Carta · tomo IV

A FELIPE LE VACHER Y AL HERMANO JUAN BARREAU

Tipo
Carta
Tomo
IV
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Congregación y dependan del colegio de Propaganda de Roma.

Si esta obra es de Dios, haríamos muy mal en impedirla; y si no lo es, Dios la destruirá cuando le plazca.

En cuanto a nosotros, hemos de desear que todo el mundo profetice y que los obreros evangélicos se multipliquen.

Por lo que a mí respecta, creo que éste es un buen medio para ello, y por eso deseo con todo mi corazón que tenga éxito.

Por muchos obreros que haya en la Iglesia de Dios, nunca nos faltará trabajo, si le somos fieles.

El padre [Le Vazeux] sospecha de todo; tiene ideas que van demasiado adelante y toma precauciones que no serían necesarias.

Hay que confiar en Dios, dedicarnos a nuestras tareas y encomendar todo lo demás a la Providencia.

Esto es lo que le he dicho.

Y como insiste en pedir una ampliación de nuestra bula para poder trabajar en las aldeas y en los países de infieles, le he pedido que suspenda esas propuestas y que espere nuestra decisión. 1554 [1487,IV ,364-366] A FELIPE LE VACHER Y AL HERMANO JUAN BARREAU [1652] 1 He sabido la concordia y la íntima caridad que reina entre ustedes.

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He bendecido muchas veces a Dios por ello y le bendeciré siempre que me acuerde, pues mi alma se ha sentido muy impresionada por el reconocimiento de un bien tan grande, que alegra el corazón del mismo Dios, sobre todo porque de esa unión él hará que se deriven grandes resultados para el progreso de su gloria y para la salvación de un gran número de almas.

En nombre de Dios, hagan por su parte todo lo que puedan por ir haciéndola cada vez más firme y más cordial hasta la eternidad, acordándose de la máxima de los romanos, que ________ Carta 1554.

— ABELL Y, o.c., II, cap.

I, sec.

VII, art. 2, 100. 1.

Esta carta parece ser de los primeros tiempos de la estancia de Felipe Le Vacher en Argel; tiene que ser algunos meses posterior a la carta 1500. 344

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por la unión y el consejo todo se consigue.

Sí, la unión entre ustedes hará que tenga éxito la obra de Dios, y nada podrá destruirla tanto como la desunión.

Esta obra es el ejercicio de caridad más elevado que hay en la tierra, aun cuando sea el menos buscado.

¡Dios mío!

¡Ojalá tengamos un poco más de vista ante las ocupaciones apostólicas, para apreciar infinitamente nuestra felicidad y para corresponder a los deberes de esta condición!

Bastaría con diez o doce misioneros con estas ideas para conseguir frutos increíbles en la Iglesia.

He visto el asalto que la carne y la sangre han dado contra ustedes; era necesario que ocurriera eso; el espíritu maligno tenía que procurar no dejarles sin combate.

¡Bendito sea Dios que hayan permanecido ustedes firmes contra esos ataques!

El cielo y la tierra miran con agrado esa feliz herencia que les ha tocado, la de honrar con sus trabajos esa caridad incomprensible con que Nuestro Señor bajó a la tierra para socorrernos y asistirnos en nuestra esclavitud.

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Yo creo que no hay ningún ángel y ningún santo en el cielo que no les envidie esa suerte, en la medida en que se lo permite su estado glorioso; y aunque yo soy el más abominable de los pecadores, le confieso sin embargo que, si pudiera, también les envidiaría.

Humíllense mucho y prepárense a sufrir por parte de los turcos, de los judíos y de los falsos hermanos.

Ellos podrán molestarles, pero les ruego que no se extrañen de ello, porque no les harán ningún daño más que el que Nuestro Señor permita que les hagan; y todo lo malo que les venga de ellos no será más que para hacerles merecer algunos especiales favores con que él desea honrarles.

Saben ustedes que la gracia de nuestra redención debe atribuirse a los méritos de su pasión, y que cuanto más obstáculos encuentran los asuntos de Dios, mejor resultan, con tal que no fallen nuestra resignación y nuestra confianza.

Raras veces se consigue algún bien sin esfuerzo; el demonio es demasiado sutil y el mundo está demasiado corrompido para no esforzarse en apagar una buena obra desde su misma cuna.

Pero ¡ánimo, amigos míos!

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Es Dios mismo el que les ha colocado en el lugar y en el cargo que ocupan; si su finalidad es darle gloria, ¿qué pueden temer ustedes?; o mejor dicho ¿qué es lo que no podrán esperar? 345

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