Carta · tomo III

A JUAN GICQUEL, SACERDOTE DE LA MSION, EN LE MANS

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
III
Extensión
413 palabras
Página inicial
512
Ver tomo

1211 [1157,III,512-513] A JUAN GICQUEL, SACERDOTE DE LA MSION, EN LE MANS 1 5 diciembre 1649.

La dificultad que usted tiene en llevar la cuenta de los gastos de las misiones me obliga a rogarle que se entregue usted a Dios para aceptar cualquier cargo.

Debe usted creer, padre, que cumple con su voluntad cuando acepta las órdenes que se le dan, y convencerse de que se aparta uno de esa divina voluntad cuando sigue su propio gusto.

Lo mismo podría decirse a propósito de las ceremonias; pero hay más todavía, ya que nos las recomiendan las santas Escrituras, donde van casi a la par con los ________ Nanteuil.

Murió el 1 de agosto de 1691. (V .

COUSIN, Madame de Hautefort, Paris 1868).

Carta 1211.

— Reg. 2,301. 1.

Juan Gicquel, nacido en Miniac (Ille-et-Vilaine) el 24 de diciembre de 1617, fue ordenado sacerdote en la cuaresma de 1642, hizo los votos el 6 de mayo de 1651, superior en el seminario de Le Mans de 1651 a 1657, director de la compañía de Hijas de la Caridad de 1668 d 1672.

Se le atribuye un diario muy interesante de los últimos días de san Vicente que se conserva en la casa madre de la Misión. 471

Tomo III · p. 512

divinos mandamientos: esto nos hace pensar que Dios es tan honrado por las ceremonias, cuando se hacen con su espíritu, como por la observancia de su ley.

Por eso puede usted imaginarse de cuánta importancia es ese ejercicio y cómo es una tentación querer dispensarse de ellas.

En nombre de Dios, padre, mantengámonos en la indiferencia; dediquémonos con igual afecto a todo lo que la obediencia nos señala, sea agradable o desagradable.

Somos de Dios, por gracia suya; ¿qué otra cosa podemos desear sino agradarle?

No es raro que nos contradigan; ¿habría mérito sin ello?

¿Y puede alguien librarse de contradicciones?

¿Habrá que desistir por ello de hacer el bien, y un bien como el de glorificar a Dios?

La persona de que usted me habla, que critica sus ceremonias, no hace bien en obrar así: pero espero que no lo vuelva a hacer.

Le he dicho unas palabras, y cuando tenga ocasión le haré ver mejor su falta.

Le enviaremos a alguien cuanto antes, con la gracia de Dios, para que se pongan ustedes de acuerdo con las mismas ceremonias de aquí, para que en esto como en todo lo demás consigamos la uniformidad.

Tomo III · página PDF 474

Alabo a Dios por todas las cosas buenas que de usted me dicen, y que son un ejemplo para todos.

Siento el corazón lleno de consuelo por estas noticias.

Tomo III · página PDF 474

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