Carta · tomo II

A UN SACERDOTE DE LA MISION

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Carta
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II
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818 [781,II,559-562] A UN SACERDOTE DE LA MISION [1646 o 1649] 1 Me he enterado de la preocupación que le ha causado una carta que le ha escrito su padre para obligarle a ir a socorrerle.

Tomo II · p. 559

Entonces he creído que debería decirle lo que pienso: 1.º Que no es un mal de poca importancia romper los vínculos con los que está usted unido a Dios en la compañía; 2.º Que, si pierde su vocación, privará a Dios de los buenos servicios que aguarda de usted; 3.º Que será usted responsable ante el trono de su justicia del bien que deje de hacer y que hubiera hecho permaneciendo en la situación en que está; 4.º Que correrá peligro su salvación al lado de sus padres, y que quizás no pueda aliviarles, lo mismo que tampoco han podido otros que se salieron con ese pretexto, ya que Dios no lo permitió; porque si él quisiera que estuviesen mejor, dispone de otros caminos para ello; 5.º Que nuestro Señor, conociendo los peligros que hay en la obsesión por los padres para quienes los dejaron a fin de seguirle a él, no quiso, como dice el evangelio, que uno de sus discípulos se marchase a sepultar a su padre, ni que otro fuera a vender sus bienes para dárselo a los pobres 2; 6.º Que daría usted un mal ejemplo a sus compañeros y un motivo de dolor a la compañía por la pérdida de uno de sus hijos, a quien ama y a quien ha educado con tanto esmero.

Tomo II · p. 559

Esto es, padre, lo que le pido que considere delante de Dios.

El motivo que tiene usted para salirse consiste en la necesidad de su padre.

Pero hay que ver en qué casos obligan los casuístas a que los hijos se salgan de una comunidad.

Por lo que a mí se refiere, creo que es solamente cuando los padres o las madres sufren por causas naturales y no por su condición, como cuando son demasiado ancianos o cuando, por alguna otra incomodidad natural no pueden ganarse la vida.

Pero no es ese el caso de su padre, ya que sólo tiene 40 ó 45 ________ Carta 818.

— Reg. 2, 347.

El destinatario de esta carta parece ser Pablo Carcireux, que tenía una hermana en las Hijas de la Caridad y dejó la congregación de la Misión para ir a socorrer a su padre. 1.

Cfr. nota 4. 2.

Lc 9, 59-62. 476

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años todo lo más y está bien de salud, puede trabajar y efectivamente trabaja; si no, no hubiera vuelto a casarse, como lo ha hecho hace poco, con una joven de 18 años, de las más guapas de la ciudad; él mismo me lo ha dicho, a fin de que se la presentara a la señora princesa de Longueville 3 para nodriza de su hijo 4.

Me parece ciertamente que no dispone de muchos medios.

¡Pero quién no se resiente con la miseria de estos tiempos!

Y tampoco son sus dificultades presentes las que le obligan a recurrir a usted, ya que no son tan grandes; es solamente el temor que tiene, por carecer de la debida confianza en Dios, a pesar de que no le ha faltado nada hasta ahora y tiene motivos para esperar que su bondad no lo abandonará en el futuro.

Quizás pudiera creer usted que Dios quiere efectivamente socorrer sus necesidades por medio de usted, ya que para eso su Providencia le presenta una parroquia de 600 libras por la intervención de esa persona.

Tomo II · página PDF 479

Pero verá usted cómo esto no puede ser, si considera estas dos cosas: 1.º que, habiéndole llamado Dios a un estado de vida que honra el de su Hijo en la tierra y que es tan útil para el prójimo, no le gustaría quitarle ahora de ese estado para reducirle al servicio de una sola familia en el mundo, que sólo busca su propio provecho y que estará continuamente sobre usted para pedirle todo lo que tenga y lo que no tenga, y que le llenará de preocupaciones y de enojos, si no puede usted aliviarla a gusto de ellos; y en segundo lugar, que cuesta un poco creer que le hayan prometido a su padre para usted una parroquia de 600 libras de renta, ya que las de la diócesis de Bourges son de las ________ 3.

Ana Genoveva de Borbón, esposa de Enrique II, duque de Longueville, mujer espiritual, instruida e intrigante, que participó activamente en los alborotos de la Fronda.

Sentía una profunda veneración por san Vicente.

Después de la muerte de su marido (1663), se hospedó en el convento de carmelitas de la calle Saint-Jacques y pasó el resto de sus días en la penitencia y austeridades de Port-Royal y murió jansenista el 15 de abril de 1679.

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Su vida ha sido escrita por B OURGOIN DE VILLE FORE, La véritable vie d'Anne-Geneviève de Bourbon duchesse de Longueville.

Amsterdam 1739, 2 vol. in-12 y por C OUSIN, Madame de Longveville.

Paris 1859, in-8.º). 4.

