Carta · tomo III
A JUAN MARTIN
y el exterior de otros muchos.
Ruego expresamente a Nuestro Señor que ejecute sus designios en usted y por medio de usted, y que me conceda la misericordia que le pedirán para mí sus oraciones.
Soy en su amor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL, i. s. d. l.
M.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova. 959 [917,III,146-147] A JUAN MARTIN París, 18 febrero 1647.
Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
¡Cómo me consuelan siempre sus cartas!
La verdad es que no sabría expresarlo debidamente.
¡Cuánta razón tiene usted en la descripción que me hace del estado de su alma!
¡Pero bendito sea Dios por el buen uso que hace de todo!
Mientras vivamos en este valle de miserias, aunque fuésemos santos, sentiríamos lo que usted siente; y Dios lo permite, para mantenernos siempre vigilantes en el ejercicio de la santa mortificación y humillación.
Sepamos mantenernos firmes, y Nuestro Señor logrará vencer nuestras pasiones en nosotros y reinará como soberano en nuestra alma y, mediante nosotros, en las almas a cuyo servicio nos ha puesto su providencia.
Mantengámonos fuertes y caminemos siempre por los caminos de Dios, sin detenernos jamás.
¿Y qué quiere que le diga de su santo prelado 1, del que usted me dice tantas cosas?
Lo admiro de verdad y espero que, ________ Carta 959 (CA).
— El original se lo entregó el señor Pedro Marietti en 1886 a los sacerdotes de la Misión de Chieri, en agradecimiento a la hospitalidad que le prestaron durante los ejercicios espirituales que hizo antes de recibir las sagradas órdenes. 1.
El ardenal Durazzo. 136
si Nuestro Señor lo conserva diez años en su Iglesia, renovará toda su diócesis, lo mismo que ha hecho el señor obispo de Alet 2.
Le escribo al padre Blatiron que es de desear que se proponga a ese santo prelado la fundación de las conferencias entre los señores párrocos y demás eclesiásticos del campo.
Espero que, si quiere Nuestro Señor seguir bendiciendo los trabajos de ese santo prelado como lo ha hecho hasta el presente, sobre todo en relación con esa clase de conferencias que el padre Blatiron sabe, por haber sido de los primeros en trabajar en ellas, se conseguirán grandes bienes.
¡Pero, en fin, hay que ir haciendo las cosas poco a poco.
La gracia empieza por poco para ir luego progresando.
Sobre la misión en la ciudad, ha hecho usted bien en indicarle la manera de hacerla.
Le ruego, padre, que le presente de vez en cuando mis respetos y que le pide para mí su bendición, que le pido postrado en espíritu a los pies de Su Eminencia.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde y obediente servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova. 960 [918,III,147-148] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE [Entre 1639 y 1649] 1 Padre: Nada nuevo tengo que decirle de mi salud, pero le aseguro que tengo necesidad de hablar con usted a propósito de las ne________ 2.
Nicolás Pavillon.
Carta 960 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
En 1639 vivía aún sor Bécu (cf. carta 405, t.
I; después de 1649,todas las cartas de Luisa de Marillac a san Vicente empezaban por Mon très honoré Père, y no por Monsieur. 137
cesidades de varias hermanas, antes de tomar ninguna decisión.
Tenemos aquí a la hermana Carlota enferma desde hace tiempo; es la hermana de sor Genoveva, la del Hôtel-Dieu, que también servía allí en la cocina.
Temo que le pase como a la difunta hermana Bécu.
Le han ordenado varias veces la sangría del pie, pero nadie ha podido sacarle sangre.
Si su caridad quisiera enviarnos al hermano Alejandro, quizá él pudiera hacerlo.
Su fiebre es ordinariamente más alta por la tarde que por la mañana.
Las hermanas que están en retiro harán cuando usted quiera la confesión, que no será general en ninguno de los dos casos.
La lorenesa que habló con usted el sábado en el Hôtel-Dieu no encuentra acomodo.
Hace quince días que está en el Hôtel-Dieu para eso.
¿Qué hacemos con ella?
No le mande dinero, por favor.
Le he dicho a sor Genoveva que le mande hacer lo que sea necesario.
A ella no se le ocurre nada mejor que seguir viviendo allí sin hacer nada y ganando dinero.
Veo tanto desorden por todas partes que me siento anonadada; sin embargo, sigo esperando y confiando en la divina providencia con las santas Marta y María.
Soy en el amor del buen Jesús su muy humilde hija y obligada servidora, L.
DE M.
Dirección: Al padre Vicente. 961 [919,III,148-150] A JUAN MARTIN París, último de febrero 1647.
Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí carta suya esta semana, pero no del padre Blatiron que, como está ausente y en medio de grandes ocupaciones, no puede dar abasto a todo.
Admiro ciertamente la atención que tiene conmigo, a pesar del ajetreo de la casa y del seminario, no dejando de darme este consuelo, que ha sido esta vez extraordinario, al hablarme de las bendiciones que quiere seguir conce________ Carta 961 (CE).
— Archivo de Turín, original. 138
diendo Dios tanto sobre los trabajos del padre Blatiron como sobre los suyos, de forma que todo lo que se realiza en él y por él parece un pequeño milagro, y las gracias especiales con que bendice ese mismo Señor su dirección, llenando su corazón de una confianza perfecta en su ayuda, parecen ser el medio de los medios para llevar a cabo su obra con toda felicidad.
Ha encontrado usted el secreto; todo el que no obre con ese espíritu, por más capacidad que tenga, jamás logrará nada consigo mismo ni con los demás.
Así pues, padre, seamos firmes en esa querida confianza en Dios, que es la fuerza de los débiles y el ojo de los ciegos.
Y aunque las cosas no vayan según nuestros deseos y nuestras intenciones, no dudemos de que la Providencia las conducirá adonde es preciso para nuestro bien.
Que las razones que le den no le extrañen lo más mínimo.
Ese buen eclesiástico que ha sido el primero en trabajar en las misiones y que le ha hablado del poco gusto que siente ahora en ello, no mida a los demás por lo que le pasa a él, ni crea que se dedican a este santo ejercicio solamente por complacer al señor cardenal.
Aunque así fuera, Dios no dejaría de sacar gloria de esas intenciones torcidas y se salvarán muchas almas.
Y si ellos llegan a faltar, como sucederá si no miran a Dios, el señor cardenal reconocerá entonces que, para establecer unas bases sólidas, necesita personas que se entreguen a Nuestro Señor para esas tareas, y no ya eclesiásticos del país, que tienen otras pretensiones.
¡Quiera su bondad infinita darnos la gracia de que todas nuestras intenciones tiendan al progreso de su gloria y a nuestro propio anonadamiento!
Soy en su amor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova 139
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