Carta · tomo III
A ANTONIO PORTAIL
1138 [1087,III,402-404] A ANTONIO PORTAIL Villepreux, 22 enero 1649.
Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No sé si me escribió usted en el último correo que llegó la semana pasada; lo cierto es que no he recibido carta suya, aunque sí del padre Chrétien y de Túnez.
No le escribí la semana pasada; creo que ya sabe usted el motivo.
Salí de París el 14 de este mes para ir a Saint-Germain, para hacer allí un pequeño servicio a Dios; pero mis pecados me hicieron indigno de ello y después de 3 ó 4 días de estancia tuve que volverme acá, de donde saldré pasado mañana para ir a visitar nuestras casas 1.
Dios desea que ya no valga para ninguna otra cosa.
Iré directamente a Le Mans, y luego a Bretaña.
Le dije que el padre du Chesne iría a Marsella, pero la verdad ________ Carta 1138 (CF).
— Archivo de Turín, original. 1.
Sintiéndose poco segura en París, la reina se había retirado a SaintGermain-en-Laye, acompañada de gran parte de la corte.
El parlamento, los nobles y el pueblo estaban dispuestos a todo con tal de obtener el despido de Mazarino.
Todo París estaba bajo las armas.
San Vicente, al ver las desdichas que se preparaban y las que ya asolaban a la capital, intentó hablar con Ana de Austria, que lo escuchaba de buena gana.
Partió el día 14 de madrugada, acompañado de su fiel secretario, el hermano Ducournau, que ha dejado de este viaje un relato utilizado por C OLLET.
En Clichy se precipitaron sobre los dos viajeros gentes armadas de picas y fusiles; el santo no se habría escapado del peligro si uno de los atacantes no hubiera reconocido en él a su antiguo párroco y hubiera calmado a sus compañeros.
En Neuilly se había desbordado el Sena; Vicente de Paúl lo atravesó valientemente a caballo.
Llegó a Saint-Germain entre las nueve y las diez, vio a la reina y le dijo claramente que era su deber despedir al ministro.
Introducido ante Mazarino, le habló con la misma franqueza.
Mazarino le contestó que se retiraría de buena gana si era ése el parecer de Le Tellier.
Como es fácil adivinar, Le Tellier le aconsejó lo contrario.
Tres días después, provisto de un pasaporte y protegido por una escolta, tomó el camino de Villepreux.
No podía volver a París, donde la noticia de su visita a la reina podía levantar contra él la cólera del pueblo, ya bastante excitado por el rumor del matrimonio secreto de la reina con Mazarino, bendecido — según se decía — por el propio san Vicente. (Cf.
C OLLET, o.c., I, 648).
La visita del santo suponía mucho coraje, ya que la reina se irritaba fácilmente contra todos los que le hablaban de moderación (Cf.
La France au milieu du XVIIe siècle, d'apres la correspondance de Guy Patin , Paris 1901, 11). 368
es que lo necesitan en San Lázaro.
Le ruego, padre, que tenga paciencia y que haga lo que pueda por lo que se refiere a los sujetos y a los recursos de que dispone; no podemos proporcionarle nada, como tampoco a las demás casas que tienen las rentas de los coches, sin que los coches funcionen; por lo visto, tardaremos bastante tiempo en conseguir algo de ellos, lo mismo que de las deudas de los granjeros.
Mientras duren estos tumultos, no podremos cobrar nada.
No puede usted imaginarse las dificultades con que tropiezan en el pobre San Lázaro 2.
¡Bendito sea Dios!
Entonces, me dirá usted, ¿cómo mantener la casa de Marsella?
Lo primero que hay que hacer, y sin remilgos, es despedir a los seminaristas que no paguen la pensión suficiente; después, decirle al señor obispo de Marsella 3 lo que ocurre, para animarle a que les ayude con algo; y en tercer lugar, intentar hacerse con misas.
Siento mucho tener que decirle esto; pero la necesidad se impone a todas las demás consideraciones.
En fin, haga lo posible para no comprometernos a nosotros.
Habrá que avisar a los de Berbería lo que ocurre para que cuiden de sus gastos.
Le escribo al padre Le Vacher 4.
Y como él me dice que el hermano que va como procónsul 5 necesita hacer varios obsequios al entrar en su cargo y nosotros no podemos enviarle nada para eso, creo que convendrá que retrase su viaje; le ruego, pues, que lo retenga por ahora.
Me preocupa la falta que ha cometido el padre Le Vacher, al permitir el impuesto sobre los barcos franceses para pagar las deudas de un particular.
Los comerciantes de Marsella tienen razón en sus quejas.
Le ruego que los vea de mi parte y que, después de pedirles perdón, les pregunte cómo puede remediarse ________ 2.
Cuando escribía estas líneas, san Vicente ignoraba todavía que 600 soldados, alojados en San Lázaro, habían saqueado la casa, habían quitado las puertas, vendido una parte del trigo y quemado las provisiones de leña (Cf.
A BELL Y, o. c.., I, cap.
XXXIX, 182; COLLET, o.c., I, 417).
Al enterarse de ello, la ciudad ordenó al coronel de Lamoignon que enviase todos los días algunos soldados, hasta nueva orden, para su «seguridad y conservación». (Cf.
Registres de l'Hôtel de Ville de Paris pendant la Fronde , ed. por MM.
Le Roux de Lincy y Douet d'Arcq, Paris 1847, 2 vols.
I, 204). 3.
Esteban de Puget (1644-1668). 4.
Juan Le Vacher. 5.
Beniamín Hugier, clérigo de la Misión. 369
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