Carta · tomo III
A ANTONIO PORTAIL
Creo que bastará con quince días para dejar aquí resueltos nuestros asuntos. 11 agosto [1646] 3.
Dirección: Al padre Vicente. 871 [832,III,7-11] A ANTONIO PORTAIL París, 12 agosto 1646. 1 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le escribo un poco de prisa; es para decirle que alabo a Dios por la forma con que usted trabaja y que le ruego le bendiga cada vez más en Richelieu y en otras partes.
Hace algunos días que estoy pensando si será preciso que le mande venir para retocar nuestras reglas, a propósito de lo que usted me dijo que hay que cambiar; como supongo que usted se acordará, le ruego que me lo indique, ya que no puse la atención debida cuando usted me habló de este asunto y ahora me cuesta arreglarlo por mí mismo.
Es que el señor obispo coadjutor 1, que tiene ahora sus facultades para aprobar nuestras reglas, por haber delegado en él el señor arzobispo durante su ausencia, quiere trabajar en ello.
Dígame, pues, de nuevo lo que piensa que hay que cambiar en nuestras reglas y en las de las Hijas de la Caridad.
Notará usted algún trajín en Saintes y en La Rose.
Hemos enviado al padre Dufour como superior al primer lugar y le hemos dado el padre Noyelles, quien está herido por el modo de ser de dicho padre Dufour hasta tal punto que está muy impresionado y el buen padre Le Soudier2 está de acuerdo con él, pues me ha escrito de forma que parece estar molesto; así pues, ________ 3.
Fecha añadida al dorso del original por el hermano Ducournau.
Carta 871 (CA).
— Archivo de la Misión, original. 1.
Juan Francisco Pablo de Gondi, futuro cardenal de Retz. 2.
Fecha añadida al dorso del original por el hermano Ducournau. 13
creo que será conveniente que tome usted alguno de Richelieu, si puede ser, en lugar del padre Noyelles, y que lo envíe usted.
Es menester que sea un hombre que predique, ya que tendrá que dirigir la misión en Saintes, mientras que el padre Dufour llevará el seminario.
El padre Bourdet se entendería bien con el padre des Noyelles; pero no acabo de ver a quién podría usted retirar de allí; nada le digo de Saint-Méen, ya que los benedictinos reformados los han echado de allí por medio de un decreto del parlamento; se está trabajando para que vuelvan y hay una orden del Consejo para ello 3. ________ 3.
Los benedictinos de San Mauro habían visto mal la transformación de la abadía de Saint-Méen en seminario y protestaron ante el parlamento de Bretaña, al que habían sido dirigidas las cartas patentes reales, según costumbre, para que las legalizase y registrase.
Cuando el obispo de Saint-Malo se enteró de esta oposición, temió por su proyecto y, en vez de presentar las cartas, volvió a la corte y pidió otras, para que las enviasen al gran consejo, y no al parlamento, para su registro y ejecución.
Sin embargo, este nuevo planteamiento exigía tiempo, y el parlamento de Bretaña, urgido por los benedictinos de Saint-Mélaine, pedía al prelado que mostrase las cartas que decía haber recibido del rey.
Ante sus respuestas dilatorias, renovadas continuamente, el parlamento le prohibió, el 1 de junio de 1646, hacer cualquier innovación en la abadía, le condenó a los gastos, calculados en cuarenta libras y ordenó que el procurador del rey le pidiera al superior general de la congregación de San Mauro que enviase los religiosos necesarios «para satisfacer las cargas, especialmente las del servicio divino, según la piadosa intención... de los fundadores».
El 22 de junio, tras una encuesta de commodo et incommodo , el gran consejo dio su decreto, atendiendo a los deseos del obispo.
Se trataba de un conflicto patente entre dos poderes.
El 17 de julio el parlamento confirmó su decisión del 1 de junio, prohibió a todo el mundo la ejecución del decreto del consejo so pena de 3.000 libras de multa, y les intimó a los sacerdotes de la Misión la orden de abandonar la abadía.
