Carta · tomo III
LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE
de terminar sus estudios, ha decidido hacerse jesuita.
Es el muchacho mejor dotado de toda esta provincia.
¿Qué tengo que hacer?
Mi duda proviene de dos cosas...
Tengo miedo de equivocarme y he creído que haría usted el favor de darme su consejo, tal como se lo suplico con toda humildad.
Creo que le agradará saber que en Châtillon la asociación de la Caridad de siervas de los pobres sigue todavía pujante. 885 [846,III,29-31] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE Padre: No tenemos ya casi nada que hacer, pero no me atrevo a disgustar a estos señores que desean retenerme una semana más.
Hemos topado con una gran dificultad, que es que en esta ciudad se acostumbra que haya un proveedor que adelanta sus dineros para los gastos del hospital gratuitamente, y su mujer tenía la costumbre de venir a hacer la distribución para los enfermos y sigue viniendo todavía a hacerlo por su cuenta, a pesar de estar esto en contra de nuestras normas.
Les propuse esta dificultad a los padres, que me concedían todo cuanto les pedía.
Tengo miedo de que surja algún inconveniente y que esto nos retrase más de lo que pensaba, ya que preveo algunas molestias para la tranquilidad y unión de nuestras hermanas, sobre todo porque esa mujer no está contenta con ellas e intenta ponerse de acuerdo unas veces con una y otras con otra, y creo que no debo dejarlas, hasta que se vean libres de este obstáculo.
SI las cosas se arreglan esta semana, espero salir el lunes; pero, como no es seguro, le pido humildemente que se sirva indicarme lo que tengo que hacer, ya que esta mujer y su marido cesarán dentro de tres o cuatro meses y estos señores proponen que se suprima ese cargo, por algunos otros inconvenientes; no sé entonces si, con esta esperanza, tengo que dejarlas, aunque tengo miedo de que los desórdenes, las quejas y la falta de servicio conveniente a los pobres durante ese tiempo dejen en la gente la impresión ________ Carta 885 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 32
de que estas faltas se deben a nuestras hermanas.
Si usted me hace el honor de escribirme, le suplico muy humildemente que dirija su caridad esta carta a Santa María 1, no sea que caiga en otras manos, a no ser que todas estas dificultades desaparezcan y pueda partir el día que le he indicado.
El señor abad de Vaux me ha comunicado la enfermedad y recaída de la hermana María-Marta 2 en Angers, pero hace una semana que no tengo otras noticias.
Aunque Dios la restablezca, creo que será necesario enviar alguna otra, ya que las hermanas me habían dicho que necesitaban las cuatro hermanas que habían pedido desde hacía tiempo.
Los señores padres de los pobres también me las pidieron por propia iniciativa, cuando me vieron a punto de salir de Angers sin haber hablado con ellos, y me prometieron todo lo que se necesitase para su acomodo.
Les prometí que hablaría con usted a mi regreso y que se las enviaríamos lo antes posible, así como otras dos para el hospital de Nantes; de forma que tendremos que pedir siete a la divina Providencia.
¡Que Dios sea glorificado eternamente por las bendiciones que le da a su pequeña Compañía!
Espero que se las aumente más todavía, ya que su caridad trabaja con tanto esfuerzo por su perfección.
No puedo decirle el consuelo que con ello siente mi corazón, ya que Dios me hace ver que no soy ni mucho menos necesaria para ello, y muy poco útil.
Siento mucho el dolor del señor y de la señora de Liancourt; temo que la forma con que ha muerto su hijo 3 siga afligiendo durante mucho tiempo a su buena madre.
Esperaba que la enfermedad del pensionista del señor Vacherot 4 le sería de provecho; pero, según me dice, se sigue paseando e incluso durmiendo fuera de su casa.
Me ha escrito y me da la impresión de que siente una especie de resquemor de que lo tengamos detenido; según creo, pone en guardia su corazón para impedirle que abra los ojos al estado en que se encuentra su alma.
Me doy cuenta de este mal, pero tranquila________ 1.
Convento de la Visitación. 2.
María Marta Trumeau. 3.
Enrique Rogelio du Plessis, conde de la Roche-Guyon, marqués de Montfort, muerto en el sitio de Mardick el 6 de agosto de 1646. 4.
Miguel Le Gras. 33
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