Carta · tomo IV
A GERARDO BRIN, SACERDOTE EN LIMERICK
enorme en que nos va a meter el señor Plenevaux.
Ya ha pasado el tiempo de la tregua y se acerca el del combate; creo que nos tratará bien; ¡que así sea!
Estamos en manos de Dios y de su providencia, dispuestos a cumplir sus órdenes apenas nos sean conocidas.
¡Quiera Nuestro Señor dárnoslas a conocer cuanto antes!
Todavía no ha llegado el señor arcediano Le Lièvre; al menos, no nos hemos enterado de su llegada.
No puedo menos de extrañarme de ese exceso de guarnición que está cayendo sobre la ciudad de Toul; comparto sus sufrimientos y ruego a Dios que atienda a su pobre pueblo, que nos dé la paz o la fuerza para soportar el peso de su mano.
Abrazo muy cordialmente a su pequeña comunidad, a la que ofrezco muchas veces a Nuestro Señor, así como a su alma de usted, que ya es toda suya y de la que soy, en su amor, su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al padre Delespiney, superior de los sacerdotes de la Misión de Toul. 1267 [1213,IV ,15-16] A GERARDO BRIN, SACERDOTE EN LIMERICK Abril 1650 Nos hemos quedado muy edificados con su carta, al palpar en ella dos maravillosos efectos de la gracia de Dios.
El primero es ver cómo se ha entregado usted a Dios para resistir en el país en que se encuentra, en medio de peligros, prefiriendo exponerse a la muerte antes que dejar de asistir al prójimo.
El segundo, cómo piensa usted en la salvación de sus hermanos, en________ Carta 1267.
— ABELL Y, o.c., II, cap.
I, sec.
VIII, 152. 19
viándolos a Francia para alejarles del peligro 1.
El espíritu de martirio le ha impulsado a lo primero, y la prudencia le ha obligado a hacer lo segundo; ambas cosas han sido sacadas del ejemplo de Nuestro Señor, el cual, cuando estaba a punto de ir a sufrir los tormentos de su muerte por la salvación de los hombres, quiso garantizar y librar a sus discípulos diciendo: «Dejad a estos y no los toquéis» 2 Así es como ha obrado usted, como un verdadero hijo de tan adorable Padre, a quien le doy infinitas gracias por haber producido en usted estos actos de caridad tan soberana, que es el colmo de todas las virtudes.
Le ruego que le llene de todas ellas para que, ejercitándolas en todo tiempo y lugar, pueda usted derramarlas en el seno de quienes carecen de ellas.
Puesto que los demás padres que están con usted se encuentran en la misma disposición de seguir allí, a pesar del peligro real de guerra y de contagio, creemos que convendrá dejarles.
¿Qué sabemos nosotros de lo que Dios les tiene destinado?
La verdad es que no les habrá dado en vano una resolución tan santa.
¡Dios mío!
¡Qué inescrutables son tus juicio!
¡He aquí que, al cabo de una misión de las más fructuosas y quizás de las más necesarias que hemos visto 3, detienes, al parecer, el curso de tus misericordias sobre esa ciudad penitente, para cargar más todavía tu mano sobre ella, añadiendo a las desgracias de la guerra el azote de la enfermedad 4!
Es que deseas cosechar a las almas bien dispuestas y reunir el buen trigo en tus eternos graneros.
¡Adoramos tu voluntad, Señor! ________ 1.
En 1646 habían partido para Irlanda cuatro sacerdotes, dos clérigos y dos hermanos coadjutores.
El hermano Lye, clérigo, y un quinto sacerdote, cuyo nombre no ha llegado a nosotros, les siguieron más tarde.
En 1650 sólo quedaban en la isla Edmundo Barry y Geraldo Brin. (Cf. carta 918 Y A BELL Y, ibíd., 149). 2.
Jn 18, 8. 3.
Se trata de la misión de Limerick, que tuvo un éxito prodigioso.
Casi 20.000 personas hicieron la confesión general y comulgaron.
Los magistrados, tocados por la palabra de los predicadores, tomaron medidas severas contra los que blasfemaban. 4.
Cerca de 8.000 personas murieron de peste, nada más que en la ciudad de Limerick.
El hermano del obispo, que fue a visitar a los enfermos con los misioneros, cayo también víctima de su abnegación (A BELL Y, ibíd., 153). 20
Tomo IV · página PDF 22VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.