Carta · tomo III

A ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR, EN GENOVA

Tipo
Carta
Tomo
III
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1003 [962,III,204] A ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR, EN GENOVA 21 junio 1647.

Sí, sí, padre; rezaremos a Dios por usted y por la reconciliación de esas personas tan empeñadas en la venganza, y haremos decir misas por ello.

La mía, si puedo, la celebraré en Nuestra Señora, por su intención; pero, después de todo, ¿cree usted que nuestras oraciones y nuestros deseos van a alcanzar su efecto, si no es ésa la voluntad de Dios?

¿Qué pasaría de nosotros, si todo nos saliese bien, y cómo vamos a aprender, con toda nuestra miseria, que siempre haya éxito?

No tenemos por qué asustarnos cuando alguno se resista a nuestras pobres palabras.

Si Dios se contenta con nuestra buena voluntad y con nuestros justos esfuerzos, contentémonos también nosotros con los resultados obtenidos, y jamás se quedarán sin fruto nuestras acciones.

Le digo todo esto a propósito del disgusto que usted siente de que algunos no se aprovechen de sus misiones; no hemos de extrañarnos.

Lo que hemos de creer por el contrario, es que las cosas van bien cuando no estamos satisfechos, con tal que sepamos entonces humillarnos y redoblar nuestra confianza en Dios.

Tomo III · p. 204

Sin embargo, es verdad que tenemos motivos para alabar a Dios por la continuación de su gracia sobre usted.

Así pues, le doy gracias y le ruego que le conserve sus fuerzas ordinarias y sus deseos de progresar en su gloria. 1004 [963,III,205-206] A JUAN MARTIN París, 21 junio 1647.

Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

¿Se ha propuesto acaso usted alguna vez algo mejor que querer invariablemente lo que Dios quiere?

No lo creo.

Por tanto, ¿por qué desanimarse cuando las cosas no le salen bien? ________ Carta 1003.

— Reg. 2,218.

Carta 1004 (CF).

— Archivo de Turín. original. 183

Tomo III · p. 204

Hasta ahora tiene usted muchos motivos para dar gracias a Dios; ciertamente, por mi parte, le ayudaré a hacerlo así, va que conozco muy bien todos los favores que él le ha hecho.

Conozco la fidelidad y el esmero que usted pone en las obras de Dios.

¿Qué le falta para quedar en paz?

El no le pide más que eso, que acepte humildemente el éxito que le conceda; y estoy seguro de que así lo hará usted.

Entonces, ¿de dónde esa falta de confianza?

Me habla usted de sus miserias, ¡ay!

¿quién está libre de ellas?

Lo que hay que hacer es conocerlas y amar la humillación, como usted lo hace, sin pararse en ello más que para poner allí las bases de una firme confianza en Dios; entonces el edificio se levantará sobre la roca y permanecerá firme cuando venga la tempestad.

Por tanto, no tenga usted miedo; sé que está usted bien fundamentado en esas bases.

Y la timidez o falta de confianza que usted experimenta proviene de la naturaleza y sólo de lejos roza a su corazón, que es mucho más generoso que todo eso.

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Que Dios haga de nosotros y de nuestros trabajos lo que quiera, que nuestros sudores sean inútiles entre los hombres, que la gente no sienta por nosotros más que ingratitud y desprecio; no por ello hemos de dejar que continúen nuestros esfuerzos, sabiendo que es entonces cuando cumplimos con la ley de amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos.

Le pide a Dios esta gracia para usted y para mí, que soy su amor su muy humilde y afectuoso servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.

Dirección: AL padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova. 1005 [964,III,206-207] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE Mi muy honorable padre Me ha dejado sorprendida su marcha antes de habernos dado las órdenes necesarias para la partida de nuestras hermanas a ________ Carta 1005 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 184

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Montreuil 1 Si no fuera porque están reservadas las plazas del coche, la retrasaríamos; pero la marcha será el miércoles; ¿y qué harán ellas sin la bendición y la instrucción de su caridad, que tanto necesitan?

Si Dios no le inspira que nos diga todo lo que han de hacer, nos veremos muy afligidas.

Le aseguro, padre, que tengo el espíritu tan deprimido que me parece que soy yo la causa de que nuestras pobres hermanas sufran este disgusto.

Sobre la marcha de las hermanas de Nantes 2, no podemos ordenarla hasta que nos aconseje usted sobre la noticia que nos han dado de que no hay que cambiar a sor Cata[lina] Ba[gard] 3 la que empezó el jaleo del hospital, pues ella cree que no hay más remedio que traer a sor Isabel 4 y enviar una hermana para que lleve la dirección.

Creo que ya sabe usted que han llegado las hermanas de Angers, que están de vuelta, pero la acusada parece la más inocente del mundo.

No me atrevo a escribir a su padre hasta que usted me diga lo que hemos de hacer; me parece que vendrá dentro de poco.

Le suplico a Dios que vuelva usted con buena salud para entonces.

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Haga el favor de darnos su bendición, padre mío, a nuestras hermanas y a mí. ________ 1.

Las Hijas de la Caridad fueron llamadas a Montreuil-sur-Mer (Pas-deCalais) por el conde Carlos de Lannoy, gobernador de esta ciudad.

Luisa de Marillac envió allá a Ana Hardemont y a María Lullen, de Le Mans, que partieron el 26 de junio, después de haber recibido los consejos de la fundadora ( Pensée de Louise de Marillac , 211).

San Vicente les había dado ya los suyos en la reunión del 19 de junio de 1647. 2.

De las tres hermanas que tenían que salir para Nantes sólo conocemos a sor Juana Lepeintre, que iba a hacer la visita de los hospitales de esta ciudad y de Angers.

San Vicente le había dicho en la reunión del 19 de junio: «Pues bien, para sor Juana se necesitarían cuatro espíritus; si pudiera llevarse el de la señorita Le Gras, quedaría muy satisfecho; ¿no es verdad, hija mía?». 3.

Sor Catalina Bagard estaba en el hospital de Nantes desde que las Hijas de la Caridad llegaron a esa casa.

Por su conducta poco regular, su poco espíritu y los defectos de su carácter había causado muchas preocupaciones a sus superiores y compañeras (Cf.

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Lettres de Louise de Marillac, carta 173 y 181). 4.

Isabel Martin, superiora de las Hijas de la Caridad de Nantes. 185

Tomo III · página PDF 187

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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