Carta · tomo IV

EL PADRE VITET A SAN VICENTE

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Carta
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IV
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61
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que han sido tantas y tantas las almas que se han beneficiado de sus trabajos!

Acogeremos al señor Greneda con respeto y con cariño cuando nos honre con su visita; entretanto le rezaremos a su ángel de la guarda para que acuda en nuestra ayuda, a fin de que podamos recibir a ese buen señor con tantas atenciones como usted recibe en su casa a los siervos de Dios.

Yo no miraré en esto al servicio que él nos pueda hacer, sino lo que le debemos; y si se presenta la ocasión de hacerle algún nuevo favor, lo haré con todo cariño.

¿Cómo no voy a hacerlo?

Creo que ni usted ni el padre Serre me lo perdonarían jamás. 1305 [1249,IV ,61-62] EL PADRE VITET A SAN VICENTE Roma, 22 de agosto d e 1650 Padre Recibí las dos cartas con que me ha querido honrar usted del 15 y del 29 próximo pasado.

En cuanto a la primera, veo que el hermano Bernardo le ha dado ya a conocer, mejor de lo que podría haber hecho yo mismo, de qué manera se ha llevado y concluido su asunto.

Respecto al breve que yo esperaba obtener para el señor obispo de Cahors a fin de impedir los indultos, se me han puesto tres dificultades para su concesión.

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La primera, que el obispo o su vicario general quizás no quieran suscribir el indulto, sin tener una legítima razón para aprobar su repulsa, que podría proceder más bien de cierto odio o aversión del obispo contra el indultario.

La segunda, que esto suscitaría los celos de los demás obispos, que no ponen esas dificultades; de ahí podría derivarse algún desorden, que no habría por qué temer si toda la asamblea del clero, o al menos unos cuantos obispos, hicieran esa petición.

La tercera es que la concesión de ese breve haría desconfiar a los que obtienen indultos.

Aunque esas razonas justifican hasta cierto punto la negativa, sin embargo la razón principal, que no ha querido decir, ________ Carta 1305. (CA).

— Original en el obispado de Cahors. leg. 45. 61

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es el interés de esta corte, que perdería algunas prácticas por la concesión de ese breve.

Le he comunicado todo esto al señor obispo de Cahors hace ya algunos días y estoy esperando pronto su respuesta, sin la cual no es posible actuar por ahora.

Por lo que se refiere a nuestro asunto, he aquí lo que hemos hecho desde que le escribí mi última carta.

Apenas el señor obispo de Cahors me envió el breve de apelación que le habíamos pedido en contra de la sentencia del señor abad de Grosbois, me confirmé por la lectura del mismo en el sentimiento del banquero que nos había servido en esta corte, y desde entonces trabajamos no sólo en conseguir que lo corrigieran, sino incluso en obtener uno nuevo con una verdadera exposición, aunque un poco más larga.

Esta mayor amplitud hizo que lo rechazaran, de forma que me vi obligado a corregir la exposición del anterior.

Y como el procurador general de Santa Genoveva 1 en esta corte había hecho revocar a nuestros comisarios, me aconsejé aquí de lo que había que hacer y, antes de poner en práctica el consejo que me habían dado, recibí la respuesta del señor obispo.

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En resumen, aquí han creído necesario que era preciso desistir de momento de la revocación del breve obtenido por el procurador de Santa Genoveva, y lograr únicamente que se expida el nuestro, sin otra fecha nueva, y cambiar algunos de los primeros comisarios que habíamos pedido, que eran el señor obispo de Chartres o su vicario, el señor deán de Nuestra Señora de París y el señor oficial de Saint-Germain-des-Prés.

He cambiado a este último y he pedido en su lugar al general de la congregación de San Mauro.

Me lo han rechazado.

Me rechazaron luego al señor obispo de Utica 2.

Entonces no tuve más remedio que hacer dirigir el breve a los señores deán de París, arcediano de Chartres y oficial de Sarlat.

No sé con seguridad si todo esto le parecerá bien al señor obispo de Cahors; creo que sí, puesto que hemos hecho lo que hemos podido.

Sé que el oficial de Sarlat está más allá de las tres dietas y que, por consiguiente, no puede ser juez, a no ser que estuviera en París; pero puede subdelegar en algún eclesiástico de París, constituido en dignidad, para ejecutar la comisión; esta ________ 1.

El padre Guérin 2.

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Pedro de Bertier, coadjutor de Montauban. 62

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