Carta · tomo III
A LUISA DE MARILLAC
1013 [972,III,212-213] A LUISA DE MARILLAC [Julio 1647] 1 Bendigamos a Dios, señorita, de que purgue a la Compañía de personas de esa clase y honremos la disposición de Nuestro Señor, cuando le abandonaban sus discípulos.
A los que se quedaban les decía: ¿También vosotros queréis marcharos? 2 No sé qué podrá hacerse con esas hermanas, cuando se las encuentre; no tenemos autoridad para detenerlas; son libres; deje que se vayan.
Yo mandaré a alguien al coche de Sedán, que no sale hasta las nueve.
El padre Gallais no está por aquí 3; hace días que está en Picardía.
No se marcharán las dos por allí.
Habrá que avisar al padre de Petra de lo que ha hecho tanto en Angers como en Nantes.
No creo que tenga usted que decir nada nuevo a Juana Lepeintre 4, sino sólo algunas palabras sobre su enfermedad 5, y darle un poco de ánimo, y decirle que haga lo posible para devolver a C[atalina] Bagard.
Y cuando pase [alguna cosa] 6, ¡enhorabuena!
En nombre de Dios, no [nos extrañemos de nada.
Dios hace siempre las cosas para lo mejor. 1014 [973,III,213-215] LAMBERTO AUX COUTEAUX A SAN VICENTE Nantes, 26 julio 1647.
Padre: ¡Su bendición, por favor!
Estamos a punto de partir de Nantes, después de haber hecho todas las cosas que le voy a explicar. ________ Carta 1013 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
San Vicente escribió estas palabras en la misma carta de las hermanas de la casa madre, de la que hablaba a Luisa de Marillac, entonces en Bicêtre. 2.
Jn 6, 68. 3.
Guillermo Gallais había sido superior de Sedán, de donde era natural la hermana Petra; puede ser que él mismo la enviara a las Hijas de la Caridad. 4.
Entonces superiora de Nantes. 5.
Un flemón (Lettres de Louise de Marillac, 323). 6.
El mal estado del original no nos permite dar como cierta la lectura de estas palabras y de las que siguen a nos extrañemos.
Carta 1014 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original 191
Puedo asegurarle que nuestras hermanas han estado muy agitadas; ciertamente, si han cometido algunas faltillas, la Providencia de Dios las ha puesto en unas circunstancias que sometían a dura prueba su espíritu.
La hermana sirviente estaba reñida con el confesor, y él lo mismo.
Esto era público.
Cada uno se había formado su partido dentro y fuera de la casa.
Bastará esto para que pueda conocer usted todo lo demás, y sobre todo que lo que se dijo de una parte y de otra no siempre se ha dicho llevadas por la verdad, sino por la pasión.
Hemos sacado a tres hermanas: dos las hemos enviado a París, las hermanas Catalina Bagard y Antonieta Larcher; la otra a Richelieu, sor Isabel 1.
Para acompañarlas les hemos dado, hasta Saumur, a las hermanas Claudia y Brígida y hemos ordenado que la hermana de Turgis se encuentre el próximo domingo por la tarde en la fuente de Saumur, para unirse con las hermanas Catalina y Antonieta.
Las otras dos se volverán.
He permitido hacer los votos a sor Brígida.
Ha sido necesario hacer este cambio, no sólo de esas dos hermanas, sino también de sor Isabel, que es una excelente hermana, pero con su imprudencia ha contribuido en gran parte a todos los pequeños desórdenes que han tenido lugar.
Todavía sigue aquí sor Enriqueta 2, que está tremendamente unida con el buen señor capellán, aunque es muy inocente y no ha tenido parte en nada en la situación ni en sus consecuencias; el señor capellán es un hombre de bien y ella es una muchacha muy prudente.
Lo que ahora le preocupa a esta pobre hermana es que, en las normas que he dejado, la privo de todo trato con dicho señor.
Habrá que ver qué es lo que pasa; en todo caso, si ella no puede prescindir de él, se la podrá retirar, aunque sea muy difícil arrancarla de aquí.
Espero, sin embargo, que todo se arreglará y que la hermana Juana Lepeintre se solucionará todo.
He concertado con estos señores padres de los pobres que irán a ver al señor vicario general para pedirle o proponerle un confesor de fuera.
Así se 10 he hecho aceptar al señor capellán y al vicario general.
Además me han prometido que dejarán mar________ 1.
Isabel Martin. 2.
Enriqueta Gesseaume. 192
Tomo III · página PDF 194charse al buen hermano que la señorita Le Gras o usted les había enviado.
Esto es, padre, poco más o menos lo que hemos hecho; espero de la bondad de Dios que me perdonará el mal que haya cometido y que sacará su gloria de lo demás.
No puedo decirle cuán agradecida debe de estar toda la pequeña Compañía al buen señor des Jonchères y a toda su familia en general, tanto por el afecto que demuestran a nuestras pobres hermanas, como por la bondad que han [tenido] con nosotros durante nuestra estancia en ésta.
Nos hemos alojado en casa de la madre del señor des Jonchères.
Todos ellos se distinguen por su bondad y su piedad.
Los señores padres de los pobres se muestran también muy bondadosos con nuestras hermanas; ciertamente, si Dios nos concediera la gracia de que ellas pudiesen vivir en buena armonía, esta pequeña fundación santificaría mucho a las Hijas de la Caridad, pues creo que Dios les seguirá concediendo la gracia de sufrir todavía largo tiempo por parte de los de fuera.
Le encomiendo todo esto, padre, a su oraciones y a las de la señorita Le Gras.
Si Dios les concede a nuestras pobres hermanas la gracia de llegar a París, habrá que recibirlas bien, pues no son culpables de los males de que se les había hecho sospechosas; si las cosas hubieran ido bajo una buena dirección, creo que la falta no habría caído sobre ellas.
No le escribo a la señorita Le Gras, aunque ella me había puesto unas letras.
Espero que esta carta servirá también para ella, si usted lo cree oportuno.
Voy a despedir a las hermanas.
Le ruego que siga rezando por nosotros.
Espero estar en Luçon a principios de agosto; de allí iremos a Saintes, donde esperamos recibir noticias suyas.
Una vez más le pido su bendición.
Soy su muy humilde y muy obediente servidor, L AMBERTO, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Vicente, superior general de la Congregación de la Misión en el colegio de Bons-Enfants, junto a la puerta de San Víctor, en París. 193
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