Carta · tomo III
A FRANCISCO PERROCHEL, OBISPO DE BOULOGNE
924 [883,III,93-95] A FRANCISCO PERROCHEL, OBISPO DE BOULOGNE París, último de octubre 1646.
Monseñor: Doy gracias a Dios por las que él le concede y, por medio de usted, a todas las almas que le ha confiado y a toda la Iglesia en general, y ruego a su divina bondad que le santifique cada vez más.
El señor de Villequier 1 ha hablado maravillas de su señor obispo a la reina y al señor cardenal 2, de forma que, cuando hablan de obispos buenos, tienen costumbre de mencionar a los de Boulogne y Alet 3.
Esto hace, monseñor, que yo crea que usted empleará todos los medios imaginables para conservar ese buen entendimiento entre ustedes dos y, por medio de él, con los que sepan algo de su hospital.
Le he indicado lo que pensaba de esto al buen señor abad de Colugri, que podrá decírselo a usted.
Su última me hablaba de la sobrecarga que usted tiene con el país conquistado 4, y de las dificultades que hay para hacer lo que se debe, teniendo en cuenta las escasas rentas; hablaré de ello con la reina, para que le ayude por otra parte.
Cuando digo por aquí que hace usted la visita con seis personas y un caballo para todos, todos quedan admirados.
¡Qué rico es el obispo que atrae la admiración, no sólo de quienes lo ven, sino de los que oyen hablar de los tesoros de sus virtudes!
Es maravilloso que hasta el mundo publique que es más estimable la santa pobreza de un obispo que vive en conformidad ________ Carta 924 (CA).
— Original en Panningen (Holanda), en casa de los padres de la Misión. 1.
Antonio, marqués de Villequier, luego duque de Aumont, gobernador de la ciudad y del territorio de Boulogne, nació en 1601, mariscal de campo en 1638, lugarteniente general en 1645, mariscal de Francia en 1651, creado duque y par en 1665, murió el 11 de enero de 1669. 2.
El cardenal Mazarino. 3.
Nicolás Pavillon.
Los dos prelados eran conocidos en París.
Habían acudido juntos a las conferencias de los martes y habían dado más de uña 4.
A los españoles.
Esta parte de la diócesis de Boulogne era muy pobre y se había visto muchas veces devastada por las tropas españolas de Saint-Omer, Aire y Renty, que saqueaban las iglesias e incluso las incendiaban 92
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