dicho o hecho cosas equivalentes.

Le he dicho que hay que pesar esas mismas cosas para poder tener una opinión bien fundada y que no me hablase nunca de esas cosas, ya que no quería oír hablar nunca de el]as.

Le he escrito a su hermano que vuelva, ya que, gracias a Dios, se ha hecho lo que queríamos.

Tomo II · p. 522

Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor.

V ICENTE DEPAUL 788 [751,II,523] A UN SACERDOTE DE LA MISION Hay que procurar evitar el uso de esa práctica 1, de la que el espíritu maligno podría servirse para tentar a la persona viva, e incluso a la moribunda.

El demonio hace dardos con cualquier madera para atacar a un alma en ese estado, y el vigor del espíritu puede mantenerse, aunque se debilite el del cuerpo.

Acuérdese del ejemplo de ese santo que, estando enfermo, no quiso que lo tocara su mujer, después de haberse separado por mutuo consentimiento, diciendo que todavía se guardaba el fuego bajo las cenizas.

Por lo ________ Carta 787 (CA).

— Archivo de la Misión, original. 1.

La señorita Tranchot.

Carta 788.

— L.

ABELL Y, o.c., 2.ª ed., 2.ª parte, 267. 1.

El sacerdote a quien se dirige el santo le había preguntado si estaba permitido tomarle el pulso a una mujer enferma para ver si podían dársele todavía los últimos sacramentos o decirle las preces de recomendación del alma. 444

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