Carta · tomo III
A JUAN DEHORGNY, SACERDOTE DE LA MISION, EN ROMA
986 [945,III,187-188] A JUAN DEHORGNY, SACERDOTE DE LA MISION, EN ROMA 9 mayo 1647.
Confieso que los cargos de superiores de nuestras casas no se cumplen bien; pero esté seguro de que es esto lo que de ordinario les ocurre a las Compañías que nacen y que la de los jesuitas, aparte de los nueve primeros padres y algunos otros, se encontraba en un estado semejante al principio.
La gracia imita a la naturaleza en muchas cosas, haciéndolas nacer feas y poco agradables; pero con el tiempo las va perfeccionando.
¿Quién habría dicho que la escasa ciencia, la pobreza material y la condición rústica de los prelados del primer siglo de la Iglesia hubiera llegado adonde llegó?
¿Y quién habría pensado que nuestra ruin Compañía, que no es más que el aborto de las demás de la Iglesia, lograra hacer lo que Dios ha querido que haga, no sólo en Francia, sino en países extranjeros?
Es un efecto admirable de la bendición que Nuestro Señor les da a nuestros misioneros de Irlanda, de Génova, de Túnez y de Argel.
Pues bien,. como esto se ha hecho por la gracia que Dios le ha dado a la misma Compañía, tenemos motivos para esperar que su divina bondad le dará también los sujetos necesarios para gobernarla.
Si es así, no hemos de juzgar de los designios de Dios sobre ella según los razonamientos humanos, a pesar de que nuestros. espíritus mezquinos nos inclinan a ello. 987 [946,III,188-189] A RENATO ALMERAS París, 10 mayo 1647.
Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le doy las gracias a Dios de que haya llegado usted con perfecta salud y le ruego que le dé su espíritu de gobierno para el de la Compañía de ese lugar.
¡Ay, padre!
¡Cuánto deseo que esté ________ Carta 986.
— Reg. 2,27.
Carta 987.
— Colección del proceso de beatificación 169
lejos de las máximas del mundo y totalmente abandonado en manos de la providencia de Dios!
Cuando a veces pienso en el gobierno de esta humilde Compañía, siento un consuelo muy sensible al ver que ha procurado seguir a esa misma providencia en toda su humilde conducta, de forma que no se apoya ya en esos medios humanos, que no son más que cañas; puedo decirle, padre, que ése creo precisamente que es nuestro peligro; y si la Compañía me cree, nunca obrará de otra manera.
¡Ay, padre!
¡Qué felicidad no querer más que lo que Dios quiere, no hacer más que lo que la Providencia nos va señalando en cada ocasión, y no tener nada más que lo que nos dé su providencia!
El espíritu humano le dirá que las cosas no son en Roma lo mismo que en otras partes, que hay que intrigar, que hay que darse importancia, que hay que distinguirse, que hay que obrar humanamente con los humanos y servirse con ellos de los medios humanos.
No lo crea así, padre; todas esas máximas no sirven para una Compañía que Nuestro Señor ha suscitado, a la que anima con sus máximas y que pretende obrar según su espíritu.
Lo que le digo parece paradójico: pero esté seguro, padre, de que la experiencia se lo demostrará así.
Le escribo al padre Dehorgny y le ruego que se quede este verano con usted, para ayudarle con su asistencia.
Le ruego, padre, que tenga confianza en él, como también en los buenos consejos que le deje el padre Portail.
¿Pero qué digo?
Hago mal en hacerle este ruego, pues sé que, gracias a Dios, es ése su espíritu.
Me gustaría decirle más cosas; pero hace ya casi una hora que me está esperando abajo el señor obispo de Calcedonia 1; por eso acabaré encomendándome, postrado en espíritu a sus pies y a los de la Compañía, a quien, como usted, su divina bondad me ha dado la dicha de ser humilde y obediente servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Alméras, superior de los sacerdotes de la Misión. en Roma. ________ 1.
Ricardo Smith, obispo in partibus de Calcedonia, antiguo vicario apostólico en Inglaterra, adonde había sido enviado por Urbano VIII. 170
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