Carta · tomo IV

LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE

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Carta
Tomo
IV
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tanto más cuanto que anda con dificultades para pagar las pensiones y para podernos ayudar.

Ya sabe usted que estamos debiendo grandes sumas por esta casa y que tenemos que pagar alrededor de mil escudos todos los años en intereses al señor abad Lucas y a otras personas.

Y sin embargo nos dice usted que no puede enviarnos nada para pagar sus cargas.

¿Cómo es que puede entonces tener casi siempre obreros levantando paredes, construyendo, quitando, derribando, moviéndose por todas partes, y que gastan mucho dinero en jornales y material?

Me dirá usted que las fincas están amenazando ruina y que necesitan reparaciones.

Sí que es verdad todo esto, por desgracia.

Pero no es en eso en lo que tiene usted que trabajar, sino en la casa, que no tiene tantas necesidades.

Por tanto, habrá que decidirse a acabar con sus preocupaciones por esas granjas y pedir cuanto antes permiso para vender la leña y atender a los gastos que habrá que hacer.

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¡Dios nos conceda la gracia de contribuir al buen orden de todo, de emplear bien los pocos medios que Dios nos da y al mismo tiempo de practicar la santa pobreza! 1489 [1425,IV ,274-275] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE Día de santa Catalina 1 1651 2 Mi venerado padre: No he podido encontrar ningún papel referente a la fundación; me acuerdo que un día 3 su caridad hizo el favor de leernos la solicitud que había presentado al señor arzobispo de París, en la que se incluía nuestro reglamento; pensando que deberíamos conservarla, se la pedí.

Creo que el motivo que impidió que nos quedáramos con ella, fue que todavía quedaba alguna otra cosa por hacer.

Mi miseria y el conocimiento de la resistencia que ofrezco a las gracias de Dios sobre esta compañía me hace pensar muchas ________ Carta 1489 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

El 25 de noviembre. 2.

Fecha añadida al dorso del original por el hermano Ducournau. 3.

El 30 de mayo de 1647. 265

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veces que, para la consolidación de la misma, sería de desear que otra ocupase mi lugar para que, sirviendo de ejemplo con sus virtudes y la observancia de las reglas, formase a todas las hijas de la Caridad en las buenas costumbres; al no ser así, me parece muchas veces que es por eso por lo que la Providencia retrasa su establecimiento.

Las razones que me hacen dudar con frecuencia de si Dios quiere este establecimiento, o dejar que siga adelante la obra hasta que se deshaga ella misma por los desórdenes particulares, son en primer lugar la muerte prematura de tantas buenas personas, que podrían sostenerla vigorosamente.

Otra razón es que las hermanas, al verse ya establecidas, se elevarían muy encima de lo que son y se mostrarían orgullosas en sus tareas.

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Otra tercera o cuarta razón es la experiencia que tenemos de que ya se han salido tres o cuatro con deseos de casarse y, por consiguiente, han concebido esas ideas en la compañía, a la que muy fácilmente podrían llevar a la impureza, que es un crimen que destruiría completamente a la compañía, si se asentara en él, ya que la compañía debe establecerse bajo el título de honrar a Nuestro Señor y a la santísima Virgen, que son la misma pureza.

La última razón son los defectos particulares de las hermanas, su poco progreso en la perfección, especialmente en la mortificación de los sentidos y de las pasiones.

Lo que nos puede hacer pensar que Dios quiere el establecimiento de la compañía es la bondad de la obra en sí misma y las bendiciones que su misericordia le ha concedido hasta el presente; la Providencia con que la va formando en todas sus partes, la libertad que tienen los superiores para apartar de la compañía a los sujetos que podrían estropearla, y especialmente la libertad que cada una tiene en particular para marcharse.

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Otro motivo que puede hacernos creer que Dios quiere su establecimiento es que, como lo principal del bien temporal se refiere a otra obra que podría desearse en el futuro y podrían encontrarse varias razones para proponer su destrucción general, de ese modo la gloria que Dios quiere quizás sacar acabaría antes que sus designios, si hubiéramos sido fieles a ellos. 266

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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