Carta · tomo IV
A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN
1493 [1429,IV ,280-281] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN ¡Ay, padre!
¡Cuánto consuelo siento al pensar en usted, que es totalmente de Dios, y en su vocación, que es verdaderamente apostólica!
Estime, pues, ese pequeño regalo que le ha venido encima y que deberá atraer sobre usted una infinidad de gracias, con tal que se muestre siempre fiel al uso de las primeras.
Sin duda tendrá usted mucho que combatir, ya que el espíritu maligno y la naturaleza corrompida se aliarán entre sí para oponerse al bien que piensa usted hacer; le harán parecer las dificultades mayores de lo que son y harán todo el esfuerzo posible para convencerle de que la gracia le faltará cuando sea necesario, a fin de abatirle y desanimarle; quizás incluso lo hagan quienes usted considera que son sus mejores amigos, y que deberían más bien sostenerle y consolarle.
Si así ocurre, padre, debe usted tener ánimos y considerarlo como una buena señal, ya que por este medio podrá usted parecerse más a Nuestro Señor que, al estar agobiado de dolores, se vio abandonado, renegado y traicionado por los suyos, y como desamparado por su propio padre.
¡Qué dichosos son aquellos que llevan amorosamente su cruz, siguiendo a tal Maestro!
Recuerde, padre, y créalo firmemente, que aunque venga sobre usted lo peor, nunca será tentado por encima de sus fuerzas, y que Dios mismo será su apoyo y su virtud, tanto más perfectamente cuanto menos confíe y se refugie usted en nadie que no sea él.
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