El 23 de julio, el señor de Montbourcher, consejero del parlamento, comisario, el señor Monneraye, sustituto del procurador general, un consejero adjunto, un ujier de la corte, el visitador de los benedictinos reformados, el prior de Mont-Saint-Michel, el de Saint-Mélaine, el nuevo prior de Saint-Méen, otros cinco sacerdotes benedictinos y un hermano lego, llegaron a las puertas del monasterio.
Todas las entradas estaban atrancadas, de modo que, como escribe dom Germain Morel, «podía compararse la situación con las barricadas de París, tan celebradas en la historia».
Los asediados tuvieron que ceder pronto y refugiarse en el hotel abacial.
Las partes beligerantes siguieron enfrentadas hasta primeros de agosto.
Las pasiones andaban muy agitadas y las querellas explotaban a cada momento.
Los seminaristas y los domésticos se complacían maliciosamente en exasperar a los monjes, sin que lo supieran los directores.
Un día llenaron 14
Al padre Le Soudier será fácil buscarle algún sitio.
De La Rose, Dios ha dispuesto del buen padre Jegat, que era una joya en la Compañía.
Se ahogó en el Lot, que pasa cerca de allí, adonde había ido a bañarse por prescripción médica.
Mande hacer las preces y las conferencias acostumbradas.
Sólo nos quedan cuatro misioneros, de los siete que debería haber allí; mandaremos cuanto antes a tres, para llenar las plazas vacías.
Si puede ser, enviaremos al padre Michel, párroco de Normandía, muy juicioso, pero que sólo lleva tres o cuatro meses en el seminario 4.
Le ruego a Nuestro Señor que les bendiga en esa casa, como en todas las demás.
Tengo que terminar, ya que el padre Dehorgny urge para Roma. ________ el único pozo del recinto con toda clase de inmundicias.
Los monjes no pudieron resistir más; llegaron con sus quejas al parlamento y el 7 de agosto de 1646 éste ordenó que se presentase al rey una humilde reclamación contra el gran consejo y que se mandase a los sacerdotes de la Misión, a los seminaristas y a sus partidarios salir de la abadía y entregar a los benedictinos las santas reliquias, los muebles y los ornamentos, so pena de cárcel.
Los directores del seminario y sus alumnos obedecieron.
Así estaban las cosas cuando san Vicente escribió esta carta.
Todos los datos que aquí ofrecemos están sacados de un manuscrito de dom Germain Morel, benedictino de la congregación de San Mauro y prior de Saint-Mélaine, de Rennes, uno de los principales enemigos de la entrada de los sacerdotes de la Misión en la abadía de Saint-Méen (Bibl.
Nat., fr. 19831).
La obra de dom Morel no es una historia, sino una apología.
No se lo reprochamos.
Está en su derecho al defender una causa que considera buena, sosteniéndola con cariño y con calor.
Pero esa clase de libros es de los que hay que leer con mucha cautela, porque sólo descubren una parte de la verdad histórica y suelen exagerar las cosas.
Es lo que no ha acabado de comprender M.
R OPARTZ, que conoció el manuscrito del fogoso benedictino por un ejemplar conservado hasta 1903 en el seminario mayor de Rennes, de 300 páginas, y que él resumió en un folleto titulado Dom Germain Morel.
Histoire de la sécularisation de l'abbaye de Saint-Méen.
No obstante, si hemos de desconfiar de las apreciaciones de dom Morel, podemos fiarnos de los numerosos documentos que nos ha conservado su escrito. 4.
Guillermo Michael nacido en Esteville (Seine Inferieure) dejó la parroquia de Saint-Valery para entrar en la Congregación de la Misión el 19 de junio de 1646, a los 39 años.
Salió espontáneamente antes de hacer los votos y volvió a entrar más tarde.
Estaba en la casa de Sedan en 1657 y en la de Fontainebleau en 1666. 15
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