La duquesa de Longueville tuvo dos hijos: Juan Luis Carlos, conde de Dunois, más conocido con el nombre de abad de Orleans, nacido el 12 de enero de 1646 y muerto el 4 de febrero de 1694, y Carlos Paris, nacido el 29 de enero de 1649 y ahogado al pasar el Rin el 12 de junio de 1672.

Creemos que san Vicente habla aquí del conde de Dunois. 477

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más pequeñas del reino.

Pero, aunque así fuera, si se quita lo necesario para mantenerse usted, ¿qué le quedará?

No digo todo esto por miedo a que le venza la tentación; no, conozco su fidelidad para con Dios.

Lo hago para que le escriba por fin a su padre, indicándole las razones que tiene usted para seguir la voluntad de Dios por encima de la suya.

Créame, padre, por el carácter que él tiene no le dejará a usted tranquilo, si está a su lado, lo mismo que tampoco le ha dejado en paz estando lejos.

No puede usted imaginarse la lata que le da a su pobre hermana, que está con la señorita Le Gras.

Quiere obligarla a que abandone el servicio de Dios y de los pobres, como si tuviera que recibir de ella mucha ayuda.

Sabe usted muy bien que es naturalmente inquieto, hasta el punto que le disgusta todo lo que tiene y apetece violentamente todo lo que no tiene.

En fin, creo que el mayor bien que podría usted hacerle es pedir a Dios por él, conservando para usted aquello que es lo único necesario y que será algún día su recompensa, y que, por medio de usted, extenderá además su bendición sobre sus familiares.

Tomo II · página PDF 480

Así se lo pido con todo mi corazón. 819 [782,II,562-563] NICOLAS PAVILLON, OBISPO DE ALET, A SAN VICENTE Pézenas, 5 de febrero de 1646.

Padre: A propósito del aviso que ha querido darme sobre los artículos que se asegura han sido pasados por alto en el asunto del señor du Bosquet y que lo convierten en vicioso, he ido a verle esta mañana, al volver de la misa que acababa de celebrar, y me ha asegurado expresamente que, antes de cometer esa clase de bajeza, renunciaría a cualquier obispado.

Lo verá usted pronto en París, según creo, donde le hablará a usted más ampliamente de este asunto.

No conozco a ninguna de esas personas que hacen profesión de notable piedad, de las que usted me dice que hay quejas de que trastornan los asuntos de aquí, pues, como me he retirado a los sacerdotes del Oratorio para estar más descansado y libre de compromisos, y tengo por naturaleza un espíritu libre de intrigas, no estoy tan informado de lo que pasa por el mundo. ________ Carta 819 (CA).

— Archivo de la Misión, original. 478

Tomo II · página PDF 480

Si usted desea saber mi manera de proceder en los asuntos de la asamblea 1, le diré que, cuando preveo que ha de tratarse alguna cosa de importancia, pienso en ella maduramente delante de Dios en la oración de la mañana y se la encomiendo.

Voy a celebrar la misa entonces, y al salir de ella me dirijo a la asamblea y, con el conocimiento que Dios me da, procuro formarme un juicio y lo propongo con el mismo espíritu con que me gustaría haberlo formulado en la hora de mi muerte.

Le enviaré cuanto antes al señor Féret 2 la carta que hay para él en el paquete que usted envió.

Permítame, padre, que me tome la confianza de decirle que, antes de sacarlo de la provincia y de apartarlo de nuestro lado, debería pensarlo usted bien, ya que resulta tan útil para el servicio de la Iglesia como podría serlo en otros muchos lugares.

Tomo II · página PDF 481

Además de un pequeño seminario con 25 eclesiásticos que hemos empezado en Alet hace tres meses, tanto de dentro como de fuera de la diócesis, en donde necesitamos sus servicios, los señores prelados de la asamblea han tomado la decisión de fundar las conferencias de eclesiásticos en sus diócesis, siguiendo nuestro mismo método.

Pues bien, si no se queda con nosotros, no sé cómo les podremos ayudar.

Y no hablo ya de las reuniones con los eclesiásticos ya ordenados, de las de los ordenandos, de las misiones, visitas y otras obras semejantes que se hacen todos los días y para las que están dispuestos los señores prelados de esta provincia, con tal que se les preste alguna asistencia.

Por eso, padre, he creído que era mi obligación advertírselo, más para que pueda usted conocer la situación de este país en lo que se refiere al progreso del reino de Dios, que para obligarle a cambiar sus planes sobre su persona, en el caso de que le parezca esto más ventajoso para el bien de la Iglesia.

Considero y miro todo lo que viene de su parte con total sumisión y reverencia y soy con todo mi corazón su muy humilde y muy obediente servidor.

Tomo II · página PDF 481

N ICOLAS o[bispo] de Alet Dirección: Al padre Vicente, superior general de la Misión, en San Lázaro, París. ________ 1.

La asamblea de los Estados de Languedoc. 2.

Vicario general de Nicolás Pavillon. 479

Tomo II · página PDF 481

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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