Carta · tomo III
A UN SACERDOTE DE LA MISION 1
esclavo, sino que cumpla bien con su deber.
Le ruego además que no emprenda ningún negocio, pequeño ni grande, sin comunicárselo a usted.
Y a usted le ruego que haga lo mismo, viviendo los dos con mucho respeto mutuo, con abertura de corazón y plena confianza, como dos personas unidas en Jesucristo.
En este mismo correo le escribo también al padre Guérin, en Túnez, que le escriba algo sobre el método y la manera con que él trata con los pobres esclavos, para que se conforme usted a ello en cuanto sea [posible].
Le escribo con prisas, pues es de noche.
Le pido a Nuestro Señor que sea él cada vez más su luz, su fuerza y su espíritu, y [finalmente su recompensa]. [Soy] en él, con todas las fuerzas de mi alma, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Nouelly, sacerdote de la Misión, en Argel. 937 [896,III,116-118] A UN SACERDOTE DE LA MISION 1 24 noviembre 1646.
He recibido dos cartas suyas, que han redoblado mi dolor, al ver que sigue usted pensando en separarse de nosotros; esto me obliga a seguir también yo indicándole el peligro al que se expone, aunque lo hago con toda la humildad y el afecto de que soy capaz y con un deseo muy grande de su salvación.
Le diré, pues, lo que siento: 1.º Que no veo ninguna razón para pedir dispensa de los votos, y por una sola razón, muy débil, que usted alega, hay otras muchas muy fuertes que me convencen de que debería usted volver.
Está usted delicado, es verdad; pero ¿es suficiente este pretexto para obligar a Dios a que le dispense de la promesa que usted le hizo?
No ignoraba usted entonces que estaba tan ________ Carta 937.
— Reg. 2,290. 1.
Probablemente Tomás Berthe (cf. carta 920, nota 1). 110
sujeto a las enfermedades corporales como los demás hombres.
Y puesto que ya ha dado el paso, ¿le va a desanimar ahora una ligera indisposición? 2.º Su marcha a casa no le curará.
¿Qué remedios podrá emplear usted allí que aquí no tenga?
Esos aires de su tierra no son mejores que los de París, y bien sabe usted que no encontrará en casa de sus parientes más descanso y más socorros que los que tienen nuestros enfermos en la Compañía. 3.º Le ruego que considere la bondad de Dios al llamarle del mundo.
¡Cuántas almas se perderán, al faltarles esta gracia!
¡Y cuánto más merecerán perderse aquellas que hayan menospreciado la gracia recibida! 4.º Muchas veces ha confesado usted mismo que se sentía agradecido a Dios por el beneficio de su vocación; ¿por qué ahora lo rechaza usted? 5.º Dios le ha concedido liberalmente muchos talentos para todos los cargos de la Compañía; al separarse usted, los pueblos y los eclesiásticos se quedarán sin esas ayudas espirituales para las que quizás usted estaba destinado por Dios.
Y aunque piense usted que podrá seguir ayudándoles particularmente, esto no servirá de mucho, ya que le faltará a usted la gracia de la vocación; la experiencia de algunos otros me hace temer esto de usted. 6.º ¡Cuántas victorias perderá usted, si pierde la vocación, ya que con ella podrá usted vencer al diablo, al mundo y a la carne, enriqueciendo al mismo tiempo su alma con la perfección cristiana, por la que los ángeles se encarnarían, si pudieran, a fin de venir a imitar en la tierra los ejemplos y las virtudes del Hijo de Dios! 7.º Quiero creer que a usted le parece que su salida no obedece al motivo que he señalado, aunque tiene usted motivos para pensar lo contrario; pues, si así no fuera, ¿de dónde podría venir un cambio tan repentino?
Porque, cuando salió de aquí para esa casa, estaba usted tan contento de su vocación que yo mismo me sentía muy edificado por ello.
Pero, aunque fuera verdad que ese mal procedía de otra causa y no de ésta, ¿cómo dice usted que yo lo comprenderé en el día del juicio?
¿Qué dirá usted aquel gran día, cuando le pidan cuenta de sus promesas, de las luces que ha recibido y del empleo que ha hecho de su tiempo y de sus talentos?
¿Cree usted que el cuidado de la salud le 111
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