Carta · tomo III
A CLAUDIO ME MARBEUF 1
Tengo que acabar, encomendándome a sus oraciones.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde y obediente servidor, VICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Nouel, sacerdote de la Misión, en Argel. 895 [855,III,46-49] A CLAUDIO ME MARBEUF 1 París, 8 septiembre 1646.
Soy el superior indigno de la congregación de la Mi[sión y me tomo] la confianza de escribirle la presente, pos[trado] a sus pies y a los de los señores de su par[lamento], para suplicarles por las entrañas de Nuestro Señor que [quieran] proteger la inocencia de uno de los [mejores] hombres que hay en el mundo y que trabaja por la salvación del po[bre pueblo] con mucha bendición de Dios.
Se trata del [padre] Beaumont, uno de los sacerdotes de nuestra Compa[ñía]. [Los religiosos] reformados de san Benito lo han hecho meter en la [cárcel] de ustedes, con cadenas en los pies, por haber sido encontrado en [Saint-Méen] 2, ________ Carta 895 (C no F).
— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario.
El documento se encuentra en mal estado. 1.
Primer presidente del parlamento de Rennes. 2.
Vimos anteriormente cómo, tras la orden de arresto del parlamento de Rennes, Pedro de Beaumont se quedó solo en la abadía de Saint-Méen.
La Fontaine, sargento real, llegado a esta localidad con una pequeña guarnición para hacer ejecutar las órdenes del parlamento, lo apresó y lo condujo a la cárcel de Rennes.
Doliéndole que se le hubieran escapado los otros personajes de importancia a los que pensaba sorprender, hizo que su mal humor recayera sobre su único prisionero y le ordenó al carcelero que le pusiera brutalmente grilletes en los pies.
Así nos lo cuenta Morel, añadiendo que él intervino personalmente para que Beaumont fuera tratado con respeto y libertado finalmente, tras haber padecido un interrogatorio en la cámara criminal el 4 de septiembre.
El arresto había durado sólo cuatro o cinco días.
Estaba ya en libertad cuando san Vicente le escribió esta carta (Cf.
COLLET, o.c., 416). 48 Señor:
Le ruego, monseñor, que considere que él [y sus] compañeros han sido llamados a aquel lugar por el señor obispo de [Saint-Malo], con el fin de dirigir un seminario de jóvenes eclesiásticos, instruyéndolos en todas las cosas necesarias [a su] condición, según el concilio de Trento y las disposiciones de nuestros reyes, que desean que los [obispos] creen seminarios de eclesiásticos en [sus diócesis], para educarles según los antiguos usos de la Iglesia, y aplicándoles beneficios para su mantenimiento.
El dicho señor obispo de Saint-Malo ha erigido el suyo en la abadía de Saint-Méen, aplicando a esa buena obra la renta de los religiosos con su consentimiento, aparte de las pensiones señaladas en el convenio con los mismos.
El rey lo ha confirmado todo por letras patentes y diversos decretos.
Por eso, monseñor, que cuando usted y los señores de su corte estén bien inf[ormados] del asunto, no tendrán nada que replicar, a no ser quizás lo que dicen esos buenos padres de que el [señor] obispo de Saint-Malo no puede efectuar la unión de dicha renta ni aprobarla, dado que las rentas pertenecen a la orden de san Benito y no al obispo de Saint-Malo.
A lo que se ha de responder, monseñor, que pertenece a san Benito en cuanto que depende de la jurisdicción del obispo, de forma que el general de los re[gulares] sólo tiene jurisdicción sobre los religiosos de las abadías de su congregación y carece de autoridad sobre las otras que [no lo son]; por consiguiente, no tiene ningún derecho para oponerse a la unión de dichas rentas al seminario, ni tampoco cualquier otro miembro de la Orden, ya que no dependen de ninguna congregación.
Añado a ello otra razón, monseñor: que, como la abadía de Saint-Méen depende de la jurisdicción de los obispos de SaintMalo, es verosímil que los obispos hayan sido los [fundadores] de dicha abadía, que le hayan dado los diezmos que posee y una gran parte de sus bienes, dado que esa casa servía de semi________ La conducta de san Vicente en el asunto de Saint-Méen fue una de las principales objeciones que suscitó el abogado del diablo en el proceso de beatificación (Cf.
Novae animadversiones R.
P .
D. fidei promotoris super dubio virtutum tam theologalium quam cardinalium, quarta difficultas p. 9, y Ultimae animadversiones, p. 3).
El abogado de la causa pudo demostrar fácilmente que no sólo no hubo nada reprobable en su comportamiento, sino que realmente se había portado como un santo.
Prueba de ello es esta carta admirable. 49
nario a la diócesis [para] educar a los jóvenes eclesiásticos y proporcionaba buenos curas a las parroquias que de ella dependían.
Así pues, [no] parece razonable, monseñor, que, dado que ellos no hacen ya ni lo uno ni lo otro y que los reformados han decaído de su estado de obreros de la viña del Señor, entre la Iglesia en sus derechos y aplique los bienes que les había dado a otros obreros que procuren hacer lo que ellos no hacen.
Añadamos a ello, monseñor, que ellos no han podido pedirle a la congregación el permiso de entrar en dicha abadía, dado que la bula de erección de su congregación no les permite entrar en ninguna abadía, aunque los hayan llamado los religiosos, si no lo consienten el abad y el obispo.
Y tan lejos están de haber pedido este permiso al señor obispo de Saint-Malo, que es el abad y a quien le pertenece la jurisdicción de Saint-Méen, que por el contrario, él tiene una carta del general de San Mauro, por la que parece cómo el obispo de Saint-Malo le había rogado que pusiese a sus reformados en dicha abadía, y cómo aquel buen padre se excusa de hacerlo por carecer de razones para ello.
Ante ello, el señor obispo de Saint-Malo, tanto para remediar los desórdenes que había en dicha abadía como para erigir su seminario por el bien de la diócesis, procedió de la forma que lo ha hecho.
Por consiguiente, monseñor, ¿tienen razón esos buenos padres para proceder con tanto calor contra su prelado y contra los obreros que él ha puesto en su viña, [hasta hacer] que los metan en la cárcel y los aten con cadenas?
No [digo] esto, monseñor, en plan de queja contra ellos. [No habrá] nadie en el mundo que los respete y [los quiera] con tanto afecto como yo procuro hacerlo, gracias a Dios, como ellos pueden atestiguar.
Y si se replica [que el padre de Beaumont] ha entrado en Saint-Méen en contra de la [resolución del parlamento], puede usted estar seguro de que ha obrado de [ese modo con] la sencillez de un pobre sacerdote de la Misión, [que no] sabe nada de procedimientos legales y porque creía [hacer bien] en seguir las órdenes de su obispo y del rey.
Puede usted creer, monseñor, que si hubiera de[pendido] de nosotros, que no estamos en causa, [lo habríamos dejado] todo a la primera disensión.
Siendo esto así, monseñor, he [recurrido] a su bondad, ya que es usted el principal [ministro] de la justicia de Dios en su 50
Tomo III · página PDF 52VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.