Carta · tomo III

AL HERMANO SANTIAGO RIVET

Tipo
Carta
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III
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1166 [1113,III,457-458] AL HERMANO SANTIAGO RIVET 27 junio 1649.

¡Gloria a Dios, hermano mío, y a usted mil bendiciones del cielo por la firmeza que tiene en su vocación, en la que su divina bondad quiere sin duda alguna santificar su querida alma!

¡Qué grande será su consuelo en la hora de la muerte, al haber superado de este modo las dificultades!

Ruego a Nuestro Señor que fortifique cada vez más su espíritu, para que le sea siempre fiel.

Ya le he pedido que regrese usted a La Rose y quizá le encuentre allí ya esta carta; en ese caso, alabo a Dios de antemano; pero si sigue usted en Condom, despídase amablemente del señor obispo 1 lo antes posible, a pesar de que él le diga lo contrario; siempre le estimará al verle tan decidido a seguir la voz de Dios, que le llama a La Rose.

Le aseguro, mi querido hermano, que su hermano 2 sigue en Saintes, muy contento y como muy buen misionero.

Está también con él su hermano menor 3, a quien hemos enviado allá a tomar aires,- ya que no se encontraba bien aquí.

Adiós, mi querido hermano.

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Le ruego que pida a Dios por mí. 1167 [1114,III,458-461] A LA MADRE JUANA-MARGARlTA CHANU 1 [Por junio de 1649] 2 Creía, mi querida hermana, que podría tener el consuelo de gozar de su presencia tan estimada, en vez de tener que conten________ Carta 1166.

— Reg. 2,298. 1.Juan d'Estrades. 2.

Luis Rivet, sacerdote de la Misión. 3.

Francisco Rivet, nacido en Houdan (Seine-et-Oise) el 28 de julio de 1628, entró en la congregación de la Misión el 12 de octubre de 1647, hizo los votos el 6 de noviembre de 1650, fue ordenado sacerdote el 1 de abril de 1656.

Carta 1167.

— Reg. 1, f.º 6, copia sacada de la minuta autógrafa. 1.

El nombre del destinatario se deja adivinar por el contenido.

La carta fue escrita, después de la muerte de santa Juana Francisca, a una religiosa de la Visitación profesa de uno de los monasterios de París.

Pues 418

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tarme con las cartas que me ha enviado, y que le confieso que me han llenado de tristeza al ver cómo esa persona a la que siempre he visto tan sumisa a la providencia de Dios pone dificultades a la elección que Nuestro Señor ha hecho de ella para la dirección de sus queridas esposas y hermanas suyas de Meaux.

Pues creo, mi querida hermana, que esta elección es una verdadera vocación de Dios: 1.º porque se ha hecho canónicamente, ya que se dan en ella todas las condiciones necesarias.

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Ha sido hecha en presencia del superior con el consentimiento de toda la comunidad, del de su superior, del de la superiora de la casa de aquí, a la que tuvieron que hacer muchas súplicas hasta que le permitió marcharse a usted; que es usted libre, y no necesaria, en el sitio en que está; y que todo esto está en conformidad con sus costumbres, con el santo concilio de Trento, con el parecer de nuestra bienaventurada madre de Chantal y con la práctica ordinaria, sin que se haya oído jamás decir que ninguna de las religiosas de su santa Orden se haya negado a obedecer a Dios en semejantes ocasiones, aunque algunas pusieron dificultades al principio; y eso fue lo que le dio ocasión a nuestra bienaventurada Madre para decir, en sus respuesta a las que se excusaban, lo que dijo sobre la constitución 47, sobre las elecciones de las superioras , folio 647, al pie de página.

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Y ciertamente, mi querida hermana, no es tanto nuestra bienaventurada Madre la que dice esto como el Espíritu Santo, que dice que en la sesión novena, canon 7, que si no hay en un monasterio religioso que tengan las cualidades requeridas para una elección canónica, es posible elegir a otra de la misma Orden. ________ bien, de las cuatro hermanas que fueron superioras de la Visitación de Meaux de 1641 a 1660 (entre las que hemos de elegir), elegidas todas ellas en las fechas regulares, la madre Chahu fue la única prestada por París a Meaux.

Recibida en el primer monasterio de la Visitación en 1621, lo dejó en 1627 para ir a fundar a Dol, en Bretaña, una casa, que luego se trasladó a Caen, en 1631.

Los votos de las hermanas de Riom la separaron del monasterio de Caen un año después del final de su segundo trienio.

Fue superiora de Riom de 1636 a 1642, de Dijon de 1642 a 1648, de Meaux de 1649 a 1652, de Caen de 1653 a 1659, y murió el 27 de enero de 1660, a los 63 años de edad.

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Después de salir de Dijon, pasó seis meses en el convento de la Concepción, calle Saint-Honoré, de París para reformar aquella casa Année sainte, 785-802). 2.

La madre Chahu fue elegido superiora del monasterio de Meaux el 20 de mayo de 1649. 419

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En nombre de Dios, madre, deje que le pregunte lo que va a responder usted a Dios cuando tenga que darle cuentas, en la hora de la muerte, cuando le pregunte por qué no ha obedecido usted a sus reglas, a los consejos de la bienaventurada Madre, a la costumbre invariable de la Orden y, lo que es más, al mismo Espíritu Santo, que le habla por boca del santo concilio.

Si usted responde que no le pidieron su parecer antes de aceptar que la pusieran en el catálogo, puede echarme a mí las culpas, que no puse atención en ello, por no haber visto nunca que hubiera que pedir ese parecer a las hermanas de que se trata.

Pero mi falta de urbanidad, si hay alguna, mi querida hermana, no le excusará a usted ante Dios.

Si me dice usted que la necesita su querido monasterio, le responderé que es verdad que nuestra bienaventurada Madre desea, en sus respuestas, que las superioras de las religiosas tengan esto en cuenta, pero que he visto, por las cartas que usted me escribió el año pasado, que sus queridas hermanas pueden prescindir de usted; y algunas de las que luego me han escrito me indican también lo mismo.

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Todas estas razones, querida madre, me obligan a rogarle que haga usted ejercicios espirituales para ello, para pedirle a su divina Majestad fuerzas para obedecerle en esta ocasión, o al menos una hora de oración mental, que le ruego haga sobre este tema, pudiendo también hacer una hora sobre cada uno de los siguientes puntos: 1.º razones que usted tiene para hacer en esta ocasión lo que le gustaría haber hecho en la hora de la muerte; 2.º saber si hay razones para dudar de que no sea voluntad de Dios lo que le ordena su directorio, lo que aconseja nuestra bienaventurada Madre, lo que confirma la práctica de su santa Orden y el concilio de Trento; 3.º mirar en el fondo de su alma y delante de Dios si no tiene usted algún otro designio más que el de obedecer a sus sentimientos antes que a Dios, en cuyo caso le conjuro, mi querida hermana, que pase por encima de sus sentimientos y que le dé a Dios la gloria que le debe dar una verdadera hija de Santa María en esta ocasión.

Espero que así lo hará usted y seguiré con la firme decisión de ser durante toda mi vida, en el amor de Nuestro Señor...

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Y si dice usted, en su última carta, mi querida hermana, que está dispuesta a partir, pero que se lo impiden los habitantes de allí, en nombre de Dios le ruego que ponga todo su esfuerzo y 420

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