Carta · tomo II

JULIAN GUERIN, SACERDOTE DE LA MISION, A SAN VICENTE

Tipo
Carta
Tomo
II
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838 [800,II,585-586] JULIAN GUERIN, SACERDOTE DE LA MISION, A SAN VICENTE Túnez, 1646 Hemos libertado a una de las pobres mujeres francesas que estaba en manos de un renegado francés.

Todos los mercaderes han contribuido a ello con sus donativos; yo he puesto setenta escudos.

Las otras dos mujeres están en una situación muy desgraciada; intentaré salvar a la que está en mayor peligro.

Hay algunas más, jóvenes y hermosas, que también necesitan ser socorridas.

Una de ellas se habría perdido ya si no hubiese obtenido, después de muchos esfuerzos, que me concedieran un plazo de tres meses para libertarla, y si no la hubiera puesto en un lugar donde su amo no puede violentarla.

No hace mucho tiempo que, para obligarle a una a renegar de Jesucristo, esa gente cruel le dio más de quinientos bastonazos; y no contentos con ello, al caer medio muerta por tierra, dos hombres se pusieron a darle puntapiés en la espalda hasta llegar a reventarle los pechos; y así acabó gloriosamente su vida confesando a Jesucristo. ________ Carta 838.

— L.

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ABELL Y, o.c., II, cap. 1 sec. 7, art. 12, 1.ª ed., 139 El contrato firmado el 25 de julio de 1643 por la duquesa de Aiguillon para la fundación de la casa de Marsella indicaba que san Vicente enviaría a Berbería, cuando lo juzgase oportuno, algunos sacerdotes de su congregación «para consolar e instruir a los pobres cristianos cautivos... en la fe, amor y temor de Dios, y tener allí... misiones, catecismos, instrucciones y exhortaciones según su costumbre».

El santo no tenía aún los fondos suficientes para ello.

Por otra parte, había que entenderse con Roma.

Cuando todo estuvo preparado, san Vicente envió a Julián Guérin y al hermano Francisco Francillon, hermano coadjutor, a Túnez, adonde llegaron el 22 de noviembre de 1645.

Lange Martín, cónsul de Francia, los recibió en su casa.

Julián Guérin se puso enseguida a trabajar; al principio, ejerció su ministerio en secreto; cuando vio que no tenía nada que temer, no ocultó su cualidad de sacerdote y celebró en público las ceremonias religiosas en los baños.

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Pero si podía actuar abiertamente con los cristianos, no sucedía lo mismo con los turcos; en ese aspecto, cualquier pequeña imprudencia podría costarle la vida. 500

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